"China está abriendo el paraguas"
El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»- para quien China, con el lanzamiento de su propio paquete fiscal contra la recesión, «revela que se hace cargo de su cuota de responsabilidad». Además, advirtió que la ayuda extra para AIG y lo que ocurre con las automotrices demuestran que «nunca se termina de despejar el escenario dos días seguidos».
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P.: La señal que transmite no deja de ser positiva. Se percibe un compromiso de movilizar el músculo fiscal para hacerle frente a la crisis. En todo el mundo.
G.G.: Eso está dentro de las previsiones. Y China está mejor posicionada que nadie para aplicar un impulso vigoroso. Tiene sus cuentas externas en superávit, abundantes reservas internacionales, no enfrenta dificultades fiscales, la deuda pública no supera 20 puntos del PBI y su inserción internacional es creciente. Puede soltar amarras sin correr riesgos indebidos.
P.: ¿Cuánto incentivo se derramará fuera de China?
G.G.: La caridad bien entendida empieza por casa. Los programas que se aprueben en todos los países van a tratar de mantener el mayor rédito fronteras adentro.
P.: China no es la excepción.
G.G.: Es un programa de dos años focalizado en la infraestructura, los servicios básicos y la vivienda popular. Amén de apuntalar la reconstrucción de las áreas afectadas por grandes desastres.
P.: Está diseñado para asegurarse que el estímulo se ejecute. Veo que no incorpora recortes impositivos. Se concentra en el mayor gasto.
G.G.: Hay un renglón de rebajas en el Impuesto al Valor Agregado que está pensado para beneficiar a la industria. Pero es un componente pequeño. No llega a ser 4% del total. Y el paquete se complementa con un levantamiento de los límites crediticios de la banca.
P.: Es todo demanda interna.
G.G.: Casi todo. Pero la mejora en la infraestructura y la reducción de impuestos sirven también para la plataforma exportadora. Y otro tanto puede decirse del relajamiento crediticio o de la devolución de impuestos a la exportación, que son medidas que ya se tomaron. Pero, en esencia, es una iniciativa que se alinea con lo que el mundo le venía pidiendo a China. No es casual que se anuncie tras la reunión del G-20. China está desplegando su contribución. Revela que se hace cargo de su cuota de responsabilidad.
P.: Occidente le pedía que cambiara el eje de su crecimiento. Que pasara de basarse en las exportaciones netas a desarrollar su mercado interno.
G.G.: Tal cual. La respuesta denota realismo. Las autoridades precisan que la economía crezca a tasas elevadas para absorber la expansión de su fuerza laboral. En el margen, en esta coyuntura penosa, será más fácil alcanzar ese objetivo si se impulsa el gasto doméstico.
P.: El mundo ansiaba ese giro porque entendía que se iba a beneficiar del derrame.
G.G.: Así debiera ocurrir. A menos que se impongan trabas comerciales.
P.: De lo que no hay constancias.
G.G.: Todos saben que ese camino es el que más rápido conduce a la depresión mundial. Nadie importante ha sacado todavía los pies del plato.
P.: Es una solución constructiva. No se auxilia al mercado interno clausurando las puertas de acceso, lo que generaría represalias, sino volcando allí más gasto público. O rebajas de impuestos. Lo que sí es admisible.
G.G.: Lo interesante del caso chino es que su moneda es una de las pocas que se aprecia con respecto al dólar y, en estas circunstancias, también lo hace, y con mucha fuerza, en relación con las demás divisas. Esa valorización cambiaria debería canalizar una parte del estímulo hacia el exterior.
P.: Los mercados de materias primas respondieron con entusiasmo. ¿Se justifica? ¿Les está arrojando China un impensado salvavidas?
G.G.: Es una buena noticia. Pero todos saben ya que no hay un atajo para esquivar las penurias. La teoría del desacople, la tesis de que China y la India rescatarían al mundo, se fue a pique. Y no hay grúa, en estos momentos, que pueda devolverla a la superficie.
P.: No será una salvación, pero luce como una ayuda oportuna.
G.G.: No perjudicará. Desde ya. Aunque hay que reparar también en que China redoblará sus esfuerzos por fortalecer su autoabastecimiento de materias primas.
P.: Fuera de las cotizaciones de las materias primas que retienen sus avances, el resto del mercado volvió a desinflarse y se bambolea peligrosamente. No hay descanso que dure más que un suspiro. Ni siquiera el anuncio de China alcanza para sostener el alza durante una rueda completa.
G.G.: Hubo que rescatar al programa de rescate de AIG. Y la presión se multiplica para que el gobierno proceda al salvataje de Detroit. Nunca se termina de despejar el escenario dos días seguidos.
P.: ¿Usted qué piensa? Me refiero a AIG y a las tribulaciones de las automotrices. ¿Habrá que subirlos a la balsa del gobierno?
G.G.: Lo de AIG es el anuncio de un hecho consumado. Es lo más parecido a un agujero negro que hayamos visto en persona.
P.: Recuerda a la banca japonesa de los 90. Nunca se termina de barrer la basura. Uno se da vuelta y aparece más.
G.G.: La pregunta que se debe hacer el gobierno es simple. ¿Puedo dejar que tropiece? ¿O será peor y más costoso?
P.: La respuesta es obvia: no. ¿Valdrá lo mismo para General Motors o Ford?
G.G.: Todavía no hizo faltacontestarla. Pero, en la medida que están quemando el efectivo remanente (y con las ventas en caída libre), los tiempos se acortan.
P.: Me temo que la respuesta no sea muy diferente.
G.G.: Por eso la gente de Obama -Nancy Pelosi y Henry Reid, el fin de semanasalió a presionar al gobierno. Es otro vaso de licor amargo que deberá tomar la administración Bush antes de retirarse. Contará al menos con el visto bueno de Obama.




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