Inflación, dólar y Banco Central: ¿Dónde radica el mal?

Opiniones

Cada vez que la Argentina entra crisis económica o financiera se abren nuevos debates sobre la economía y los temas vinculados a la inflación o el tipo de cambio. Están presente ya sea en el mundo académico, la tribuna política o en las mesas de café.

Entonces, como siempre en las discusiones en el país vamos al extremo de la desaparición del Banco Central, la dolarización, hasta la nacionalización de los depósitos y de todo el sistema bancario.

Lo cierto es que la crisis golpea fuertemente el bolsillo de los argentinos. La inflación corroe el salario. En la carrera de precios y salarios, históricamente siempre pierde el ingreso de los que viven asalariados.

¿Dónde radica el mal?, ¿no tenemos en el país la suficiente inteligencia para dar solución a nuestro recurrente fracaso? La verdad es que la Argentina nunca hizo las reformas estructurales que son necesarias para salir de este mal endémico. El facilismo, las soluciones de coyuntura y la capacidad del país para disimular su mal funcionamiento con éxitos momentáneos dieron la sensación de superación.

¿Hay que caer en el extremo de renunciar a tener un Banco Central? Cuando se dictó la ley de creación del Banco Central en 1935, el senador Dr. Lisandro de la Torre advirtió que el diseño que se había elegido “coloca al país encima de un barril de pólvora. Todo andará regularmente mientras no se encienda la mecha, pero la mecha está ahí a la vista y al alcance de cualquier gobierno inconsciente que quiera encenderla” Vaya que la hemos encendido, nuestro banco emisor por designios de los distintos gobiernos y las diversas reformas le hizo perder 13 ceros a nuestra moneda y que seguramente tendrá la necesidad de perder en breve algunos más.

Creo que lo que corresponde con relación al Banco Central, es modificar la ley de su funcionamiento, que sea un Banco Central independiente, dotarlo de autonomía, elegir un directorio por concurso y alejarlo de la tentación de los futuros gobiernos de apropiarse de sus recursos llenándolos de papeles sin sustento.

Esta sería parte de la solución, qué es necesaria, pero no es suficiente. La Argentina debe eliminar el déficit fiscal, reformar las estructuras del estado que, con sus excesos de gastos improductivos y financiados vía impuestos, carcome toda la fuerza productiva del país quitándole, además, competitividad en un mundo altamente interrelacionado.

El otro tema del gran debate es la dolarización de la economía. Todos los economistas coinciden en que se debe estabilizar el tipo de cambio. Vamos desde anclar el peso con relación a una moneda dura similar al funcionamiento de la convertibilidad o ir directamente al dólar. Ambas soluciones hoy inviables en este marco de funcionamiento de la economía. Otra vez, volvemos sobre el gasto público, el gasto improductivo, el déficit fiscal. Sin tomar el toro por las astas esa Argentina que puede y debe ser nunca será cristalizada. Ajustar la política, encarar con valentía una reforma laboral que termine con los privilegios corporativos. Apelar a la austeridad republicana, diseñar políticas de estado que tienda no a la construcción de poder, sino a resolver los dramas que padece la sociedad argentina.

No hay lugar para la conservación de privilegios, ya sea del sistema político, sindical o cualquier otro sector. Debemos hacer foco en la producción y el trabajo porque será la única vía que asegure el futuro del país y no los desvaríos de creer que desde el Estado se pueden resolver los problemas que él mismo generó. Estamos en una carrera contra el tiempo para reconciliar el trabajo y la cultura. Tenemos como sociedad la doble apuesta en favor de la verdad y de la libertad.

Sec. General PDP, Ex – Embajador en Portugal

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