18 de octubre 2005 - 00:00

Cambia...,¿todo cambia?

Las especulaciones acerca del escenario poselectoral y, yendo apenas un poco más allá, acerca del escenario 2006-2007 están a la orden del día. Dentro de tales especulaciones, la pregunta más recurrente es si tendremos «otro Kirchner» en la segunda mitad de su mandato. Esto es, un presidente más ocupado de implementar políticas que hacen a los beneficios de largo plazo y menos preocupado por los costos de corto plazo que tales políticas podrían traerle aparejadas.

Pero ¿existe algún hecho o dinámica que pueda «gatillar» dicho cambio? ¿Puede la dinámica política o la dinámica económica generar un cambio del marco de política económica que la Administración Kirchner ha venido aplicando hasta aquí? Veamos.

• La política poselecciones

Las posibilidades de que la dinámica política pueda cambiar la combinación de políticas actualmente vigente son reducidas. Un cambio del Presidente no parece probable luego de la victoria que auguran las encuestas: ¿para qué cambiar si la combinación actual de políticas le permitió alzarse con la victoria y con votos que le son propios (sin ninguna discusión) y que antes no tenía?

Cabría preguntarse, sólo como especulación (a juzgar por las encuestas) qué podría suceder si la victoria no es digna y la lectura del lunes deja el sabor a derrota (porque la diferencia de votos es ajustada, o más ajustada que la esperada). En tal caso, las condiciones tampoco serían las ideales para impulsar un cambio por cuanto la Administración Kirchner debería ocuparse de cómo asegurarse gobernabilidad y no parece que pueda lograrlo intentando algo distinto de lo que ha venido haciendo hasta aquí. Además, la mayor parte de la sociedad no luce interesada en que se produzca tal cambio. Entonces, tanto si logra un triunfo o una derrota (entendida como un resultado no todo lo positivo que el Presidente y su entorno esperan) dentro de dos semanas, las posibilidades de que la Administración Kirchner se incline hacia políticas menos preocupadas por la equidad y más preocupadas por la eficiencia lucen a priori bajas. Sin «convicción» ni «obligación» en el terreno político, un cambio de la política económica luce como una posibilidad lejana.

• La economía poselecciones

La combinación de un menor ritmo de crecimiento y una tasa de inflación más alta seguirá caracterizando la economía en los próximos trimestres. Al mismo tiempo es de prever cierto deterioro de la situación fiscal tanto al nivel de la administración nacional como de las administraciones provinciales (hecho que ha caracterizado la evolución de las cuentas públicas de los últimos tres trimestres), como consecuencia de la inercia que muestra el gasto público y el incremento de las obligaciones de deuda. Si bien este escenario pondría en evidencia que lo mejor quedó atrás, no estamos previendo que la economía entre en terapia intensiva, para que ello suceda se debiera producir algún shock importante (una combinación de un escenario internacional sin «viento de cola» y una restricción energética más palpable). Pero en cualquiera de los casos, que exista alguna posibilidad de que la dinámica económica pueda cambiar la combinación de políticas actualmente vigente depende de qué respuesta le demos al siguiente interrogante: ¿el objetivo de mejorar la distribución del ingreso en el corto plazo es una mera declamación para la tribuna o es un objetivo que forma parte de las convicciones de la Administración Kirchner (lo lleva en la sangre)?

En la Argentina de los '00, la economía no está en condiciones de alcanzar el objetivo de una distribución del ingreso que favorezca a los sectores de menores ingresos. Estos sectores sólo poseen como recurso productivo su capacidad de trabajo, y en una economía como la argentina, donde el trabajo es un factor abundante (y el capital es un factor escaso) la distribución del ingreso será desfavorable a los poseedores del factor abundante y favorable a los poseedores del factor escaso (el capital). Y el único atajo disponible para favorecer una distribución del ingreso más equitativa es haciendo uso (y abuso) de todo tipo de medidas que involucran diferentes grados de intromisión al funcionamiento transparente del sistema económico. Esto es, se recurre a impuestos distorsivos, subsidios, acuerdos de precios y congelamientos de tarifas. Todos recursos que pueden producir en el corto plazo una situación de alivio en materia distributiva pero que, lejos de significar una solución definitiva, tienden a empeorar el problema de fondo.

La intromisión del Estado y las distorsiones que ello provoca condicionan claramente las expectativas y, consecuentemente, la llegada de inversiones de mediano/largo plazo. Dichas inversiones resultan imprescindibles para recomponer el equilibrio entre la dotación de factores de producción (capital y trabajo) y, por ende, para restablecer una distribución del ingreso que resulte más favorable a los sectores de menores ingresos. La preocupación de las autoridades por aumentar la inversión es entonces funcional al objetivo de mejorar la distribución del ingreso.

En otras palabras, si el stock de capital por trabajador ocupado no aumenta, lo cual requiere de una tasa de inversión más elevada, la distribución del ingreso no puede mejorar. De hecho en los últimos trimestres la distribución del ingreso ha empeorado, inflación de por medio, a pesar de los aumentos salariales conseguidos por varios sectores. Pero, para recuperar la inversión, se requiere más que buenas intenciones. Hay que tratar de seducir al capital con marcos jurídicos más transparentes y estables y sin amenazas.

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