24 de julio 2008 - 00:00

El voto del Senado, apenas un alivio

José M. de la Sota
José M. de la Sota
120 días de angustia y zozobra... El pueblo triunfó con la votación en el Senado de la Nación. La imagen del Congreso mejoró y ya no es sólo el recuerdo de la Banelco.
Quedó demostrado que es posible ganarle al autoritarismo y al maltrato.
Lentamente vuelve la « normalidad» en los pueblos y ciudades. Sin cortes de rutas. Sin cacerolazos. Sin actos y contraactos.

El gobierno de Cristina Kirchner debe entender qué es lo que pasó en la Argentina. Su resentimiento habitual sigue en los considerandos del decreto que ordena al Ministerio de Economía limitar la Resolución 125...

Está también, junto a la ironía, en el discurso de la Sra. Presidenta en el Chaco, y en las agresivas manifestaciones televisivas de las últimas espadas que le quedan a este gobierno...

No se trata sólo de cambios de nombres en el gabinete.

Es necesario que el gobierno nacional adopte un camino de racionalidad.
Debe entender la Sra. Presidenta que el país necesita consenso y diálogo. Que es urgente institucionalizar la lucha por las ideas, dejando de lado la soberbia, el agravio, la descalificación y la persecución del adversario.

El voto de Cobos no resolvió los graves problemas de la Argentina.

Junto al de los 8 senadores peronistas que se animaron a demostrarle al país que el justicialismo no tiene dueño ni patrón, fue una brisa de aire fresco.

Pero los problemas subsisten y se agravan cada día que pasa.

Por eso es necesario que el gobierno, en lugar de confrontar, gestione, y repito, más allá de los nombres. El gobierno debe:

1) Convocar ya a las 4 entidades agropecuarias y al Consejo Federal Agropecuario para rebajar las retenciones al pequeño productor y consensuar un plan agroindustrial para el país, que nos lleve a producir 150 millones de toneladas de cereales el año próximo, y 200 millones de toneladas en el quinquenio que viene. Que nos permita recuperar y hacer crecer el stock ganadero, volviendo a exportar, manteniendo baratos los precios internos, como lo hicieron Uruguay y Brasil. Que resuelva los problemas de la lechería y todas las producciones regionales. Que aliente cada día más la investigación científica sobre el genoma animal, nuevas semillas, fertilizantes, agroquímicos... Que apoye decididamente la
industria de la alimentación y sus colaterales.

2) Reunirse ya con los gobernadores. Las provincias están fundidas, y los municipios van camino de estarlo por el incumplimiento en el envío de fondos. Hay que discutir la asignación de los recursos... Todo el interior lo exige.

3) Desactivar ya el actual INDEC y sus índices amañados y mentirosos. Urge consensuar con universidades, economistas, sindicatos y centrales empresarias, un índice de precios creíble por todos los argentinos y por quienes monitorean el país para informar a potenciales inversores. Esa es la base para comenzar a combatir la inflación seriamente, evitando que se siga comiendo el salario de los trabajadores. A la inflación sólo se la derrota con más producción, y ello significa mayor inversión. Esta se logra con seriedad jurídica, previsibilidad fiscal y buen clima de negocios. El resto, que es lo más importante, nos sobra.

Tenemos trabajadores y profesionales muy capacitados. Y tenemos recursos naturales excepcionales. Hace falta dejarlos actuar, sin impuestazos ni otras locuras gubernamentales.

4) Convocar ya a los técnicos en energía, que el país los tiene y muy buenos, para diseñar un plan de desarrollo energético. No puede ser que, en verano porque hay muchos acondicionadores de aire prendidos, y en invierno porque hay mucho consumo para calefacción, nuestras industrias se queden sin energía y su producción se detenga o perjudique.

Si logramos poner en marcha un plan agroindustrial alimentario consensuado; un poco de federalismo ayudando a las provincias y a los municipios con un mejor reparto de recursos; un índice de medición de inflación confiable para todos; un plan productivo para derrotar la inflación y el diseño de un plan serio para el desarrollo energético, la crisis sufrida habrá sido saludable para el futuro de la Patria. De lo contrario, por más Acuerdos del Bicentenario que el gobierno impulse, la Argentina seguirá debatiéndose en la incertidumbre, la angustia y el enfrentamiento político.

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