Volver al futuro: bienvenidos a 1976

Opiniones

Cerradas las listas y con las cartas sobre la mesa, la campaña de cara a las elecciones legislativa se largó con varias novedades en el escenario político, en tanto que viejas fórmulas parecen repetirse.

Tras viajar en el tiempo, reaparece un ex empleado estatal, simultáneamente antagonista del Estado. En 2002 el publicista Berdino apeló al apodo “bulldog”, una raza originaria del Reino Unido: predecible y terca; aunque dócil y amigable con sus amos. Esos perros guardianes suelen ser vigilantes. Pero esta vez regresó como elefante-en un bazar-, perpetrando un acto de negacionismo y falta de respeto a la memoria mundial, incomprensible.

El ala -no extremista- de Juntos, eliminó al gran perdedor. Reincorporó en la Ciudad a la ex gobernadora y su marchitado orgullo de ser bonaerense. Siguiendo la ideología en sus diferentes envases, tenemos una desconcertante mixtura pseudo liberal, carapintada, religiosa. Hay un hilo conductor en el lenguaje intolerante, negacionista, piromaníaco y “wanna be rich”. Si así no fuera se necesitaría un decodificador para entender que hacen juntos: un simulado liberal, un sexista tántrico y un ex soldado con moralistas religiosos en la misma lista. Unos parecen escapar de una película de Hitchcock y los otros, de “La guerra de las galaxias”. Son como una invasión de poseídos que no hablan con una lógica.

Volvieron los economistas que integraron el elenco impulsor del marco teórico zombi desde 1976, y que a través de diferentes exponentes en el tiempo sigue devorando cerebros indocumentados. Alguien dijo “se pueden tener diferentes ideas, pero no diferentes hechos”. Y, acontece que fundieron el país una y otra vez. Los que los apoyan no los ayudan porque son buenos o digan la verdad. Los alientan porque odian a quienes ellos odian.

Fueron parte y/o sostuvieron al Gobierno anterior (no resisten archivos). Un Gobierno integrado al mundo que en solo 4 años derribó el PBI per cápita 11% (Sturzenegger) y quebró 24.000 empresas. Hizo debutar empresas líderes, perdiendo por primera vez, licuo el valor de las corporaciones y bancos argentinos. Mientras tanto el actual régimen comunista a través de la camarada vice presidenta, anunció que los más de u$s 4.000 millones-que nos tocan-en DEG asignados a países para emerger de la pandemia, en la Argentina se utilizarán para pagarle al FMI. Este Gobierno argenzuelico está haciendo que la economía crezca 6.5% (Fuente: FMI) y los empresarios ganen dinero en medio de una plaga.

Entretanto Martin Guzmán se convirtió en una verdadera tragedia para sus calumniadores de afuera y de adentro. Tuvo que hacer giras por EE.UU. y Europa tituladas: “perdón por los funcionarios anteriores”. Esta bueno ver al ministro de economía argentino apoyando a la Argentina después de los recaderos que vimos.

SEMBRADORES Y LABRIEGOS DE TEMORES

“El ascenso de los economistas al poder político está ligado con el incremento de la inflación” (Mariana Heredia). Quienes reemplazaron próceres por animales en los billetes querían demostrar que aunque no estaban al corriente de quienes eran los ilustres, por lo menos en el aprobaron zoología. Son los mismos que ahora corren el velo y dicen: “aumentará el gasto público si se ajustan las jubilaciones, los salarios y las prestaciones sociales por encima de la inflación”. Todo un hallazgo científico. Es que cuando son agudos e ingeniosos, en EE.UU. los contratan en la puerta de la universidad. Pro ellos volvieron. Y, están listos para asustarnos: “comienzan los meses de mayor déficit fiscal y mayor expansión monetaria, lo cual hará disparar un proceso inflacionario”-menor al que dispararon sus compinches constriñendo el gasto y esterilizando moneda al 80% en LELIQ. Acerca de la aceleración monetaria, indican que puede incidir categóricamente en el mercado cambiario e impactar en la tasa de inflación en el “cuarto trimestre”, igual que los “brotes verdes del segundo semestre”, pero al revés. Además como la entrada de dólares por exportaciones ya fue contabilizada, aparecerán meses donde el BCRA dejará de comprar dólares y comenzará a venderlos, se perderán reservas y sobrevendrán todo tipo de calamidades.

Lamentablemente para estos chapuceros, el hecho que el Gobierno llegue a las elecciones sin que ocurran los cataclismos anunciados-devaluatorios e hiperinflacionarios-, con reservas crecientes, es una verdadera pesadilla. El riesgo “Road to Venezuela” no existe, y la verdad es que quienes fueron compasivos con la gangstercracia ya no saben que mas inventar o revolver en el sarcófago de desgracias para salir a pronosticar.

En 2020 cuando el Gobierno empezó a expandir el gasto, un sinnúmero de economistas mediáticos comenzaron a advertir que Alberto Fernandez conduciría el país a una hiperinflación. -¿Podríamos pensar si el aumento de los precios al consumidor durante los últimos meses ha justificado aquellas advertencias?- No. En realidad lo que hemos estado viendo hasta ahora no es más importante que la tasa de inflación de 2019 (55%). La inflación reciente ha tenido que ver con la escasez de oferta y demanda relativa a la pandemia, que a medida que la economía comienza a recuperarse producen aumentos, ya que la demanda suele crecer más rápido que la oferta. El Gobierno ayudó con beneficios sociales-mas como estabilizadores macroeconómicos que por caridad-, ha sido extremadamente metódico. No entregó u$s 5 billones en efectivo en una economía de u$s 22 billones, como lo hizo EE.UU. El argumento de nuestros anti inflacionistas es que la expansión presagia un enorme aumento del gasto del consumidor, que sobrecalentará la economía y dará como resultado una inflación generalizada que será difícil de controlar.

