Castillo, el fantasma del fraude y la llave de la gobernabilidad

Opiniones

El presidente del Bicentenario llega al Palacio Pizzarro con las tropas cansadas y con una única llave. La clave será cómo usarla para acceder a la gobernabilidad.

Como si fuera una maldición de Huiracocha o de Inti, la democracia de Perú no consigue consolidar un presidente en el ejercicio del poder. Si los antecesores de Pedro Castillo llegaron con apoyo y aplausos populares y terminaron todos encarcelados, derrocados y deslegitimados, ¿qué le espera a Pedro Castillo, que (en el caso de que no se confirme el fraude) asumiría con apenas el 0,4% más de votos que su oponente Keiko Fujimori?

Ese guarismo implica que solo 71.455 votos sobre los 17 millones de peruanos que fueron a las urnas convirtieron al candidato de Perú Libre en presidente.

No es una cuestión de cantidad: para Castillo son cifras que demuestran la fragilidad de su victoria y para Keiko, un ariete desde donde agitar el fantasma del fraude, que espanta y quita fuerzas a la gobernabilidad futura.

No es una buena fotografía para recibir los doscientos años de un Perú que se forjó en la cultura andina, precolombina y ancestral de sus dioses y fundadores. El Bicentenario llega con un pasado mucho más sólido que su futuro y ese es un dato que –gobierne quien gobierne- debería tomarse como una lección de la historia.

Mientras los organismos oficiales e internacionales cuentan uno a uno los votos, la oposición denuncia fraude y el maestro rural comienza a ajustarse el traje de presidente, (sombrero incluido) los peruanos sienten la urticante sensación de que Perú necesita reinventarse.

Tendrá que ser Castillo quien calme las aguas. Solo lo logrará si demuestra un plan de gobierno definido, una postura clara sobre la posible reforma de la constitución nacional….solidez, en definitiva.

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Lecciones que también deberá apuntar Keiko Fujimori, a quien el pasado –y el apellido- la condenan.

Entre ambos, Castillo y Fujimori, sobrevuelan los fantasmas del fraude, del conflicto social, de la imposibilidad de tejer acuerdos. En definitiva, el temor a no poder gobernar. Las diferencias de votos, el sabotaje informático y cualquier otra forma que tenga esta denuncia encubre, en realidad, un agite mayor: que el que gane no cuente con suficiente legitimidad. Y termine engrosando la lista de los caídos.

Ese es el hilo conductor del que tironean ambos: Castillo como posible presidente de Perú y Keiko como su principal opositora. Con una salvedad: ese mismo hilo atará acuerdos o terminará de ahorcar el poder de uno y otro en la asamblea legislativa, según la habilidad con la que cada uno lo maneje.

En efecto, por primera vez desde el regreso de la democracia, se renueva toda la asamblea legislativa y esto le da la posibilidad de reescribir la historia: de 130 asambleístas electos, 122 lo serán por primera vez. De ese congreso, apenas 39 curules (28,46%) responderán al nuevo primer mandatario, 27 (18,46%) a Keiko Fujimori y el resto se repartirá entre otros ocho partidos.

Nunca, desde que Perú volvió a la vida democrática, en 2001, la asamblea tuvo tal despliegue ideológico. Por eso, el nuevo mandatario deberá, si o si, que empezar a acumular consensos parlamentarios y navegar en el mar de la negociación permanente. Pero con la gran oportunidad de que esta nueva conformación legislativa le viabilice el camino de romper con estructuras políticas que provocaron que, en los últimos años, cuatro presidentes terminen presos, uno acabe suicidándose antes de ir a prisión y otros dos hayan renunciado.

No parece allanado el camino de la gobernabilidad, es cierto. En efecto, el maestro de nivel primario que viene con el aura invicta del indigenismo deberá negociar día a día con las huestes de la ex legisladora y administradora de empresas Keiko Fujimori. Quien, además de un apellido que marca presencia en los últimos treinta años de historia peruana, tiene al casi 50% de los votos bajo la manga. Y piensa hacerlos valer uno a uno.

Ellos deberán disputar el poder en la asamblea, el congreso unicameral que quedó convertido en un inmenso y variado muestrario ideológico. Ahí está la clave que sacará a Perú de este pantano ideológico donde está estancado: la llave de la gobernabilidad.

(*) Consultor Político. Presidente Cumbre Mundial Comunicación Política

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