El país está moribundo de instituciones. La gente quiere que rueden cabezas y el señor K «la tiene clara»: ninguna gestión y todo impacto. La puesta en escena del «Plan Nacional de Seguridad» a mí me trajo la máxima inseguridad. ¿Terminará con la impunidad, o serán impunidades tuertas como los derechos humanos? ¿Esta destrucción de instituciones es por ignorancia o por ideología? Nadie quería a Nazareno en la presidencia de la Corte, pero reemplazarlo por Zaffaroni suena lindo por calidades jurídicas, pero suena feo cuando uno lee el fallo del 2 de abril de 1989:
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1- La «fellatio» no constituye en nuestro Código Penal, el denominado «accoso carnal», debiendo encuadrarse el caso como abuso deshonesto.
2- Resulta excesivo aplicar el máximo de la pena por el delito de abuso deshonesto en perjuicio de una menor de ocho años, si se trata de un hombre joven y padre de familia, que sufrirá graves consecuencias en el plano familiar y laboral, además del social, si no causó daños físicos a la menor y el único hecho imputado -introducción del miembro viril en la boca-se consumó a oscuras, lo que reduce el contenido traumático de la desfavorable vivencia para la menor, no cabiendo dudas que la penetración bucal no es dolorosa. 4399-C.N. Crim. y Correc. Sala VI, abril 26-989.
Lo grave de Zaffaroni es que como garantólogo de los delincuentes tiene más en cuenta al joven padre de familia que le introduce el pene en la boca a la chica de ocho años, que las consecuencias psicológicas de la víctima, y se ampara sórdidamente en que la penetración bucal no es dolorosa. ¿No le indigna que un juez así pensante esté en la Corte? En estos tantos años que él declara de total impunidad, ¿dónde estaba el Presidente, o Santa Cruz es una «Nación aparte»? ¿No pertenece el señor K desde siempre al peronismo que gobernó el país gran parte de los últimos 60 años? ¿No es responsable de ninguna impunidad? ¿Fueron «los otros»? Nos darán una seguridad de «ciencia ficción», pero como dice Moria Casán: «Si querés llorar... ¡ llorá!». Y si él quiere inventar el «odio»... ¡Que odie!... Para eso 22 de cada 100 argentinos lo votó.
P.D.: ¿Construye poder o construye odio? La próxima generación contestará esta pregunta.
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