Un Lionel Scaloni "sin experiencia", otro nuevo mito criollo

Opiniones

La idea de un Lionel Scaloni sin experiencia que conquista la Copa del Mundo comienza a ser otro de nuestros mitos criollos.

Los argentinos amamos los mitos. Y tanto más nos gustan cuanto más impregnados estos nacen del caldero popular. Claro que alguien podría decir, incluso certeramente, que todos los pueblos tienen fábulas propias y que estas constituyen su folklore. Lo que no estoy tan seguro es que a ese mismo folklore lo utilicen diariamente para tomar sus decisiones estratégicas, ya sea en su ámbito público como en el privado.

Argentina lleva décadas con una tendencia a contramano incluso de sus vecinos regionales. Si bien todos sabemos que Latinoamérica no es en general un páramo de desarrollo, lamentablemente, sí es cierto que países como Chile, Uruguay, Brasil, Perú, Bolivia y Paraguay, por ejemplificar, han mostrado en estos últimos cuarenta años un avance significativo en sus variables socioeconómicas contrario a lo que ha sucedido en nuestro país donde, bis a bis, estos mismos indicadores solo han dado cuenta de retrocesos.

¿Qué explica estas diferencias? ¿Qué hace que un país con el enorme potencial del nuestro presente una performance siempre a la baja? Simplificando, pero sin por eso dejar de ser suficientemente asertivos, podríamos decir que la explicación más certera viene justamente de esas ideas que muchas veces, como afirmábamos en un principio, están excesivamente marcadas por nuestros propios mitos.

En este mismo sentido, hace ya una semana que las redes sociales, incluso algunas más “serias” como aquella dedicada al mundo del empleo, se encuentran repletas de memes, notas y “sesudas” opiniones que afirman sin miramientos que Lionel Scaloni, el exitoso técnico de nuestra maravillosa Selección de fútbol ha triunfado sin tener experiencia. Y desde allí, desde esa misma taxativa aseveración, deducen que pedir experiencia previa en un curriculum profesional es casi una especie de afrenta que ahuyenta a otros muchos potenciales talentos de tener la oportunidad de ganar, en cada ámbito en cuestión, la equivalente “copa del mundo” que esté en juego.

Sí, como irá ya deduciendo el lector, así nace un nuevo mito criollo.

Como en tantas otras cuestiones argentinas, la coyuntura oculta la cuestión de fondo. La multiplicación de este tipo de publicaciones no hace otra cosa que dar cuenta de un mercado laboral poco dinámico que se traduce en escasas oportunidades de buenos empleos. Lo cual, a su vez, genera una tendencia favorable a que las barreras de entrada al mercado sean cada vez más altas y que la frustración de los jóvenes se multiplique.

Del mismo modo, pero ya orientados al punto central de esta nota, el manantial de publicaciones que aplauden (aunque equivocadamente, como intentaré demostrar) que se le haya dado una oportunidad semejante a Scaloni, un supuesto “técnico sin experiencia”, refleja otro gran mito arraigado en nuestras tierras, y es aquél que sostiene que el sistema educativo es suficiente al momento de dotar de las competencias necesarias para que un egresado pueda tener la oportunidad de desarrollarse exitosamente en el mundo profesional.

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A decir verdad, es comprensible la presunción. Si la obligatoriedad escolar en Argentina (inicial, primaria y escuela media) manda a los jóvenes a permanecer escolarizados durante un promedio de 14 años de su vida, que éstos y sus familias asuman que al salir se encuentran listos para desarrollarse profesionalmente no resulta arbitrario. Mucho menos lo es cuando ellos mismos y esas mismas familias suelen invertir incluso en un promedio de entre 4 y 6 años más de educación superior, con todo el esfuerzo que eso implica.

Aún así, lamentablemente para todos, es una presunción falsa.

Hace más de una década atrás, trabajando en un organismo público orientado a la educación sostuve un diálogo esclarecedor con un empresario con el que intentábamos llevar adelante un convenio de pasantías; una iniciativa que se anticipó muchos años a lo que luego sería el programa de prácticas laborales obligatorias en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En ese momento intentábamos que el empresario en cuestión facilitase sus instalaciones para que alumnos que se instruían en oficios pudieran adquirir experiencia. En medio de la reunión, uno de mis acompañantes, nutrido exclusivamente de la lógica de un pedagogo, le consultó al empresario si éste estaría dispuesto a abonar una pequeña suma simbólica para estimular al alumno. El ¡no! de aquél emprendedor fue tan contundente como su argumento posterior, al punto que hasta resultó convencido aquel Licenciado en Educación, aun habiendo estado lleno de todos los prejuicios sobre el mundo privado que dicha carrera suele traer consigo.

