Demorar medidas quita más votos que ejecutarlas
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Planes sociales y formación de capital humano
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Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
Existe cierto consenso en torno a la idea de que el aumento reciente de los precios es la resultante de un cóctel de políticas monetarias y fiscales expansivas en un contexto en el que existen cuellos de botella y presiones por el lado de los costos salariales en varios sectores. De ser así, las autoridades económicas estarían en condiciones de evitar una aceleración inflacionaria. De hecho, la expansión monetaria y la expansión del gasto público compensatorio fueron utilizadas para maximizar la recuperación del nivel de actividad económica.
• Objetivo
Por lo tanto, las autoridades debieran modificar su estructura de prioridades, fijándose como objetivo prioritario la estabilidad nominal, incluso si se requiere enfriar la economía y relegar en parte el objetivo de crecer, en el corto plazo, a tasas aceleradas. En efecto, concentrar las fuerzas en el mantenimiento de la estabilidad nominal requeriría relegar el objetivo de tipo de cambio real alto y restringir el incremento del gasto público compensatorio. Por el contrario, una estrategia en la cual las autoridades deciden contener la suba de los precios mediante cambios marginales en el sesgo de la política fiscal y monetaria, echando mano a soluciones intervencionistas, puede resultar potencialmente peligrosa.
• Magnitud
En primer lugar, porque es difícil determinar exante cuál es la magnitud exacta del ajuste en el nivel de actividad que se necesita para descomprimir las presiones sobre los precios (por lo que la probabilidad de que una estrategia «light» sea insuficiente resulta, a priori, elevada). Además, porque si el ajuste deber ser mayor, éste se termina produciendo pero a través de mecanismos aún menos agradables.
Si se está de acuerdo en que es necesaria una desaceleración del nivel de actividad, la mejor alternativa es que ésta se produzca a través de políticas restrictivas diseñadas por las autoridades, y no por medio de una espiral inflacionaria que licue indiscriminadamente el ingreso de los consumidores. Controlar a tiempo la inflación requerirá decisiones difíciles, y es probable que se tenga que sacrificar en el corto plazo alguno de los pilares de la administración, lo cual le termine representando algún costo político.
Sin embargo, al igual de lo que viene sucediendo con la falta de avances en materia microeconómica, las autoridades deberían tener en cuenta que no tomar dichas decisiones genera más tarde o más temprano costos políticos que pueden resultar incluso más elevados de los que se pretenden evitar con la demora. El importante aumento del número de pobres e indigentes que se produjo en los primeros tres meses del año, producto de la aceleración de los precios, resulta una prueba irrefutable de que ello es efectivamente así.




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