30 de marzo 2007 - 00:00

Dinero de emigrantes supera a la inversión

El motivo de la Asamblea Anual del Banco Interamericano de Desarrollo se conocieron, una vez más, lo que representan las constantes remesas para ayuda familiar que hacen los emigrantes de América latina y el Caribe desde el exterior. La cifra total remitida por los emigrantes es de una enorme significación. Por año, envían a sus respectivas familias nada menos que 64.000 millones de dólares. Esta gigantesca cifra ha sido -por cuarto año consecutivo- superior a la suma de: 1) la inversión extranjera directa en la región, más 2) el total de la asistencia para el desarrollo que ella recibe. Parece increíble, pero es así. Y huelgan los comentarios acerca de la «solidaridad internacional».

  • Monumentos

  • Hasta ahora se han construido muchos monumentos en homenaje a los meritorios inmigrantes; parecería que ha llegado ya la hora de comenzar a erigir uno en reconocimiento a los emigrantes, por su notable y constante generosidad.

    El mayor beneficiario de este importante flujo de ayuda exterior es México, que siempre aporta divisas al país de los destinatarios, que recibe unos 23.000 millones de dólares, seguido del Brasil, que recibe unos 7.000 millones de dólares, y de Colombia, desde hace décadas azotada por la guerrilla marxista, que recibe unos 4.000 millones de dólares anuales. Como cabía esperar, tres cuartas partes del flujo en cuestión, que está creciendo año a año, proviene de remesas que se hacen desde los Estados Unidos, país que sigue siendo la «meca» de casi todos quienes procuran escapar de la pobreza. Pero hay -asimismoremesas muy importantes que salen también desde Japón en dirección a beneficiarios que están en Brasil y en Perú; así como desde Canadá, en dirección a beneficiarios que están en Jamaica o en Haití.

  • Informalidad

  • Buena parte de este tipo de asistencia familiar se envía a través de vías o canales informales. Si se pudiera canalizar a través de los sistemas financieros formales, habría seguramente más crédito para la pequeña y mediana empresa, por ejemplo. Pero deberíamos poder superar por lo menos dos obstáculos: 1) el todavía alto costo que supone operar a través de los bancos, y 2) el deseo de que los fondos no queden sujetos a la insaciable voracidad fiscal y, por consiguiente, sustancialmente reducidos. Por su naturaleza, el tratamiento de los flujos de asistencia familiar debería (al menos hasta ciertos límites) merecer una atención especial, exteriorizada en un régimen regional especial, que permitiera canalizarlos a través de los sistemas financieros, con los recaudos del caso.

    (*) Ex embajador de la Argentina ante las Naciones Unidas.

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