24 de septiembre 2004 - 00:00

"La diferencia entre las tasas de largo y corto plazo es un barómetro para medir expectativas de crecimiento"

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York que no quiere ser identificado, por eso se lo nombra como Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpretara Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es qué viene después de esta reciente suba de las tasas de interés en los Estados Unidos.)

La diferencia entre las tasas de largo y corto plazo es un barómetro para medir expectativas de crecimiento
PERIODISTA: La Reserva Federal sube las tasas de corto plazo pero los mercados responden recortando las tasas de largo aliento. El bono del Tesoro estadounidense a 10 años cotiza ya por debajo de 4% ¿Cómo se entiende?

Gordon Gekko: Es el fruto de una sensible reducción en las expectativas de inflación y de una rebaja -no menor- en las previsiones de crecimiento de la economía que operan en paralelo. Es un coctel que, en un primer momento, se potenció por la necesidad de cubrir posiciones que apostaban a que, precisamente, iba a suceder todo lo contrario...


P.:
Que las tasas largas iban a trepar...

G.G.: Después de todo, es lo que suele ocurrir cuando la Fed comienza un proceso de restricción monetaria...


P.:
Esa fase alcista duró muy poco. Un par de veces la tasa de 10 años orilló la zona de 4,90%, pero no logró afianzarse. Hoy se ubica por debajo de 4%.

G.G.: Este comportamiento es la llave para entender lo que ocurre hoy en los mercados. Es difícil pasar por alto sus implicancias. Sucesos que pueden parecer muy distantes como la lozanía de la deuda brasileña o, si usted quiere, de la propia deuda nueva argentina -como los BODEN- son, en esencia, un corolario de este fenómeno.


P.:
Importa más el nivel de las tasas largas que el manejo acertado de Lula a la hora de explicar la pujanza de los títulos brasileños...

G.G.: No lo dude. Usted no puede justificar la paliza que sufrieron en abril y mayo (y la imposibilidad de colocar nuevas emisiones) como un reflejo de problemas detectados de repente en la economía brasileña o de algún error cometido por Lula. Fue, simplemente, una liquidación brusca gatillada por el fantasma de la suba de tasas en los Estados Unidos. Cuando éste se disipó -a partir de junio y julio- la deuda floreció de nuevo. Que Brasil crezca ayuda, por supuesto -agrega 1 o 2 dólares- pero no alcanzaría, créame, si el bono de 10 años rindiera 5%.


P.:
Se espera que la Fed prosiga con el ajuste de las tasas de corto plazo. No tendrá mucha prisa pero tal vez llegue al umbral de 4 por ciento...

G.G.: Eso lo han sugerido, en fecha reciente, las titulares de la Fed de San Francisco y Cleveland...


P.:
Si así fuera, en algún momento, la tasa a un día y a 10 años convergerían en un mismo nivel. Me pregunto: ¿será posible? En cuyo caso ¿qué es lo que los mercados están tramando?

G.G.: Tenga presente que la diferencia entre las tasas de largo y de corto plazo es un barómetro que revela las expectativas de crecimiento. Cuanto menor la brecha entre ambas, menos bonanza se vaticina.


P.:
O sea que no se aventura nada bueno...

G.G.: No sería un buen presagio. Le digo más, no ha habido recesión en los Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial, que no haya sido precedida por una inversión de la curva del Tesoro. Quiero decir, las tasas de corto plazo no sólo se emparejan sino que superan con nitidez a las de 10 y 30 años. La buena noticia es que ello no ha ocurrido todavía. En rigor, estamos aún bastante lejos...


P.:
¿Cómo puede ser que los bonos hayan incorporado una visión cada vez más pobre de la economía norteamericana y, a la vez, llevemos seis semanas consecutivas de alza en la Bolsa?

G.G.: Es un buen punto. No hay un mensaje unánime. Tampoco el dólar delata un destino sombrío (aunque se podría argumentar que, como su cotización es un precio relativo, la quietud que lo gobierna no niega el pronóstico de debilidad sino que lo extiende a las economías de Europa y Japón).


P.:
Son mercados que emiten señales distintas. Alguien debiera estar equivocado...

G.G.: Son señales diferentes y, sobre todo, énfasis distintos. Las acciones y las monedas, consideradas en adecuada perspectiva, están navegando a la deriva esperando, todavía, que soplen los vientos que los lleven en una u otra dirección.


P.:
No es el caso de los bonos...

G.G.: No. Hay que tener coraje para comprar bonos a 10 años -con cupones de renta fijos y sin cláusulas de ajuste que brinden resguardo- a una tasa de 4%. Piense que el año pasado -sin la Fed en el horizonte y con serias dudas sobre el estado de la economía- dicha tasa promedió 4,25%...


P.:
Quizás quien vendió los bonos en descubierto -pensando que los podría retomar a un precio más bajo- se vea forzado a comprar; no porque le guste como inversión sino para detener la hemorragia de pérdidas.

G.G.: Ese proceso ya cicatrizó. Quedó atrás. Las posiciones de especulación se ubican ahora, en forma neta, en la otra vereda. Es gente que compró bonos antes de la reunión de la Fed y apostó, con acierto, que se llevaría la barrera de 4% por delante. Un bocado apetitoso, aunque lo que hoy se torna irresistible, a mi modo de ver, sea jugar exactamente a lo contrario...

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