"La Fed podría moderar su accionar y pisar el freno de la baja de tasas de interés"

Opiniones

El periodista dialoga con el especialista en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», quien destaca el alza de las Bolsas ante las pérdidas que mostraron los principales bancos norteamericanos. Pero aún más importante, Gekko espera que esta reacción positiva en los mercados haya llegado para quedarse, más cuando la Reserva Federal podría ponerle un freno a la suba de tasas en su próximo encuentro.

PERIODISTA: Nos enteramos de que Wachovia, Washington Mutual, Merrill Lynch y Citigroup perdieron mucho dinero los últimos tres meses. Citi castigó su balance con u$s 15 mil millones en cargos provenientes de frentes muy diversos. Nada impidió, sin embargo, la estampida al alza de las Bolsas. ¿Otra vez el temor cede paso a la ambición?

Gordon Gekko: Ese es el riesgo moral en acción. Obra maravillas.

P.: ¿Terminó la fase de reconocimiento de los problemas?

G.G.: Pregúntele a JP Morgan Chase. Como sabe, uno de los pocos que se preservan rentables. ¿Para qué embarcarse de prisa en la suscripción de u$s 6 mil millones en acciones preferidas?

P.: ¿Cuál es la razón?

G.G.:
No lo sé. Morgan optó por difundir, primero, sus estados contables para, inmediatamente después, anunciar el aumento de capital. Si lo hubiera hecho en simultáneo, tendría que haber explicado los motivos.

P.: Necesitará ampliar su base de sustentación para digerir a Bear Stearns...

G.G.: No. La Fed le concedió la exención que solicitó en el cumplimiento de las exigencias de capitales mínimos, por un año y medio. Para tomar nuevos aportes, podría haber esperado que soplasen mejores condiciones.

P.: ¿Piensa que los inconvenientes en la cartera bancaria están lejos de atenuarse?

G.G.: La contabilidad, a simple vista, sugiere un aterrizaje suave. Pero si se hurga bajo la superficie, se advierte que no es así. El renglón subprime emana todavía sangre abundante (a pesar de lo mucho que se reconoció ya en los EE.UU.). Pero, además, se abren nuevos frentes. Préstamos para fusiones de empresas, CLO, títulos que fijan tasas en subastas, garantías de compañías de seguros monolíneas, préstamos personales. Todos estos renglones aumentaron su contribución negativa. Y se acercan los dolores de cabeza con las hipotecas comerciales -con gran riesgo para la banca regional-. Es difícil pensar que habrá salvamentos para los pequeños bancos de comunidades.

P.: Diría que después de la experiencia Bear Stearns, los problemas no cesaron de presentarse, pero ya no se toman tan a la tremenda...

G.G.: Eso es así. También se marcó la cancha, esta semana, en el mercado de cambios. De ahí, el repunte del dólar cuando el pesimismo, luego de la reunión del G-7, quería franquear 1,60. El presidente de la Unión Europea, Jean Claude Junker, fue quien recomendó leer de nuevo las entrelíneas del comunicado oficial.

P.: Europa no está contenta con la apreciación del euro. Ya le aprieta el zapato.

G.G.: Ese es el mensaje. Aunque no es lo mismo que lo digan los políticos que los miembros del Banco Central Europeo.

P.: Allí todavía no reina un consenso uniforme.

G.G.: Alemania y Austria militan en el bando de mantener la dureza monetaria aun a costa de soportar un euro más alto. Sus representantes en el Consejo Monetario del BCE, Axel Weber y Klaus Liebscher, salieron al ruedo con las tapones de punta. Dijeron que una suba de tasas no puede descartarse.

P.: El rescate de Bear Stearns, la sombra de una eventual intervención cambiaria, las recomendaciones de la OCDE y del FMI de echar mano a recursos públicos para detener la propagación de la crisis. ¿Hasta dónde la reacción favorable de las Bolsas no descansa en la presunción de que la crisis, en última instancia, quedará acorralada por la diligencia de la acción oficial?

G.G.: Es lo que se observó con nitidez esta semana en las acciones de los bancos ingleses. Pese a las noticias poco alentadoras que surgen a medida que se barre la basura guardada, hasta ahora, prolijamente bajo la alfombra. La virtual confirmación de que el Tesoro y el Banco de Inglaterra les lanzarán un cable a tierra fue fundamental para gatillar una reacción furibunda a la suba. Aun después de las revelaciones del Royal Bank of Scotland (que planea apuntalar su capital en más de u$s 20 mil millones para absorber pérdidas que rondarán los u$s 15 mil millones). La clave pasa por las condiciones de la ayuda oficial para aliviar la carga hipotecaria. En principio, será un canje de activos por u$s 100 mil millones.

P.: ¿Cree que esta recuperación en las Bolsas podrá diferenciarse de otros episodios recientes y extender sus alcances más allá de un mero rebote?

G.G.: Debería ser así. Demostró estómago para enfrentar los malos balances y no tiene exigencias de altas expectativas que satisfacer. Ya se asume que las ganancias por acción en el primer trimestre caerán 14,6%; y en el segundo, 4%. Los inversores toleran las pérdidas abundantes que traen los bancos bajo el brazo. Y aceptan el sino de una recesión que hace mella en los indicadores. Si eso no asusta, si no provoca vértigo, entonces, no hay motivos para no escalar nuevas alturas. Mire el lado positivo: sobra el cash ocioso en las carteras.

P.: Ese es un combustible muy poderoso...

G.G.: No hay mejor aguijón que la desesperación por ver partir el tren y quedarse de a pie en la estación. Más si en la próxima reunión la Fed modera su accionar. O sea, pisa el freno de la baja de tasas de interés y emite una señal de que la situación se compone. Más aún, si el programa de estímulo fiscal, que comenzará a derramar en mayo, levanta las cifras del gasto y maquilla una mejora. No importa tanto si se trata de un «veranito» o si es el primer paso de una recuperación genuina que vaya a ser perdurable. Después de seis meses de presión constante, las chances de un recreo que dure más de un cuarto de hora son altas.

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