Inversores siguen prefiriendo a Brasil
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Brasil tuvo un año excepcional no sólo en materia de precios, sino también en lo que hace a IPO, o sea, a las primeras (las iniciales) ofertas públicas (que fueron 64) y en lo que tiene que ver con la atracción masiva de inversores extranjeros dispuestos a apostar a la economía local. Como consecuencia, hoy el Banco Itaú tiene un valor de mercado, nos dice Regalado, que es similar al del Deutsche Bank, lo que es notable.
En el otro extremo del espectro aparece, como también cabía esperar, la fea Venezuela «bolivariana» (en rigor, «chavista») que mostró como consecuencia del permanente capricho económico; de su alta tasa de inflación; de la escasez de productos de primera necesidad; y de la reducción sustancial de sus niveles tradicionales de producción de hidrocarburos, que de unos 3,5 millones de barriles diarios se redujo a apenas unos 2,4 millones, una caída muy significativa de los precios de sus papeles bursátiles. De un sugerente 27%, que refleja la desconfianza generalizada de los inversores acerca del experimento socio-económico caribeño, que -con disfraces que ya no engañan a nadie- pretende llevar al país (que se resiste conmovedoramente) al marco -en todas partes fracasado- del socialismomarxista.
La Argentina, como era previsible, para los inversores bursátiles resultó algo así como «ni chicha, ni limonada». Poco atractiva. Una suerte de opción que está siempre detrás de todas las otras. Esto parece consecuencia de varias cosas. Primero, de que pese a crecer a 8% anual, lo cierto es que la Argentina aún no puede considerarse como un país normal atento a que no puede acceder al mercado financiero internacional como consecuencia de la torpe renegociación de su deuda externa.
Segundo, de la natural desconfianza que genera en los inversores lo que luce como una manipulación evidente -y descarada- de los índices económicos oficiales. Tercero, del extendido control de precios con el que se transfieren ingresos -sin transparencia- de un sector a otro, en función de prioridades políticas. Del populismo, entonces.
Canadá tuvo también un gran año, puesto que generó un saludable 26% de retorno a los inversores bursátiles. México y Chile, por su parte, se comportaron como dos «mercados maduros» en los que es difícil ganar o perder mucho, razón por la cual no atraen demasiado a aquellos inversores que llegan a la región en procura de mejorar marginalmente el ingreso total de sus portafolios globales, con rincones de ingresos que sean particularmente atractivos.




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