"No soy traficante de esperanzas"
La punzante lengua de Jorge Asís en la revista «La Tecla» pone el dedo en una llaga del periodismo argentino actual, aparte de sus incisivos análisis de la actualidad política con enfoques no frecuentes. En prensa se refiere al extinguir a unos medios de difusión que procuran otros medios para congraciarse con los poderes públicos. Son los «idiotas-útiles» que sin serlo le hacen el juego a la izquierda cuya característica criolla en su forma típica, de inspiración stalinista, es desesperarse por silenciar librepensadores no ideologizados. Como envejecieron Alvaro Alsogaray, Rogelio Frigerio, murieron Emilio Hardoy, Francisco Manrique, JuanValmaggia, acorralaron a Eduardo Escasany, pusieron biombo a Bernardo Neustadt, intimidaron a Roberto Alemann, ven distraído con el fútbol a Mauricio Macri, preparando programaciones a Gerardo Sofovich, recluido a Claudio Escribano, acomodándose a Ricardo López Murphy, incipiente a Jorge Sobisch, arañado a Pedro Pou, operado a Mariano Grondona, apartado al mismo Jorge Asís, y muchos más sueñan con ese unicato de opinión y de medios en la Argentina: todos sumisos a la mentalidad, ideología y orientación de Horacio Verbitsky. En definitiva son ingenuos porque los defensores de todas las formas de libertad son una raza que nunca se extingue porque es de fácil reproducción: basta con sentarse a pensar.
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Jorge Asís: No tenía por qué pensar que Kirchner iba a ser presidente. En realidad es producto de la impotencia política del peronismo de la provincia de Buenos Aires que muy sabiamente, reconstruye el concepto de autoridad en la Argentina y convierte ese dedazo de Duhalde en una segunda oportunidad generacional, que en definitiva parece representar la renovación de la permanencia.
J.A.: Hay todo un discurso supuestamente transgresor y renovador de los '90 que, sinceramente, es muy superficial. Uno rasca un poco la cascarita y no hay nada más que discursos.
P.: ¿Qué fueron los '90 a grandes rasgos?
J.A.: Un arreglo con los centros importantes de poder, sobre todo con los EE.UU.; la transformación de la economía, las privatizaciones, una estabilidad monetaria, y en el fondo todo se mantiene vigente, porque cuesta intentar un discurso supuestamente progresista cuando se sabe que el sostén principal sigue siendo la relación con los EE.UU. Cuando veo políticos importantes del gobierno del peronismo hablando de este viaje a España, cuando dicen los empresarios españoles por fin nos entendieron, me pregunto qué es lo que en el fondo se cambió, porque parece que se está viviendo de lo que se hizo en esos '90, cuyo principal beneficiario fue Kirchner, porque aquí condenan a todos los que fueron responsables de una política. A mí me indigna mucho este peronismo parricida y caníbal.
J.A.: Verdaderamente, es un hombre inseguro que trabaja sobre la inseguridad del otro, duplica o triplica la apuesta y en el fondo gana. Pero también es un duro en el difícil arte de arrugar, es un duro que sabe arrugar. Con todo esto, Kirchner es el presidente que los medios quieren que sea. Creo incluso que la crítica que se hace a Kirchner desde la derecha es exactamente funcional a lo que necesita en materia de oposición, porque en verdad no es un gobierno izquierdista, es un gobierno trucho.
P.: Es escéptico...
J.A.: No soy un traficante de esperanza, en el nombre de la esperanza se han hecho ignominias en la Argentina.
P.: ¿Kirchner es peronista?
J.A.: Creo que Kirchner no tiene tanta influencia sobre el general Perón como sobre el general Galtieri. Hay una cierta visión malvinera de la relación oral con los poderosos. Esta cruzada que se relaciona con el tema de la deuda me parece que se está manejando de una manera lamentable. Me parece un agravio a la inteligencia y la vivo con una cierta humillación en el plano personal, nacional, el hecho de que el Presidente diga: «Esto fue un casino»... Me parece un dislate absurdo que sólo se sostiene con una complacencia mediática.
P.: ¿Cómo evalúa a los medios frente a Kirchner?
J.A.: Hay excepciones, pero el tema de la complacencia mediática es general y se ve. Después existe toda una actitud prebendaria, en este país del capitalismo prebendario donde prácticamente el empresariado es muy difícil que pueda subsistir de manera privada sin una relación con el Estado. En los grandes sectores de la prensa también tenemos que hablar de un periodismo prebendario, muy prendido en los devenires del Estado. Todos viven de algún aviso, esto se maneja muchas veces desde la chequera. Y una vez que alguien se atreve a criticar a estos muchachos, sale todo un batallón de defensores de tapas de revistas, diarios y demás, para masacrar al díscolo, lo que genera una extorsión intelectual. Cualquiera que se largue con alguna observación, salen los propios medios a masacrarlo, y esto no es setentismo, es ochentismo, pasaba durante el período presidencial de Alfonsín. Entre el '83 y el '86 era muy difícil establecer la línea crítica, porque se estaba condenado con el rótulo de desestabilizador. Yo conozco Santa Cruz y no quiero que sea la Argentina un Santa Cruz nacional.
J.A.: Sobreactúa esta visión de setentista casi culposo, porque mientras Hebe de Bonafini y las Madres daban vuelta a la Plaza de Mayo, los Kirchner compraban departamentos en Santa Cruz. Lo que me parece más importante en el Presidente es esta condición de maltratador de corporaciones culposas. Pero yo no le acepto el parricidio, la demonización de lo anterior ni la canallada contra todos los que fueron responsables de lo que se hizo.
P.: ¿Cómo lo ve a Menem?
J.A.: Menem perdió solo y creo que ese declive fue patético. Yo soy un hombre agradecido, he sido diez años embajador de Menem, se me caería el rostro si tuviera que convalidar todos estos latrocinios que convalidan muchos de los tipos que estaban ahí. Béliz va a poner preso a Kirchner dentro de siete años, cuando aparezca otro el próximo inquisidor que vendrá a diabolizar, son características de esta pendularidad.
P.: Lo veo lejos del Partido Justicialista...
J.A.:Yo no me voy del partido porque no tengo a quién plantearle la renuncia, y esto es tan positivamente inmoral que no hay quien diga no, con este hombre tengo que hablar; si tengo que plantear un problema político a Fellner, lo vivo como una impertinencia. El país está mayoritariamente en manos de una fuerza política que en la práctica no existe. Hoy es una carcaza vacía. Hoy no hay un justicialistómetro, si me fuera no habría desde dónde irse.
P.: ¿Sigue siendo amigo personal de Menem?
J.A.: Por supuesto, si bien no lo veo ni hablo con él; soy un tipo agradecido.
P.: ¿Pero qué va a hacer usted? ¿Formaría un nuevo partido?
J.A.: Ya se va a enterar. Irse o quedarse del Partido Justicialista es lo mismo, yo tengo identidad justicialista, razón por la que me cuestiono quién es el que ahora está en condiciones de expulsar a alguien del PJ.




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