La "nueva izquierda" es solamente más populista
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Ocurre que, en los últimos años, los movimientos sociales y partidos de izquierda han resurgido en nuestra región con una fuerza sin precedentes en la historia reciente, contradiciendo a quienes - a comienzos de los '90 - creyeron que el colapso de la utopía soviética provocaría - casi automáticamentela desaparición de la izquierda.
¿Qué puede haber, de pronto, sucedido? Una confluencia - circunstancial - de factores, bien aprovechada.
Pero en la nueva izquierda aparece también una « visión» distinta del futuro --absolutamente sesgada, cuando de interpretar la realidad y la historia se trata - que combina la utilización del mercado como mecanismo de coordinación de la economía, la propiedad privada y hasta una concepción - más o menos disfrazada del capitalismo; con las más diversas fórmulas de intervención del Estado con tono siempre populista, con una mayor redistribución de los ingresos; y con toda una nueva «planificación» política (presuntamente democrática) que, en los hechos, procura controlar absolutamente todos los resortes del Estado, como lo comprueba el grosero pisoteo de la Constitución Nacional que se esconde detrás del proyecto de modificación del Consejo de la Magistratura en nuestro propio medio impulsado, desde su génesis, por la senadora Kirchner, para quien - está claro - la noción de la independencia e imparcialidad del Poder Judicial resulta molesta, seguramente porque limita y controla al poder.
Pero esta «nueva» izquierda no parece, sin embargo, tener un modelo operativo preconcebido, sino que reacciona - impulsivamente - a los diferentes momentos y circunstancias. Así, por ejemplo, mientras, de pronto, propone «poner el gasto social por encima del pago de la deuda», no vacila en - rápidamente - «privilegiar el pago al FMI» si ello resulta políticamente conveniente.
Lo cierto es que - de la mano de estos cambios en el universo político - ha aparecido un «nuevo» peligro para la región corporizado en una «nueva» mezcla de autoritarismo y populismo. Quizá porque el principio democrático es absolutamente extraño a los «nuevos» movimientos, en cuyos propios mecanismos internos de dirección y renovación la realidad de la democracia, a la manera de Fidel Castro, está notoriamente ausente.
(*) Ex embajador de la Argentina ante las Naciones Unidas.




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