Los Fondos Soberanos rescatan capitalismo con u$s 15 trillones
-
¿Libre albedrío? IA para condicionar y manipular
-
Más de un tercio de las empresas en Argentina ofrece beneficios para el retiro
La dimensión de los activos de los actuales FSI es gigantesca. Los cuatro fondos de los países del Golfo (Abu Dhabi, Kuwait, Qatar y Dubai) tienen activos del orden del trillón de dólares. El noruego, que comenzara a operar en 1990, ha hecho inversiones por unos 300 billones de dólares. Y el ruso, que se conformara en 2003, ya tiene unos 100 billones de dólares invertidos. En Asia, Singapur posee dos FSI (GIC y Temasek) que, juntos, acumulan activos por unos 200 billones de dólares. La «Korea Investment Corporation» inició sus actividades en 2005 y ya opera con unos 20 billones de activos. Finalmente, China ha puesto 200 billones de dólares de su 1,2 trillón de reservas en la «China Investment Corporation», invertidos parcialmente en «Blakstone».
Enormes sumas por todas partes, según queda visto.
En paralelo, una nueva variante del capitalismo de Estado está también creciendo. Arabia Saudita, China, la India y Brasil tienen hoy, juntos, 80% de las reservas de hidrocarburos del mundo. Con Rusia, ese porcentaje crece aun más. Rusia y China están ya cerca de dominar la oferta de aluminio y la de hierro. Y Pekín, que ya es el mayor productor de oro del mundo, acaba de tomar una participación en el capital del «Standard Bank», de Sudáfrica, que opera en el país.
En ese marco, Rusia usa a Gazprom para presionar (con el abastecimiento de gas natural) a sus vecinos. China a Sinopec para operar en el sector de los hidrocarburos aun en países controlados por regímenes autoritarios y represivos. Francia, por su parte, avanza en el capítulo de la generación de energía nuclear con una combinación propia: la de una empresa del estado (Areva) y la gigantesca empresa de ingeniería Alstom (la del tren bala que se construirá en el país).
La novedad es que la inversión externa parece haberse convertido, en algunos casos, en una suerte de instrumento de la política exterior de algunos Estados.
A diferencia de los bancos centrales, que colocan sus reservas con bastante prudencia (en gran medida, en letras de tesorería extranjeras), los FSI invierten buscando (I) mayor diversificación en materia de instrumentos (bonos, acciones, materias primas, derivados, y hasta inversiones en el sector privado) y (II) márgenes de riesgo significativamente más altos y, por ende, mayores rendimientos.
No obstante, por su misma naturaleza estatal, salvo el caso particular de Noruega, y, en alguna menor medida, el de Singapur, los FSI no son demasiado transparentes en lo que a sus decisiones de inversión. Esto genera preocupaciones de todo tipo. Una de ellas es la que tiene que ver con el tamaño eventualmente desestabilizador de los FSI, lo que provoca pesadillas, como la que surge simplemente de recordar el exitoso ataque a la libra llevado a cabo por varios «hedge funds», a comienzos de los 90. Otra es la que emana de la posibilidad de que se tomen decisiones de inversión -o de bloqueo de las mismas- simplemente por razones de corte nacionalista. Como sucediera en los Estados Unidos ante la posibilidad de que una empresa de los Emiratos adquiriera, de pronto, el control de varios de los mayores puertos de los Estados Unidos. Por esto lo de ser inversores «pasivos», que no están activos en la administración de los activos en los que han invertido.
Frente a esas preocupaciones hay distintas propuestas, tendientes a tratar de definir el carril por el que «debieran» transitar las inversiones de los FSI, de manera de asegurar algún grado de diversificación, la necesaria transparencia y la posibilidad de evitar los riesgos sistémicos. Lo cierto es que, al menos por ahora, esas reglas sólo aparecen en los tableros de diseño. Nada más. Y los FSI son, en cambio, una realidad tangible. La actitud restrictiva respecto de los FSI es más evidente en Europa que en los Estados Unidos. Pero en este último país las propuestas de inversión de los FSI deben ser sometidas a revisión por parte del Poder Ejecutivo, por un período de 45 días.
Tan son los FSI una realidad, que recientemente ellos han salido visiblemente al rescate de algunos de los más grandes bancos de inversión acuciados por la crisis del sector hipotecario norteamericano. El Citi y Merrill Lynch han recibido, en conjunto, unos 21,1 billones de capital fresco de los FSI, provenientes, casi todos, de Medio Oriente y de Asia, incluyendo a Corea del Sur y Japón. El banco suizo UBS, por su parte, obtuvo, muy poco antes, unos 11,9 billones de dólares suministrados por algunos FSI, de Singapur y Medio Oriente. Morgan Stanley, en idéntico andarivel, recibió unos 5 billones de dólares provenientes de fondos de FSI de China y Singapur. Algo bastante parecido ha sucedido también con Bear Stearns. El instrumento más usual, en estos casos, ha sido el de los títulos de deuda o acciones con algunas preferencias y convertibles en acciones ordinarias. Cuando, como ahora, el crédito se seca, esta avenida luce particularmente atractiva.
Ante la evidencia de lo descrito, respecto del capitalismo tradicional quizás cabe aquello de «quién te ha visto y quién te ve»; o lo de la necesidad y las « caras de hereje». Todo un cambio que ya es una realidad visible y preocupación incipiente.




Dejá tu comentario