"No hay señales de crisis internacional"
(El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», quien no ve la gestación de una crisis internacional con el revés en los plebiscitos en Europa y el comportamiento del dólar frente al euro. Este fue el diálogo que mantuvo el especialista con este diario.)
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Gordon Gekko
Gordon Gekko: Son demasiados tironeos para mi gusto. Pero no hay señales de crisis. Que el dólar esté subiendo -siendo la moneda de reserva, la que provee la liquidez mundial- es lo que marca la diferencia. Calma a las fieras. Sobre todo por la forma en que está trepando: la reacción frente al euro es bastante lógica, pero la capacidad de empinarse frente a las monedas asiáticas -con la revaluación del yuan renminbi como fondo- es una medida de fortaleza más que respetable.
P.: Curioso destino el del dólar. A comienzos de año se especulaba sobre su extinción. Que podía perder su rol como moneda de reserva, se aseguraba. Y hoy, de repente, ha retomado el papel de estrella. No hay divisa que se le resista.
G.G.: Así es el mercado de monedas. De humores cambiantes. Y misa diaria.
P.: Usted no pensaba que había llegado el fin de la caída del dólar frente a las divisas internacionales. ¿Lo piensa ahora?
G.G.: Sinceramente, no. De la misma manera que no compraba un extremo - la defunción del dólar- tampoco compraría la versión opuesta. Pienso que, finalmente, si eso es lo que quiere, EE.UU. se saldrá con la suya y obtendrá un dólar más barato en término de las monedas de Asia. Incluyendo, por supuesto, al yuan...
P.: ¿Qué tan grave es el No francés? ¿Es una lápida para el euro?
G.G.: Usted ya escuchó el No francés y se prepara a recibir un No holandés. Sobre llovido, mojado. Lo que no pudieron conseguir tres o cuatro trimestres consecutivos de magros indicadores europeos -torpedear el euro- lo obtuvieron de un plumazo estos dos referendos. Pero, a la par, si mira a las bolsas europeas, no observa ningún daño. A decir verdad, Londres, París, Francfort, lucen mucho mejor que Wall Street.
G.G.: Lo es. Pero por alguna extraña razón todo el desaliento se expresa en el euro y nada en el resto de los activos financieros. ¿No debiera la Bolsa acusar recibo de un futuro tan ominoso?
P.: ¿Cómo lo explica?
G.G.: No pretendo tener la respuesta. No lo sé. Sólo digo que, a la hora de justificar los resultados, pocos recuerdan que seis meses atrás, en las mismas encuestas que predijeron correctamente el rechazo, 65% de los franceses estaba a favor del Sí.
P.: ¿El No francés es, esencialmente, un voto contra Chirac?
G.G.: ¿No es esa acaso la mejor tradición francesa? ¿No se tuvo que ir a su casa el gran De Gaulle tras perder un referendo sobre la reforma del Senado en 1969? De Gaulle llevaba diez años en el poder, como le sucede ahora a Chirac. Y los vientos ya no soplaban a favor. Eche una mirada al mapa político de Europa y notará una marcada insatisfacción. No es sólo Francia. Schröder acaba de perder una elección regional; Berlusconi está arrinconado. Hasta Tony Blair, que obtuvo un tercer mandato reciente, es la víctima de los rumores constantes que hablan de un final anticipado y su reemplazo por Gordon Brown.
P.: Como sea, esta insatisfacción con el liderazgo político no puede ser favorable para la marcha de una moneda.
G.G.: No lo discuto. El único punto es que tampoco resulta novedosa. Otros mercados -mientras el euro se desayuna- parecen haberla digerido hace tiempo. ¿No es raro? ¿No será que la caída del euro responde, en el fondo, a otra dinámica? Dicho de otra manera: cuando el euro arrasaba ¿era acaso porque Europa prometía un horizonte económico y político de esplendor?
P.: Claro que no.
G.G.: El euro era, simplemente, la mejor vía para descartar el dólar. Era el no-dólar. Nunca tuvimos un euro fuerte -más allá de la euforia fugaz en su lanzamiento en 1999-, sino un dólar muy débil; un dólar que al dar un paso o dos hacia atrás, dejaba al euro adelante.
P.: El «cuco» del dólar débil eran los déficit gemelos de EE.UU. Y ahora se han retirado de la escena de las preocupaciones. Nadie pierde el sueño por ellos.
G.G.: Será hasta la próxima. De hecho, en lo que va del ejercicio fiscal, el déficit de las cuentas públicas se ha reducido en 47 mil millones de dólares. Por obra y gracia de la mejor actividad económica. Pero el desequilibrio de la cuenta corriente sigue creciendo, inatajable. No hay convergencia. Cuando el tema otra vez importe, allí mejorará la percepción sobre las otras monedas...




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