Qué cambios se quieren hacer en Naciones Unidas
-
¿Libre albedrío? IA para condicionar y manipular
-
Más de un tercio de las empresas en Argentina ofrece beneficios para el retiro
Respecto de esto último cabe destacar que el Congreso de los Estados Unidos pareciera estar lejos de inclinarse hacia consentir una reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como la que los autores del referido proyecto de resolución postulan. En rigor, los Estados Unidos hoy sólo apoyan oficialmente el acceso a una banca permanente del Japón. A comienzos de junio, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, en una reunión con su colega alemán, Joschka Fischer, declinó una vez más el endoso de su país a la candidatura alemana.
En rigor, el pasado 16 de junio, el subsecretario de Estado, Nicholas Burns, por primera vez, definió formalmente la posición americana. Los Estados Unidos apoyan la candidatura de Japón y el ingreso de uno o dos miembros permanentes adicionales al Consejo de Seguridad. Estos serían la India y algún país africano, lo que supondría el rechazo a las candidaturas de Alemania y Brasil. Refiriéndose al proyecto de resolución cuatripartito, Burns lo describió como una expansión que perjudicaría la eficiencia y efectividad del Consejo de Seguridad.
Para Alemania, la decisión norteamericana podría no significar demasiado desde que si, como parece factible, la democracia cristiana regresa al poder en las elecciones del próximo mes de setiembre; ella ya ha declarado que no tiene como objetivo la obtención de un asiento permanente en el Consejo de Seguridad. La candidatura brasileña, por su parte, parece haber resultadodañada por la imagen de corrupción que hoy flota sobre la administración del presidente Lula.
El derecho de veto
La propuesta de los cuatro países antes nombrados acaba de ser reformada de modo que los nuevos asientos permanentes que se crearían carezcan «ab initio» del derecho de veto, por un plazo de 15 años. Esta alternativa, de concepción originalmente brasileña, supone que al vencer el referido plazo de 15 años los nuevos miembros permanentes del Consejo de Seguridad comenzarían automáticamente a gozar del derecho de veto.
Sugiere, además, que la revisión de cualquier eventual reforma que se acuerde, la que está expresamente prevista para 2020, no habrá de referirse a la titularidad de los nuevos asientos permanentes, que quedaría inamovible, sino solamente a la posibilidad de gozar del derecho de veto. No a lo sustancial, entonces, sino a lo accesorio solamente. De esta manera, se desnaturalizaría la propuesta formulada por el Grupo de Expertos que consiste en acordar -exante- un amplio reexamen de cualquier reforma que eventualmente pueda consensuarse.
Oposición importante
Los Estados que procuran el privilegio de acceder a nuevos asientos permanentes tienen todavía algunas barreras importantes que franquear.
Como hemos adelantado, los Estados Unidos no están convencidos de que ampliar las bancas permanentes más allá de Japón e India y un país africano sea una buena idea. Además, China y las dos Coreas se oponen vigorosamente al acceso de Japón a un asiento permanente del Consejo de Seguridad. Italia no apoya ciertamente a Alemania y propone, desde hace rato, la creación de nuevos asientos que puedan ser rotados entre más de un Estado. Pakistán, por lo demás, procura incansablemente bloquear el acceso de la India a un asiento permanente en el Consejo de Seguridad. Y la Argentina y México acaban de hacer pública su preferencia porque no se aumente el número de asientos permanentes postulando, en cambio, que se creen nuevos asientos que puedan ser rotados entre los distintos Estados. Son muchos quienes creen, con razón, que no tiene demasiado sentido combatir a un privilegio mediante el expediente de aumentar simplemente el número de privilegiados.
Algunos entre quienes se oponen a la propuesta de Alemania, Brasil, la India y Japón se inclinan, en cambio, hacia el segundo modelo oportunamente sugerido por los expertos, el que crearía una nueva categoría de miembros del Consejo de Seguridad consistente en ocho asientos con mandatos renovables de cuatro años de duración, por dividirse igualitariamente entre las grandes regiones del mundo.
La posición de nuestro país
Hasta no hace mucho, la República Argentina estaba inclinada hacia una alternativa propia, hoy sin futuro porque ya no está sobre la mesa de las discusiones: la de aumentar sólo el número de miembros no permanentes del Consejo de Seguridad.
A estar a lo informado por los medios, nuestro país se habría inclinado ahora hacia la posibilidad de crear nuevos asientos que no tengan titulares exclusivos; esto es, que puedan rotarse entre más de un Estado miembro en función de alguna fórmula por acordar.
La Argentina -es cierto- nunca hasta ahora manifestó interés formal por ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad. Siempre se opuso, sin embargo, a generar nuevas hegemonías en materia de paz y seguridad internacional, porque de ese modo no se agrega representatividad, sino, por el contrario, se la cercena aún más. Curiosamente, países de dimensión similar a la nuestra, como Sudáfrica, se sienten capaces de ocupar una banca permanente. Quizá nuestra actitud tenga algo que ver con la imposibilidad de salir de la noria de decadencia en la que, desde hace años, estamos transitando.
En síntesis, la cuestión de la reforma del Consejo de Seguridad parece haber dividido a la comunidad internacional y si bien hay una aparente mayoría a favor de la expansión del número de sus bancas, no está todavía nada claro cómo podrá hacerse esto, ni si alguno de los modelos que habrán de discutirse cuenta -o no- con apoyo suficiente como para, en el tiempo, transformarse en realidad.
(*) Ex representante permanente de la República Argentina ante la ONU.
Pese a la frustración, la prensa destacó a su selección




Dejá tu comentario