24 de enero 2019 - 00:01

El renovado ímpetu de Wall Street empuja el fuerte rebote de los activos locales

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El arranque del 2019 activó a nivel global repentinamente el ¨risk-on¨, con Wall Street actuando como locomotora, lo cual contagió de inmediato a todas las plazas financieras mundiales, entre ellas y con una mayor fuerza a las emergentes que venían además fuertemente castigadas durante el año pasado.

No ajeno a dicho favorable contexto externo es que los activos domesticos de inmediato pudieron acoplarse, más cuando sus valuaciones lideraban los caídas sufridas durante el 2018 tanto por las condiciones macroeconómicas como por las indiscriminadas ventas desde el exterior que se aceleraron.

Así es que las acciones y los títulos públicos registran muy fuertes apreciaciones en lo que va del año, marcando incluso un claro ¨outperformance¨ aun dentro de los emergentes a raíz de la adversa posición técnica que venían sufriendo en los últimos tiempos.

Esta dinámica permitió reducir unos 150 pb. el riesgo país, a pesar de lo cual aún está en elevados niveles de alrededor de 680 pb. que harían poco conveniente por ahora el regreso al financiamiento voluntario, aún cuando algunos países ya pudieron volver a emitir.

Más allá de que el clima externo, favorecido en especial por una Fed más ¨dovish¨ que podría mantenerse en pausa por un mayor tiempo ante algunas señales de desaceleración económica y menores presiones inflacionarias, los activos domésticos también usufructuaron la continuidad del escenario de mayor calma cambiaria que luce como una condición necesaria para la recuperación del apetito por riesgo local.

Ocurre que el dólar continúa arrastrándose por la banda inferior, hasta incluso determinó compras por parte del BCRA a raiz de ubicarse durante algunas jornadas incluso por debajo, y ello sigue alentando apuestas de ¨carry-trade¨ que buscan capturar las aún elevadas tasas en pesos.

Ello se debe a que el descenso en la tasa de la Leliq, actualmente en torno al 57%, continúa siendo muy gradual dado que se apunta a restringir la expansión de la base monetaria - y además tienen como contrapartida depósitos - a fin de seguir desacelerando la inflación, tal como sucedió en los últimos meses.

La contracara de dicha dura política monetaria es la debilitada actividad económica, cuyo repunte podría demorarse y resultar además más tímido ante tales desafiantes condiciones financieras, pero aún así las autoridades privilegian la calma cambiaria y la desaceleración de la inflación en un año de elecciones.

En los próximos meses el tiempo de la conformación de las fórmulas electorales y las encuestas irán ocupando el centro de la escena para la toma de decisiones, lo cual podría abrir espacio a un período de mayor volatilidad doméstica y ello inclinar a los operadores a una mayor dolarización de las carteras.

Frente a ello, y los múltiples desafíos que aún representa el cumplimiento de las exigentes metas fiscales del FMI, los inversores no deberían inclinarse agresivamente por posicionamientos en pesos, sólo por aquellas necesidades corrientes proyectadas a corto plazo, dado que la pulseada tasa vs. dólar tiene todavía un final abierto en un año seguramente volátil a nivel local y también internacional.

De dicha manera es que más allá del rebote externo, que ha contagiado a las plazas emergentes y ha podido ser capturado satisfactoriamente por los activos domésticos, lo cual debe ser valorado dado que anteriormente no sucedía por los ruidos internos, los inversores no deberían abandonar la hoja de ruta de este año caracterizada por la prudencia, la continua atención a los mercados y la selectividad.

Así es que deberían continuar privilegiando títulos públicos en dólares muy cortos, ¨garantizados¨ por los desembolsos del FMI, y reservar para aquellas apuestas a un mayor plazo selectivamente a bonos corporativos de sólida calidad crediticia como Pan American 2021, Tecpetrol 2022 y Arcor 2023.

También aún resulta conveniente mantener mayores niveles de liquidez en dólares - de alrededor del 20% - a los habituales en busca de estar listos a aprovechar las oportunidades, tanto tácticas como estratégicas, que podrían volver a presentarse frente a un renovado clima de mayor volatilidad.

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