"La recuperación más plena brotará de Estados Unidos, Japón y Europa"
(El diálogo es con un operador de la bolsa de Nueva York, quien no quiere ser identificado y por eso en la nota figura como Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpretó Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es si la economía del mundo está entrando en recesión por la crisis del petróleo.)
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Gordon Gekko: Como resumen de lo acontecido en el segundo trimestre, me parece una descripción acertada. Como pronóstico de lo que ocurrirá en la segunda mitad del año, que -hoy en día- es una tentación frecuente, pienso que se trata de una extrapolación riesgosa. Es, por lo menos, una conclusión apresurada.
P.: ¿No comparte la noción de que el mundo ha vuelto a estancarse?
G.G.: No. Es sabido que la recuperación internacional ha perdido bríos. Y, en parte, éste ha sido un resultado buscado por el cambio de la política monetaria en países como Gran Bretaña y Australia, primero, y por los Estados Unidos y China, después. Pero el crecimiento permanece.
P.: Ha bajado un escalón en el segundo trimestre pero se recuperará en el tercero...
G.G.: Esa es la idea.
G.G.: En los Estados Unidos ya hemos reunido una buena porción de evidencia a favor de la hipótesis. Fuera de los Estados Unidos, el análisis debería reconocer situaciones muy distintas. Tome China. Allí la política económica está diseñada para producir un menor nivel de actividad. Y probablemente lo consiga...
P.: China -con un crecimiento en torno a 9%- es un caso excepcional. ¿Qué pasará con el resto del mundo?
G.G.: Tal vez Gran Bretaña -donde la política monetaria ha sido empleada con gran agresividad- registre finalmente algún síntoma de contención. Pero, a la par, las últimas minutas del Banco de Inglaterra sugieren que quizás el final del proceso de suba de tasas se encuentre mucho más cerca de lo que estiman los mercados.
P.: ¿De dónde brotará entonces una recuperación más plena?
G.G.: De Estados Unidos, Japón, el continente europeo, las economías emergentes.
P.: Japón ha dado la nota. Pero no ha sido, precisamente, una contribución positiva.
G.G.: Cuando las cuentas nacionales arrojan en Japón un número fuera de línea, nunca sabemos cuánto atribuirlo a un cambio de tendencia y cuánto a un problema de medición.
P.: Se esperaba un fuerte avance de la inversión privada...
G.G.: Todos los indicadores apuntaban a un ritmo de dos dígitos de expansión... El informe Tankan, las órdenes de bienes de capital...
P.: Sin embargo, los datos del segundo trimestre muestran otra realidad. La inversión se frenó.
G.G.: No me sorprendería que una revisión posterior corrija las cifras. Hay una brecha enorme entre el informe del producto bruto y la lectura de un espectro muy amplio de indicadores contemporáneos referidos a la inversión, incluyendo la orientación que brindan las grandes empresas industriales que cotizan en bolsa...
P.: Mencionó a las economías emergentes como un factor que podría impulsar un repunte. No es el rol tradicional de estas economías cuando la Fed se empeña en una suba de tasas...
G.G.: Desde ya. Pero la suba de tasas tampoco ha desplegado -no hasta ahora- sus efectos tradicionales. Sobre todo, la calma que gobierna a las tasas de largo plazo resulta muy auspiciosa para los países emergentes.
P.: No se han interrumpido con brusquedad los flujos de capitales, como sucedió en los '90...
G.G.: Hubo un apagón en abril y mayo, cuando la Fed anticipó sus intenciones y la tasa de 10 años amagaba elevarse por encima de 5 por ciento.
P.: Un cortocircuito que duró poco tiempo...
G.G.: Tome a Brasil como ejemplo. Debió cancelar la emisión de un bono en abril ante las condiciones adversas. Pero pudo regresar a los mercados voluntarios de crédito a fines de junio. No enfrenta presiones en el mercado de cambios. No tuvo que enarbolar en alza las tasas domésticas de interés. Las corporaciones temieron un recorte del crédito internacional que tampoco llegó a cristalizarse. Esa transición -que en mayor o menor grado se repite en todos los países emergentes- pudo haber afectado el comportamiento del segundo trimestre pero -al disiparse la incertidumbre- debería favorecer un mejor andar en el tercero...
P.: Queda pendiente la amenaza del precio del petróleo. La recuperación podría zozobrar frente a una muralla de 45 dólares por barril...
G.G.: Es cierto. Pero, hoy por hoy, es la demanda, no la oferta, lo que explica el empinamiento de las cotizaciones. Y es la demanda final, no la acumulación de inventarios. No hay estrechez de oferta, sino una demanda que crece más deprisa que la oferta.
P.: Existe también una prima de riesgo que mete la cola...
G.G.: No lo discuto. Pero se monta sobre este delicado balance de oferta y demanda. Usted podía sacar a Irak de circulación cuando la economía mundial estaba planchada y el barril, aun así, no se sostenía por encima de los 20 dólares. Hoy usted cuenta los barriles de a uno para saber si le alcanzan.




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