Castro empieza a tener heredero
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Petróleo, inflación y Fed: el verdadero frente de la guerra entre EEUU e Irán
A todo tipo se agrega ahora una incipiente formulación internacional que se bosqueja como la alternativa al ALCA y que se nutre en partes iguales de antinorteamericanismo y de poder de venta de petróleo a precios (supuestamente) más ventajosos. Desde los EE.UU. se ayuda bastante a esta consolidación de alianzas que por ahora congrega a Cuba y Venezuela, pero para la cual el comandante Ortega, desde Nicaragua, anuncia que está pronto si le favorecen las urnas. La peregrina idea del Sr. Robertson de que sería conveniente mandar matar a Chávez no sólo es una inmoralidad y un disparate, sino que ha servido para justificar todos los anuncios que el presidente venezolano se ha encargado de efectuar y que ahora confirman su condición de perseguido por los yanquis, veta de mucho rinde en Iberoamérica. Las tratativas para formar la unión bolivariana de naciones ya están en curso. A estar a sus promocionadores se basan en el petróleo de Venezuela y la preparación de médicos que Cuba puede ofrecer. No es mucho, pero tampoco es desdeñable, dado que sobre esas bases se puede imaginar un tinglado voluntarista de salud y prosperidad muy a la moda de los populismos que se quieren alentar. Las ventas de petróleo a plazos no son dádivas ni mucho menos, muchas veces van atadas a la utilización de los créditos generados en inversiones en el país comprador del combustible, como es el caso del Uruguay. Los médicos formados en la isla seguramente serán de ayuda para el combate a la enfermedad en algunos países de América, en los que la salud verdadera y permanente va de la mano de un desarrollo económico que las ideas socialistas no hacen sino postergar.
La alianza de países puede tener un ángulo de análisis interesante si pensamos en lo que podría ocurrir en Cuba cuando se produzca la desaparición de Castro, en la medida que -en virtud de estas alianzas- pueda ser sucedido por el propio Chávez al frente de una nueva unidad política supranacional. Si alguien lo considera demasiado imaginativo, baste con recordar la creación de la República Arabe Unida (Egipto, Siria y Libia) tan cara al nacionalismo del Cercano Oriente. Es oportuno recordar que uno de los personajes preferidos del presidente Chávez es Nasser...
Se trata de un fenómeno político nuevo, lleno aún de interrogantes, entre ellas la de cuál será la suerte electoral de Chávez en las contiendas que se avecinan, aunque todo hace suponer que ante una oposición deshilachada, logrará prevalecer. Lo que ocurra en Venezuela es, por supuesto, asuntode los venezolanos y sólo a ellos corresponde decidir su destino. Lo que alarma y viola los principios de no intervención es la expansión de la influencia en el resto de los países. Técnicamente se trata de negocios y acuerdos perfectamente legales, máxime cuando son bilaterales, basados en el mutuo consentimiento. ¿Dónde termina el negocio y dónde comienza el compromiso de otro tipo? Difícil la respuesta para esta etapa tan atípica de nuestra historia continental. Lo que sí es cierto es que Fidel, por ahora, parece tener la última palabra en su larga aventura. Y logra la continuación de su empeño en forma vicaria pero al parecer eficaz. Hay alguien encargado de apacentar el rebaño populista...




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