Los muertos gozan de buena salud
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No deja de resultar curioso que la recesión que afilaba sus garras en los EE.UU. haya rasguñado, en el segundo trimestre, a Europa y Japón y dejado indemne a la presa obvia. Ninguna economía de la OCDE navegó estas aguas traicioneras con éxito comparable. El segundo mejor desempeño del G-7 lo protagonizó Gran Bretaña, que se estancó. Así, la zona del euro se hundió 0,8% (con caídas registradas en Alemania, Francia e Italia). Y Japón, por su parte, se retrajo 2,4%. Más aún, si se toman los últimos cuatro trimestres computados, ninguna de las economíaslíderes le hace sombra a los EE.UU. Mientras éste se las arregló para redondear un crecimiento efectivo de 2,2%; el nivel de actividad aumentó sólo 1,5% en la eurozona, 1,4% en Gran Bretaña y 1% en Japón.
¿Toca pues la hora de arriar los presagios de recesión en los EE.UU.? Desde ya que no. Sería, a todas luces, una imprudencia. La buena salud de los muertos en vida puede no ser duradera. La vigencia de los dos sostenes de la pujanza reciente -la demanda del resto del mundo y el aumento del ingreso personal disponible, cortesía del potente paquete fiscal de estímuloacarrea sus propios bemoles. En la medida que el mundo se acopla a la crisis, el sector externo, por añadidura, debería perder capacidad de tracción sobre la industria de los EE.UU. Por su parte, el programa de aliento fiscal, diseñado a la manera de una brigada de respuesta rápida, ya desplegó sus mayores efectos. Y, ausente su influjo, el consumo arroja indicios de perder vuelo peligrosamente. Si, por último, la Fed se mantiene en la tesitura esbozada en las minutas difundidas esta semana -allí se anticipa que el próximo movimiento de tasas será al alza-, tampoco la política monetaria despejará el terreno. Surge claro que los elementos más favorables tienden a disiparse mientras los componentes engorrosos del equipaje confirman su vocación de permanencia. No hay recurso a mano que pueda borrar del horizonte cercano las convulsiones inmobiliaria y automotriz ni los percances de la banca y su correlato de restricción crediticia. No corresponde confiarse. En este difícil camino de cornisa, la recesión sigue acechando detrás de la próxima curva, no importa cuántas se negociaron antes con acierto.



