27 de noviembre 2008 - 00:00

"El rescate al Citi puede replicarse en otras instituciones"

El experto en mercados internacionales que se escuda con el nombre del personaje Gordon Gekko, de la película «Wall Street», opinó que el «entusiasmo colectivo» que se reflejó en los mercados esta semana se debe a que se estima que la solución aplicada a Citigroup puede replicarse en otras instituciones. «Las autoridades no van a repetir el error de dejar caer a un Lehman Brothers. Saben que por onerosa que sea la factura, si no previenen un accidente, la situación puede tornarse ingobernable», dijo.

El rescate al Citi puede replicarse en otras instituciones
Periodista: La última salva de artillería oficial parece haber alcanzado su blanco. Se frenó la embestida sobre los bancos. Las tasas hipotecarias, por primera vez, acusaron un retroceso importante. Y las Bolsas hilvanaron una secuencia de cuatro ruedas consecutivas en alza como hacía meses que no se observaba.

Gordon Gekko: Fue un uno-dos muy potente. Primero, el paraguas que se le arrimó a Citigroup y lo sacó del atolladero; después los dos programas de la Fed en los que se compromete a volcar 800 mil millones de dólares para apuntalar el crédito hipotecario y de consumo. Esta última es una movida agresiva, con una cuota de sorpresa, que busca retomar la iniciativa. Y la respuesta del mercado de bonos hipotecarios -en principio, movilizada por la cobertura de posiciones cortas- luce alentadora.

P.: No es la primera vez que se escuchan anuncios impactantes, pero que se diluyen al poco tiempo.

G.G.: Desde ya. Atravesamos una crisis de crédito muy profunda. Por empezar, nadie da crédito pleno a lo que prometen las autoridades. Pero aceptemos que el salvataje de Citigroup no es un mero anuncio. Y que comprar bonos hipotecarios es un procedimiento sencillo. No dudo de que se vaya a llevar adelante. Son títulos de agencias patrocinadas por el gobierno. El riesgo de crédito es acotado. No pasará lo que ocurrió con los activos tóxicos.

P.: Finalmente, el Tesoro no compra activos en problemas, pero sí acepta garantizarlos.

G.G.: Es así. Aunque tal vez esa cartera ya estaba entregada como colateral de un préstamo de la Fed. Y, en consecuencia, el cambio de condiciones es marginal. No lo sabemos. Hay que ser consciente de que no tenemos acceso a la información completa. Sólo vemos la punta del iceberg. Lo que importa puede yacer oculto bajo la superficie.

P.: ¿Cuánto riesgo corren el Tesoro, la FDIC y la Fed garantizando el portafolio contaminado del Citi?

G.G.: Mi modesta impresión es que, en el margen, el aumento es despreciable. Recuerde que los primeros 29 mil millones de dólares de quebrantos deben ser absorbidos por el banco.

P.: Es una cartera de 306 mil millones de dólares. Hay mucho más en danza.

G.G.: Lo que ocurre es que el Citi no tiene espaldas para perder 29 mil millones de dólares en un período breve. Habrá que socorrerlo mucho antes. Existe, a mi juicio, una garantía implícita del Estado notablemente más generosa y que, si las cosas no funcionan, se va a gatillar primero.

P.: La solución aplicada a Citigroup, en caso de necesidad, puede replicarse en otra institución de primera línea.

G.G.: De ahí el entusiasmo colectivo.

P.: ¿Hay otros candidatos a mano?

G.G.: Nadie está a salvo. La vorágine de la crisis no perdona ni deja ícono en pie. Queda claro, además, que las autoridades no van a repetir el error de dejar caer a un Lehman Brothers. Saben que por onerosa que sea la factura, si no previenen un accidente, la situación puede tornarse ingobernable, igual tendrán que intervenir y el costo resultará mucho mayor por los destrozos.

P.: Mervyn King, el titular del Banco de Inglaterra, señaló que la nacionalización lisa y llana de la banca puede ser necesaria para restablecer el crédito que precisa la economía. ¿Llegará a tanto en los EE.UU.?

G.G.: Es una definición muy cruda de la realidad. No la discuto. Es válida a ambas márgenes del Atlántico. Hay que entender, sin embargo, que el gobierno de Bush extremará los recaudos como para no tomar esa decisión. El Estado inglés, en cambio, ya se hizo cargo de dos bancos hipotecarios y desembarcó en tres de los grandes bancos comerciales. Tiene menos objeciones al respecto.

P.: Para un gobierno laborista, después de todo, es un volver a las fuentes, no se trata de un trago tan amargo.

G.G.: Pero el Banco de Inglaterra es independiente. No es la ideología lo que mueve a King. Sino un reconocimiento de que tal vez se requiera una segunda ronda de capitalización de los bancos.

P.: Citigroup es la prueba. Ya recibió dos inyecciones de capital preferido.

G.G.: Tal cual. Y, aun así, difícilmente el banco retome una política de préstamos agresiva. Todo lo contrario. Lo que los inversores demandan es que recoja el barrilete. Nunca más acertado aquello de que más vale pájaro en mano que cien volando. El crédito que hoy se aprecia es el que se acaba de cobrar.

P.: Complicado.

G.G.:
Es la novela de todas las recesiones. Sobre todo cuando están precedidas por una crisis financiera. Lo que varía es la magnitud del shock. Pienso que hay caminos alternativos para atacar el problema. En Inglaterra la nacionalización de la banca, como dijo King, no puede descartarse. La exasperación de las autoridades con los bancos es evidente. En EE.UU., hoy por hoy, se nacionalizará el crédito, pero no la propiedad de la banca. La asistencia directa de la Fed y las garantías públicas harán punta.

P.: Las acciones de las compañías automotrices operan hoy en fuerte alza. Se especula con que tampoco Washington dejará caer a Detroit.

G.G.: Como ve, el riesgo moral es contagioso. Y forma parte de la solución. Contribuye a valorizar las compañías.

P.: Es una mejoría limitada. Nadie va a acercar nuevo capital ni a Ford ni a General Motors hasta no comprobar que existe, al menos, una línea robusta de asistencia del gobierno. ¿Ve factible que la administración Bush le conceda el visto bueno?

G.G.: Sí. No sólo es posible, sino lo más probable. Pero la clave son las condiciones. No me sorprendería que el auxilio proceda en línea con una reestructuración de las firmas. ¿Podrán evitar la convocatoria? Ese es el verdadero interrogante.

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