26 de diciembre 2005 - 00:00

La "nueva izquierda" es solamente más populista

E l reciente triunfo de Evo Morales, en Bolivia, y las actualidades venezolana, ecuatoriana y peruana nos mueven a reflexionar sobre una «nueva» realidad.

Ocurre que, en los últimos años, los movimientos sociales y partidos de izquierda han resurgido en nuestra región con una fuerza sin precedentes en la historia reciente, contradiciendo a quienes - a comienzos de los '90 - creyeron que el colapso de la utopía soviética provocaría - casi automáticamentela desaparición de la izquierda.

Lo cierto es que en los más diversos rincones de América latina ha aparecido una «nueva» izquierda que amalgama - en torno al denominador común de promover una mayor igualdada un grupo multiforme de actores que hasta ahora habían estado dispersos.

Me refiero a los viejos comunistas, a los nacionalistas populares, a los ex guerrilleros, a los partidos reformistas y a organizaciones que habían tenido un contacto marginal con la política, como los sindicatos o algunas asociaciones de indígenas, campesinos, radicales religiosos, derechos humanos o ambientalistas. Todos ellos - unidos por una «pensée unique»- conforman ahora alianzas electorales capaces de impactar en el ámbito de la política, pasando de concentrarse ayer en el « proletariado» a apuntar hoy al «pobretariado».

¿Qué puede haber, de pronto, sucedido? Una confluencia - circunstancial - de factores, bien aprovechada.


En primer lugar, después de una larga fase bajista del ciclo de los precios de las materias primas (que sumió a la región en la depresión), en 2002 la aparición de China y la India como grandes demandantes generó una larga fase de euforia en esos mismos precios de los productos de la región ( agrícolas, hidrocarburos y minerales) y, con ello, una fuerte reactivación de las economías, que volvieron a crecer, dejando atrás el pesimismo. En segundo lugar, la referida aparición de los nuevos actores en el escenario de la política, con el estímulo permanente del régimen de Hugo Chávez. Tercero, el tremendo descrédito de los partidos políticos tradicionales que se suicidaron doblemente por su falta de idoneidad y proclividad a la corrupción. Finalmente, la aparición de una nueva «proveedora ideológica», encarnada en la internacional de izquierda edificada en derredor del Foro Social Mundial que nació en 2001, en Porto Alegre, ciudad que entonces era una vidriera del éxito del PT brasileño, hoy también sumido en el fango de la corrupción, que no distingue entre izquierda y derecha, sino que florece en los ámbitos del poder, más allá de las ideologías.

•Visión

La «nueva» izquierda tiene algunas formas e instrumentos distintivos en las « coaliciones»; los «movimientos»; el uso y abuso organizado de las calles; las « coordinadoras»; los frentes «amplios»; una verdadera multiplicidad de agendas y prioridades y un altísimo relieve de la « sociedad civil».

Pero en la nueva izquierda aparece también una « visión» distinta del futuro --absolutamente sesgada, cuando de interpretar la realidad y la historia se trata - que combina la utilización del mercado como mecanismo de coordinación de la economía, la propiedad privada y hasta una concepción - más o menos disfrazada del capitalismo; con las más diversas fórmulas de intervención del Estado con tono siempre populista, con una mayor redistribución de los ingresos; y con toda una nueva «planificación» política (presuntamente democrática) que, en los hechos, procura controlar absolutamente todos los resortes del Estado, como lo comprueba el grosero pisoteo de la Constitución Nacional que se esconde detrás del proyecto de modificación del Consejo de la Magistratura en nuestro propio medio impulsado, desde su génesis, por la
senadora Kirchner, para quien - está claro - la noción de la independencia e imparcialidad del Poder Judicial resulta molesta, seguramente porque limita y controla al poder.

Pero esta «nueva» izquierda no parece, sin embargo, tener un modelo operativo preconcebido, sino que reacciona - impulsivamente - a los diferentes momentos y circunstancias. Así, por ejemplo, mientras, de pronto, propone «poner el gasto social por encima del pago de la deuda», no vacila en - rápidamente - «privilegiar el pago al FMI» si ello resulta políticamente conveniente.

Lo cierto es que - de la mano de estos cambios en el universo político - ha
aparecido un «nuevo» peligro para la región corporizado en una «nueva» mezcla de autoritarismo y populismo. Quizá porque el principio democrático es absolutamente extraño a los «nuevos» movimientos, en cuyos propios mecanismos internos de dirección y renovación la realidad de la democracia, a la manera de Fidel Castro, está notoriamente ausente.

(*) Ex embajador de la Argentina ante las Naciones Unidas.

Dejá tu comentario

Te puede interesar