19 de mayo 2005 - 00:00

La verdad en el debate Malvinas

Muchos argentinos pudieron ver por televisión el debate entre el actual canciller y el líder de Recrear, Ricardo López Murphy, que resultó un buen ejercicio democrático.

Durante su trascurso, López Murphy, hablando de Malvinas, se refirió puntualmente a un reciente documento de las Naciones Unidas relacionado con nuestra disputa de soberanía, al que el canciller, suelto de cuerpo, calificó audaz y reiteradamente (sin siquiera molestarse en verlo) como documento «preparatorio» de la labor del llamado Comité de Descolonización sobre la cuestión de Malvinas. Esto, pese a los dichos, no es para nada así.

Se trata -según he comprobadodel documento A/60/71 de la Asamblea General, que contiene el informe del secretario general de las Naciones Unidas sobre la llamada «Segunda década internacional para la erradicación del colonialismo» -que está en la mitad de su curso-. El mismo fue preparado por la Secretaría para información de todos los Estados miembro en función del punto 27 del respectivo «programa de acción» aprobado por esa Asamblea, en el que se convoca a desarrollar un programa -caso por casoque facilite la tarea de descolonización. Y, obviamente, posibilite completarla.

• Reseña

Entre esos casos está, precisamente, el de nuestra disputa de soberanía relativa a las Malvinas y las otras islas del Atlántico Sur.

El mismo da cuenta acabada de la labor desarrollada hasta ahora en Naciones Unidas a nivel de la Asamblea General; el Comité de Descolonización, ahora con 27 miembros; el Consejo de Seguridad; el Consejo Económico y Social; el Consejo de Administración, y la propia Secretaría General.

El documento contiene, asimismo, algunas conclusiones del secretario general, entre las cuales, en su número 27, se informa específicamente que desde el Comité de Descolonización se ha continuado urgiendo a las partes de los conflictos de soberanía de Malvinas y Gibraltar a -por ejemplo-continuar negociando para « encontrar una solución definitiva» a esas dos cuestiones.

Lo que llama poderosamente la atención es que el informe en cuestión, que se circula profusamente entre los 191 Estados miembro de las Naciones Unidas, incluye una sección (más extensa que el documento mismo) en la que los Estados miembro pudieron hacer saber a sus pares su propio punto de vista acerca de lo sucedido y de lo no sucedido.

• Desaprovechamiento

Nueva Zelanda, Santa Lucía, España y Siria utilizaron explícitamente la inmejorable oportunidad que se les presentaba. La información acompañada por nuestra Madre Patria sobre la cuestión de Gibraltar es -por ejemplo-la más extensa de todas y refleja -detalladamente-el parecer de su gobierno sobre la marcha de las negociaciones y los obstáculos que aún persisten respecto de ese viejo conflicto de soberanía aún no resuelto.

La Argentina tuvo, obviamente, la misma oportunidad que España y -a diferencia de ella-no la usó. La dejó pasar, entonces. Lo que puede, desde luego, ser fácilmente interpretado desde el exterior como desinterés o conformismo. Y, desde dentro, como desidia o abandono.

La Argentina debió -y pudo-señalar lo que ocurre a la comunidad internacional toda (y, más importante aún, todo lo que -pese a los reiterados llamados de esa comunidad a ambas partes a negociar el tema de buena fe- no ocurre) en las conversaciones en relación con la disputa de soberanía sobre las islas Malvinas y las demás islas del Atlántico Sur cuya soberanía nuestro país reclama. El tiempo -es obvio- no parece correr en nuestro favor. Tampoco los inexplicables y reiterados silencios.

Más allá de la arroganteintemperancia que parece caracterizar siempre a alguno que prefiere agraviar a debatir, nuestra opinión es que se perdió, inexplicablemente, una excelente oportunidad para difundir nuestro punto de vista como país, lo que es ciertamente lamentable.

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