LOS DISCÍPULOS DE MILTON

Invocan tácitamente la hipótesis del “ingreso permanente” (1957), en que el gasto del consumidor no depende de los ingresos actuales, sino de los ingresos que la gente espera tener a largo plazo. Dejar ver ranciedad. En ese caso el epifenómeno tácito seria que el gasto de los consumidores también debería depender de la riqueza, pero no demasiado, porque la gente también tratará de distribuir el gasto basado en la riqueza durante un largo período. Este análisis en “modo Friedman” diría que tanto los pesos acumulados durante la pandemia como los controles de estímulo tendrán solo efectos modestos en el gasto de los consumidores, porque los hogares gastarán sus ganancias inesperadas durante varios años, no todos a la vez. Mientras que la hipótesis de Friedman ha demostrado ser muy útil para comprender el consumo, también se ha demostrado que es inadecuada en el análisis pormenorizado. Porque los consumidores no basan sus decisiones de gasto enteramente en los ingresos actuales, pero reaccionan mucho más a los ingresos a corto plazo de lo que la teoría de los ingresos permanentes dice que deberían. Eso se debe a que muchas personas, incluso millonarias, tienen limitaciones de efectivo y desean gastar más que sus ingresos, pero no acostumbran pedir prestado, ni vivimos en un país donde abunde el crédito. Además los millennials, los “z” y sus padres, ya no establecen el orden de la vida en términos presupuestarios.

Seguro que en la Argentina la gente gasta porque necesita, y esto es lo que justifica en parte los temores de los inflacionistas, sin embargo el consumo durante la pandemia tuvo un comportamiento infrecuente. El último ejemplo de descarrilamiento en cámara lenta, comenzó con la recesión del segundo trimestre 1998-hasta el segundo trimestre de 2002. Y aquí está la cuestión, hubo recesión fuerte antes y en 2002, donde la mayoría de las personas de clase media no compraron bienes durables ni semi durables. Esto preparó el escenario para un gran aumento en el gasto, ya que las personas postergaron consumo de esos bienes porque se habían visto obligadas a posponer. En 2003 la inflación era 4% y en 2005 a Lavagna se le triplicó (de 4% 12%). Esta vez las compras de bienes durables se mantuvieron más o menos estables-sobre todo porque había que quedarse en casa y con trabajo remoto había que equiparse-; en todo caso, después de una caída durante los primeros meses, aumentaron.

LA CLASE MEDIA Y LA PANDEMIA

Así que esta rara caída del consumo de la clase media en la que no pudo gastar en restaurantes y vacaciones, permitió comprar otras cosas, inclusive compras no habituales. Grupos corriendo por Palermo en lugar de ir al gimnasio, compra de alimentos en el supermercado en lugar de salir a comer afuera; las empresas compraron sillas ergonómicas, computadoras y pagaron servicios de internet para sus empleados a distancia. Esto crea una situación muy diferente a la crisis 2001, donde la clase media con el dólar estabilizado se apresuró a comprar automóviles y electrodomésticos que se les había impedido por evitar gastos y carecer de crédito a tasa razonables. En 2002 y 2003 (Néstor Kirchner repetía: estamos en el fondo del infierno) había mucha demanda reprimida, y por esa razón la economía despegó y continuó creciendo al 8% promedio, muchos años consecutivos. En esta oportunidad-cuando afloje la pandemia-, la clase media no va a llenar los restaurantes de Puerto Madero al mes siguiente. Es probable que la gente este cenando más fuera de sus casas y encare vacaciones reparadoras, pero habrá ciertos límites. Los que no fueron al gimnasio no van ir 5 horas por día, ni la misma familia irá de vacaciones a tres hoteles al mismo tiempo, tampoco cenará dos veces durante la misma noche.

Además hay menos dinero de lo que parece. El crecimiento acelerado del consumo es posible, pero el BCRA estará atento. Los números no dan miedo. El relato de los alarmados por la inflación trata siempre sobre el riesgo de una hiperinflación que nunca sucede-desde 1989-ni va a suceder.

LAS ELECCIONES DE MEDIO TÉRMINO

Esta columna es de opinión, no es ni ha procurado jamás ser neutral. La imparcialidad no existe. No hay perspectiva ideológica y política más contundente que aquella que pretende pregonar ecuanimidad. Ya están los candidatos en las boletas. Gobernar y legislar son trabajos difíciles y sutiles. Cambiemos demostró que ignoraba cuestiones corrientes. En estas elecciones el sustento de nuestro pueblo estará en juego. No debería quedar en manos de ex “periodistas independientes”, economistas fracasados, neurólogos, cumbancheros, cocineros o cómicos.

No puede ser gente que salió de un set de televisión, o profesionales del negocio político, sino estudiosos de las ciencias sociales que hayan vivido cerca de la gente en serio, no tocando timbre para una elección. Hay muchas cuestiones que saber antes de asumir, para estar a la altura. La gente que hoy está a cargo casi no puede contener su apatía, pero conoce respuestas, no tiene que ir preguntando como la evaporada ex presidenta del Senado, en una votación empatada, preguntó textualmente: -“¿Desempato yo?”-“¿No desempata el presidente del Senado? Ah, bueno, entonces… hay que volver a votar si hay empate, me dicen acá. No sé. Yo no lo sé”…País generoso…

(*) Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani

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