Opiniones

Trump: el acero y las devaluaciones

El presidente de EEUU anunció que repondrá los aranceles al acero y el aluminio argentino. La medida no está justificada por reglas multilaterales.

Mi primer comentario está relacionado con el hecho de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, justificó las medidas proteccionistas contra las importaciones de acero y aluminio provenientes de Argentina y Brasil como necesarias para compensar los efectos negativos de las recientes devaluaciones del peso y del real sobre los agricultores norteamericanos. A diferencia de las anteriores medidas proteccionistas contra las importaciones de estos mismos productos provenientes de orígenes como Canadá, la Unión Europea y la República de Corea, en el caso de Argentina y Brasil la medida no está justificada por reglas multilaterales. En el caso de los países mencionados las medidas proteccionistas de Estados Unidos (EEUU) habían sido justificadas sobre la base de la “seguridad nacional” contemplado en las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC)[1].

Mi segundo comentario es que el proteccionismo nacionalista de Trump en detrimento de Argentina no es nuevo. En 2017 EEUU impuso medidas compensatorias y en 2018 aranceles antidumping contra importaciones de biodiesel provenientes de Argentina que entre ambas sumaban una tasa de protección del orden de 150% con efectos equivalentes a una prohibición de importar. Ambas medidas tuvieron origen en el escalonamiento de derechos de exportación y para suavizar el daño, nuestro Gobierno decidió aumentar los derechos que pesan sobre las exportaciones de biodiesel logrando que EEUU prácticamente eliminara las medidas compensatorias pero mantuvo una protección antidumping del orden de 70%. Este nivel es tres veces mayor que el nivel determinado por la Unión Europea unos pocos años antes bajo condiciones similares de derechos escalonados a favor de la industria local. Dados los parámetros, la medida de la UE estaba cercana a los beneficios recibidos por esta industria pero no así el nivel de aranceles antidumping del 70% aplicado por EEUU. De cualquier manera el resultado de haber reducido las barreras compensatorias no varió la consecuencia económica final: en 2017 Argentina exportó hacia Estados Unidos 963.000 toneladas de biodiesel pero en 2018 le exportó “0” toneladas. La lección ha sido que Argentina no pudo hacer nada efectivo para paliar el golpe lo cual no augura bien para los actuales casos contra el acero y el aluminio.

Mi tercer comentario está relacionado con las controversias decididas por el Órgano de Solución de Controversias de la OMC. A diferencia de lo que ocurrió anteriormente con la Unión Europea, en el caso de biodiesel de EEUU, la Argentina no ha amenazado con iniciar una controversia ante el tribunal de la OMC. ¿Ha hecho bien? Trump inició su presidencia con algunos miembros del equipo que se caracterizaban por globalizadores pero estos ya no están. Los que si están son los antiglobalizadores como Wilbur Ross y Robert Lighthizer (casualmente ambos han sido empleados de la industria del acero).

La psicología de Trump y su equipo incluye:

1) ganar todas las batallas.

2) equilibrar las balanzas comerciales de EEUU con cada socio comercial.

La estrategia viene fallando pero dado que este Presidente anti multilateralista no va a cambiar, una controversia formal eleva los riesgos de empeorar las perspectivas comerciales de nuestro país. En el actual caso del acero y el aluminio, EEUU también carece de una justificación legal para retaliar contra devaluaciones regionales no competitivas, lo cual ante una controversia formal Argentina tendría buenas posibilidades de prevalecer. Sin embargo, por las razones mencionadas, esta no parece ser una estrategia sensible. Trump fue claro cuando afirmó “I am a tariff man” y también “trade wars are easy to win”. Por lo tanto, el actual equipo comercial de EEUU está dispuesto a usar su poderío independientemente de lo que diga la OMC.

¿Hay relación entre las medidas anunciadas y la guerra comercial con China? Claramente el centro de la tensión económica global esta puesto en esta guerra inicialmente desatada por Trump quien está dispuesto a llevarla a pesar de las consecuencias que esta teniendo. Esta guerra que ha afectado la actividad rural de EEUU esta cambiando la estrategia geopolítica de los países y Argentina tiene que tener mucho cuidado cómo moverá sus piezas diplomáticas, financieras y comerciales por lo menos hasta que Trump deje de ser Presidente de EEUU. Para un país pequeño y en una más que delicada situación económica, una estrategia sensible sería recrear un excelente diálogo diplomático. Además, el equipo de Argentina en Washington debiera ser altamente profesional con buenos conocimientos de la experiencia proteccionista de EEUU y en particular, de los republicanos. También debiera conocer el accionar estratégico de los sectores sensibles con el propósito de detectar hasta que grado nuestras exportaciones pueden disparar medidas proteccionistas. Pero está claro que ante decisiones irracionalmente económicas como algunas de las señaladas, no hay profesionalismo efectivo que pueda preverlas y los riesgos continuarán manteniéndose elevados.

[1] Trump también ha reflotado una vieja legislación de 1962 (Trade Expansion Act of 1962) según la cual basta con una decisión del Departamento de Comercio para imponer medidas proteccionistas cuando este concluye que son necesarias para mantener la seguridad nacional. Ver Chad Bown y Douglas Irwin (2019). “Trump’s Assault on the Global Trading System”, Foreign Affairs, September-October.

(*) Miembro, Academia Nacional de Ciencias Económicas

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