Un alumno (y vale lo mismo para un egresado) que ingresa en un ámbito laboral sin ningún tipo de experiencia previa es más un problema que una solución y para el empresario es, por tanto, más un costo que un beneficio. Y esto no solo por los insumos que probablemente arruine conforme adquiere su práctica y los seguros necesarios para que un accidente no se traduzca en un juicio insanable para la empresa, sino por el sinnúmero de reglas y procedimientos que un ámbito laboral tiene y que un estudiante (o egresado) desconoce. Ese conjunto de saberes es el que constituye, sedimenta y dota de realidad al concepto de “empleabilidad”, entendido este según RAE como el “conjunto de aptitudes y actitudes que permiten a una persona conseguir y conservar un empleo”.

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Como muchos de los que hemos tenido la fortuna de convertirnos en profesionales hoy sabemos, adecuarse a un ámbito laboral es un camino largo, tortuoso, lleno de errores, frustraciones y conflictos que no se resuelven con una mera charla introductoria o con un “manual”. Es por eso por lo que la idea de que una pasantía laboral es en realidad un tipo de “explotación laboral encubierta” solo puede surgir en la mente febril de aquellos que jamás han transitado con éxito por el mundo del trabajo. Por el contrario, el único beneficiado de que se le otorgue tal oportunidad es aquél que carece de dicha empleabilidad y se encuentra deseoso de obtenerla.

En tal sentido, los que promueven la idea de un Scaloni “sin experiencia” desconocen (o eligen desconocer) que este gran técnico argentino de 44 años:

  • Debuta en el Club Atlético Newell's Old Boys en 1995 con 16 años.
  • Con 18 años transfiere su carrera a Estudiantes de La Plata en donde logra ser tenido en cuenta por José Nestor Pérkeman para la Selección Nacional Sub 20.
  • En 1997 forma parte del equipo campeón juvenil en la copa de Malasia, tras lo cual migra como jugador profesional a La Coruña, España.
  • En la temporada 1998-1999 resulta campeón de la Liga de España.
  • En la temporada 2000-2001 y 2001-2002 resulta sub campeón de la misma liga (entre otros muchos éxitos en ella).
  • Se retira como jugador de fútbol profesional en 2015, tras 20 años de carrera continúa.
  • Previo a retirarse comienza sus estudios para formalizar sus conocimientos como director técnico. En 2016 se incorpora como segundo entrenador en el Sevilla de España, dirigido por Jorge Sampaoli.
  • En 2017 es incorporado también por Sampaoli como ayudante en la Selección Nacional de Fútbol.
  • En Agosto de 2018 asume como técnico de la selección nacional.

Como podrá notar el lector, para el momento de tener su oportunidad como técnico del seleccionado nacional, Lionel Scaloni contaba con 23 años ininterrumpidos dentro de su contexto laboral, adquiriendo por ende un enorme porcentaje de empleabilidad que le ha permitido aprovechar sus estudios posteriores como técnico. Esto último, junto a su innegable talento natural y el fabuloso equipo que supo reunir, le han permitido lograr la hazaña que finalmente conquistó. Como podrá notar también el lector, son múltiples los factores que permitieron esa conquista y ninguno de estos permite describir a Scaloni como “un técnico sin experiencia”.

Hablábamos en un comienzo del derrotero negativo que nuestro país ha evidenciado en las últimas décadas. Sirva esta nota para ilustrar la necesidad imperiosa, urgente, obvia y a esta altura dramática, de que escuchemos las advertencias que supo hacerle ya oportunamente Juan Bautista Alberdi a Domingo Faustino Sarmiento, y entendamos más pronto que tarde que este sistema educativo endogámico, artificial, vetusto y anquilosado que ostentamos como uno de nuestros mitos, debe abrirse ya mismo a su convergencia con el mundo del empleo real, para que los millones de jóvenes que egresan de él lo hagan ya dotados de esa empleabilidad necesaria para entonces sí reclamarle al mercado laboral que les otorgue la oportunidad que creen tener luego de tanto esfuerzo.

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