21 de enero 2004 - 00:00

EE.UU. y el temor a déficit gemelos

Ante la fuerte baja del dólar que tiene lugar desde hace dos años, pero que empezó a generar preocupación desde finales de 2003, el secretario del Tesoro de los EE.UU., John Snow, dijo que «un dólar fuerte es del interés de los EE.UU.». Más allá de esta expresión de deseo, no parece que ésta hoy sea una realidad, ni que lo vaya a ser en el corto plazo.

Muchos medios y analistas consideran que la responsabilidad de esta situación es de los «déficit gemelos ». Se supone que, ante el saldo negativo creciente de las cuentas fiscales y de la cuenta corriente del balance de pagos, surgen las dudas sobre la capacidad de conseguirles financiamiento, lo que obligará a buscar el equilibrio con una depreciación del dólar. De esta forma, se incrementarán las exportaciones y disminuirán las importaciones de bienes y servicios, cerrando la brecha.

Esta hipótesis supone que alguien puede gastar más de lo que tiene sin contar previamente con financiamiento. Si cada uno de los lectores lo piensa, eso no nos ocurre individualmente. Un país es la sumatoria de sus residentes, por lo que tampoco lo puede hacer. Por lo tanto, alguien debe decidir financiar su demanda interna; permitiéndole a ésta superar su capacidad de producción y generar un déficit en cuenta corriente. Pero la existencia del financiamiento es previa a la posibilidad de gastar.

•Productores

En otros países, una fuente de financiamiento es la salida de reservas internacionales. En cambio, en el caso de los EE.UU., ellos son los productores de dólares y los exportan, pero la venta al exterior de este bien no figura en su balance comercial. Si lo hiciera, seguramente el déficit en cuenta corriente sería sustancialmente menor.

El productor de dólares se llama Reserva Federal de los EE.UU. y decidió llevar las tasas de interés del mercado a niveles de 1% anual para reactivar la economía. El problema es que, en la medida en que el gobierno demanda crédito para financiar un déficit creciente y el sector privado también lo empieza a hacer de la mano de una importante reactivación, la tasa de interés de mercado sufre presiones alcistas. Para sostenerla en los niveles bajos deseados, la autoridad monetaria tiene que salir a cubrir la demanda excedente de crédito emitiendo dólares, cuando el mercado demanda crédito y no dicha moneda.

En la medida en que el incremento de la oferta de la divisa estadounidense encuentra una demanda local e internacional que la recibe, el valor de ésta no varía; pero, si supera lo que el mercado quiere tener, debe depreciarse. Esa es la situación desde principios de 2002 y se ha vuelto creciente debido al fuerte crecimiento de la economía. El incremento de la demanda interna que financia la Reserva Federal se traduce en un creciente excedente de compras de bienes y servicios al resto del mundo; por ende, en un aumento de la exportación de dólares. Para que los estadounidenses y extranjeros acepten tanta oferta de dólares, su precio debe bajar, que es lo mismo que sucedería con cualquier otro bien del que se produce más de lo que se demanda.

Hasta acá, una explicación de lo que está sucediendo en el mercado del dólar. Sin embargo, no hemos demostrado que es esta última moneda la que está bajando y no el euro el que la fuerte baja del dólar que tiene lugar desde hace dos años, pero que empezó a generar preocupación desde finales de 2003, el secretario del Tesoro de los EE.UU., John Snow, dijo que «un dólar fuerte es del interés de los EE.UU.». Más allá de esta expresión de deseo, no parece que ésta hoy sea una realidad, ni que lo vaya a ser en el corto plazo.

Muchos medios y analistas consideran que la responsabilidad de esta situación es de los «déficit gemelos». Se supone que, ante el saldo negativo creciente de las cuentas fiscales y de la cuenta corriente del balance de pagos, surgen las dudas sobre la capacidad de conseguirles financiamiento, lo que obligará a buscar el equilibrio con una depreciación del dólar. De esta forma, se incrementarán las exportaciones y disminuirán las importaciones de bienes y servicios, cerrando la brecha.

Esta hipótesis supone que alguien puede gastar más de lo que tiene sin contar previamente con financiamiento. Si cada uno de los lectores lo piensa, eso no nos ocurre individualmente. Un país es la sumatoria de sus residentes, por lo que tampoco lo puede hacer. Por lo tanto, alguien debe decidir financiar su demanda interna; permitiéndole a ésta superar su capacidad de producción y generar un déficit en cuenta corriente. Pero la existencia del financiamiento es previa a la posibilidad de gastar.

•Productores

En otros países, una fuente de financiamiento es la salida de reservas internacionales. En cambio, en el caso de los EE.UU., ellos son los productores de dólares y los exportan, pero la venta al exterior de este bien no figura en su balance comercial. Si lo hiciera, seguramente el déficit en cuenta corriente sería sustancialmente menor.

El productor de dólares se llama Reserva Federal de los EE.UU. y decidió llevar las tasas de interés del mercado a niveles de 1% está subiendo. El mercado del oro puede ayudarnos a ver qué está pasando, ya que es bastante estable. Su precio en dólares evolucionó, aunque con cierto rezago, igual que la moneda común europea. Es lógico que el mercado cambiario muestre la evolución del valor de una moneda con mayor rapidez que uno de un bien; aunque, dentro de éstos, el comentado metal es uno de los que más rápido reaccionan. Cabe aclarar que algunos bienes también pueden mostrar problemas derivados de excedentes de oferta o demanda de su propio mercado que impliquen, respectivamente, una menor o mayor ganancia de precio respecto del dólar.

•Traslado

Por otro lado, la estabilidad de los índices de precios de EE.UU. parece desincentivar a la Reserva Federal a tomar medidas respecto de la depreciación del dólar. Sin embargo, si esta tendencia se sostiene en el tiempo, está probado que demora entre 6 y 9 meses trasladarse a los precios al productor (IPP) de los bienes y servicios de la economía, para luego impactar en el índice al consumidor. Además, estos últimos, ante el actual incremento de la demanda interna, tienen una tendencia mayor a subir, ya que están compuestos mayoritariamente por bienes y servicios que dependen de ella y que tienen que mejorar sus valores relativos respecto de los comercializables internacionalmente, que componen mayoritariamente el índice de precios IPP.

Por lo tanto, se corre el peligro de que los EE.UU. estén gestando presiones inflacionarias que empezarán a verse avanzado este año. Si esto no se prevé con tiempo, luego implicará hacer mayores correcciones de la tasa de interés, absorbiendo gran cantidad de liquidez para poder paliar el problema.

En el cortísimo plazo, la Reserva Federal no parece dispuesta a cambiar su posición y, hasta tanto, el dólar seguirá depreciándose. Sin embargo, algunos prevén que el Banco Central Europeo pueda bajar su tasa de referencia, aumentando la oferta de euros para evitar que la caída del dólar respecto de su moneda dañe su comercio exterior. Esto solamente implicaría que la divisa común europea, hoy estable, empezaría a depreciarse, lo cual disminuiría la merma del valor del dólar respecto de ella.

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