Cómo vivir en un mundo que se ha vuelto plano
-
YPF: el triunfo de la "Mala Praxis", expuesta en lenguaje de mercados
-
La guerra no tiene fin, la tregua de Trump no apacigua a Wall Street y la corrección es un hecho
Hasta las edades (que hasta ahora suponían «diferencias de experiencia» difíciles de superar, normalmente a favor de los mayores por cierto) y las jerarquías se han emparejado sustancialmente en función de la informática y las comunicaciones. Este cambio, por su profundidad, está haciendo emerger toda una nueva estructura social, política y empresaria, lo que muchos aún no han advertido.
• Fuerza de cambio
El capítulo más apasionante del libro es probablemente el segundo, dedicado a explicar cómo la convergencia de diez acontecimientos políticos, innovaciones y empresas parece haber cambiado la estructura de todo.
La primera fuerza de cambio apareció con la simultánea caída del Muro de Berlín y la irrupción del mundo de Windows, desde las computadoras. Mientras el balance de poder del mundo se alejó definitivamente del autoritarismo, IBM, Steve Jobs y Bill Gates nos permitieron acceder fácilmente al pasado desde nuestras computadoras, las que -a la vez-nos permiten predecir con más exactitud cuál puede ser nuestro futuro. La caída del comunismo, sistema ideal para igualar en la pobreza, fue acompañada entonces por la explosión de la economía de mercado, mecanismo sin par para crear riqueza.
La segunda es la aparición de la «red», que nos permite comunicarnos cibernéticamente, en tiempo real, como nunca hasta ahora. Este milagro ha derribado fronteras y eliminado distancias. Friedman nos describe con lujo de detalles cómo desde el sector privado nació y creció la «red» que hoy -para muchos- forma parte integral de nuestras vidas.
La tercera fuerza es el poder, siempre creciente, del «software», que nos permite utilizar la computación en programas y aplicaciones novedosos que -mejorando sin cesar- disminuyen costos y simplifican la vida.
La cuarta es la colaboración, muchas veces generosa, entre actores del sector privado, que nos acerca constantemente a más y más fuentes de conocimiento permitiéndonos, por ejemplo, acceder fácilmente desde nuestras computadoras a las bibliotecas y centros del saber más importantes del mundo.
La quinta es la fuerza del llamado «outsourcing», el milagro que transformó a la India de una economía burocrática y pesada en un centro de excelencia científica y en un proveedor eficiente de servicios a bajo costo, que está motorizando una de las transformaciones económicas más extraordinarias de nuestros días. Friedman describe cómo algunos fracasos, con el tiempo, se transforman en oportunidades y relata cómo la amenaza que en su momento bautizáramos como Y2K se transformó en el arranque imparable de un sector de avanzada de la economía de la India. La sexta es el « offshoring», que permite dividir los procesos productivos, buscando las ventajas relativas en materia de costos en cualquier rincón del mundo. Lo que obliga a todos a adaptarse y competir, para no quedar irremisiblemente atrasados y perder prosperidad.
La séptima es la revolución de Wall-Mart, esto es la de la rebaja incesante de costos en la cadena de proveedores, reflejada luego en el precio del producto final. La octava es la evolución fascinante generada por la empresa de transporte UPS, que entre otras cosas hoy opera 270 aeronaves que vuelan a lo largo y ancho del mundo y la transforman en la onceava empresa aérea comercial del globo. UPS testimonia una revolución en el capítulo de la logística que se alimenta incesantemente a sí misma y contribuye a disminuir costos.
La penúltima fuerza es la de la «memoria» que, embutida en nuestras computadoras, no cesa de crecer y multiplicarse a través de agentes como Google y sus competidores.
La última fuerza transformadora es la de la telefonía digital, móvil, personal y virtual, a la que Friedman denomina la «esteroide del crecimiento».
En ese escenario de constante transformación, el mundo sigue su curso sin detenerse, en vorágine cada vez más acelerada.
Friedman analiza su impacto sobre la economía de los Estados Unidos, deteniéndose especialmente en el plano de la libertad comercial.
La transformación tecnológica, para él, afectará cómo las personas se preparan para su trabajo, cómo las empresas se organizan para competir y, más aún, hasta cómo los Estados organizan sus economías y estrategias geopolíticas.
Los nuevos fenómenos económicos y sociales modificarán inevitablemente las identidades políticas, redefinirán los actores y transformarán al mundo. En su análisis se detiene, una y otra vez, en el impacto de las transformaciones que, cual bola de nieve, se originan en China y la India y nos impactan a todos.
Uno de los capítulos más interesantes para nosotros, los argentinos, es el capítulo noveno, que se refiere a la relación entre un mundo que de pronto es «plano» y los países en desarrollo. Lleva por título «La Virgen de Guadalupe», en clara alusión a México, país que -pese a su vecindad- ha sido reemplazado por China como el segundo exportador a los Estados Unidos, detrás de Canadá, lo que ha conmovido a su dirigencia.
Allí el autor se concentra en las políticas que los países en desarrollo necesitan para poder adaptarse a los cambios y transformaciones aceleradas y tratar de sacar ventajas de ellos. Curiosamente se refiere a la Argentina como un país que debe reconocer que «no ha vivido de acuerdo a su potencialidad». Que se ha atrasado, entonces. Es así. Y ésta es la manera cómo lucimos frente a terceros. Mal que nos pese.
El crecimiento económico es y seguirá siendo el mejor programa contra la pobreza. En nuestra región, señala Friedman, tan sólo Chile ha advertido la necesidad de adaptarse incesantemente a las nuevas transformaciones. Para esto ha creado empleo sostenible, esto es no en empresas del Estado que -se sabe- no se sostienen en el tiempo, sino en el sector privado, donde una nueva generación de empresarios, en un ambiente flexible, aprovecha las oportunidades y crea incesantemente nuevos negocios.
• Sentido solidario
Para Friedman, un país que no internalice la importancia del trabajo, del ahorro, de la honestidad, de la tolerancia, de la paciencia y de la tenacidad, difícilmente pueda aprovechar las nuevas oportunidades. A ello es necesario agregar -nos dice- un sentido de solidaridad social y una cultura abierta que, aceptando el riesgo, asuma sus responsabilidades.
Enfocándose en México, Friedman concluye que aún habiendo adoptado el camino correcto, un país puede ser sobrepasado por otro si su actitud es conformista. La búsqueda de la flexibilidad y la adaptación deben entonces ser constantes.
Los líderes que no comprendan cómo efectivamente funciona el mundo son y serán responsables de haber condenado a sus respectivas sociedades al atraso, en términos relativos. Y la historia los juzgará.
El capítulo de las conclusiones es también importantísimo. No las detallo porque no quiero privarlos de la lectura de una obra que siento indispensable para todo aquel que trata de interpretar a dónde vamos.
Particularmente para los «líderes», que deben «guiar». Lo que es muy distinto de vivir pegados a las encuestas, con el afán de «ser guiados» por los que ellas reflejan acerca de lo que aparentemente «quiere» la gente.
Es a los «líderes» a quienes corresponde fijar el rumbo y mantener el curso. Lo que es absolutamente distinto de zigzaguear constantemente, siguiendo el ritmo de las tempestades, los vientos, y hasta de las brisas, como pareciera estarnos ocurriendo. Por esto, la lectura del nuevo libro de Friedman les vendría bien. Para esos «líderes» incapaces de leer en inglés la espera será corta. Por su valor, la traducción al castellano, cabe presumir, será rápida. Pero el tiempo pasa. Y la inacción es cara. Aunque ellos no se den cuenta.




Dejá tu comentario