La economía internacional: lo urgente y después lo esencial

Opiniones

La agenda internacional argentina ha estado inundada por la búsqueda de apoyos para la renegociación de los términos de la deuda pública. Sin embargo, como suele ocurrir en nuestro país, lo urgente absorbe recursos que lo importante aguarda.

La agenda internacional argentina ha estado inundada por la búsqueda de apoyos para la renegociación de los términos de la deuda pública (especialmente la referida al FMI, dado que para la que se mantiene con bonistas particulares la política importa menos y los atributos exhibidos, más).

Sin embargo, como suele ocurrir en Argentina, lo urgente absorbe recursos que lo importante aguarda.

Mientras se desarrollaba la gira presidencial, el acuerdo Mercosur - Unión Europea y ciertos asuntos de interés de empresas europeas en Argentina (derechos de propiedad) también estuvieron presentes en las conversaciones de las autoridades. Y a la vez -casi simultáneamente- el electo presidente de Uruguay Luis Lacalle Pou recordaba su interés de confluir con Jair Bolsonaro en una flexibilización y apertura del Mercosur (después de que en los últimos meses del año anterior autoridades de Brasil habían ratificado su propósito de lograr acuerdos bilaterales con terceros mercados). En tanto, el Presidente Trump ofrecía su respaldo al nuevo gobierno argentino ante el entrante embajador en Washington.

El mundo sigue andando

Ese mundo ha configurado un escenario nuevo que exige con condiciones más complejas para un país que desea exportar más, recobrar acceso a corrientes de financiamiento y padecer menos estrés cambiario. Condiciones a las que hay que adaptarse para participar con éxito.

Una primera cualidad de este nuevo mundo es el “competivismo”: los países ya no cooperan como hace unos años y ejecutan reformas domésticas para sacar ventajas. Las políticas monetarias expansivas son un ejemplo de ello, pero más lo son las reducciones regulatorias: el Banco Mundial detectó entre 2018 y 2019 en 115 países 294 reformas regulatorias simplificando la acción de las empresas (destaca los casos de Arabia Saudita, Jordania, India o Bahréin) y lo más relevante en esta materia es el proceso de desregulación en marcha Estados Unidos (reducción de costos estimada en 50.000 millones de dólares), en una tendencia que quiere seguir el Brasil de Bolsonaro y a la que adhiere como uno de sus pilares ideológicos para la ruptura con la UE Boris Johnson. Ese competivismo se exhibe también en la constante reducción de impuestos a las empresas: la alícuota promedio de impuesto corporativo en el mundo se mueve a la baja y mientras era en 1980 de 40,3%, hoy lo es de 24,1%.

Una segunda condición vigente es el “aliancismo selectivo”: los países ya no buscan un mundo horizontal amigable sino que han advertido que la reducción de obstáculos en frontera no lleva a plataformas domésticas equivalentes (por eso aparecen discusiones sobre diversas condiciones locales, como en EEUU contra China). Eso lleva a agrupaciones de países que pactan aperturas reciprocas y dejan fuera a aquellos que consideran divergentes. Son ejemplo de ello los pactos recientes de la Unión Europea con Canadá y con Japón y el acuerdo entre alrededor de 50 países africanos. Por ello están vigentes más de 300 acuerdos de apertura comercial reciproca en el mundo y 50% del comercio mundial ocurre dentro de estos pactos mientras se debilitan instituciones globales como la OMC.

Esto se vincula con la politización: los países pactan en función de coincidencias estratégicas que superan la mera materia económica. La propuesta de un gran acuerdo post Brexit de EEUU al Reino Unido es un ejemplo, como también lo es la “Nueva Ruta de la Seda” china.

Hay una tercera condición, que es tecnológica: la economía mundial se encuentra en medio de un inusitado proceso de reformas de la matriz productiva: la globalización ya no tiene el mayor motor en el alza de intercambio de bienes físicos sino en la generación de intangibles globales. Intangibles como invenciones, conocimiento apropiado y aplicado, licencias y patentes, know-how, ideas, la ingeniería como insumo, marcas comerciales, organización funcional, diseño, sistemas de comunicación económica en cadenas y procesos integrados trasfronterizos de creación de valor, estándares certificados y el talento en la producción son los que impulsan la nueva economía. El profesor Barcuh Lev reclama desde la NYU que se redefinan patrones de medida económica de los activos de las empresas porque se está infracomputando a los intangibles; y Jonathan Haskel (en “Capitalism without capital”) asevera que en el mundo por cada dólar que se invierte hoy en incorpóreos se está invirtiendo 1,2 en activos físicos. Y el valor generado a través de intangibles ya duplica al generado por los tradicionales tangibles.

Esto está produciendo un cuarto fenómeno: el multiempresismo. Los protagonistas no son ya las grandes empresas exportadoras sino las que logran transformarse en “aterritoriales” (grandes o pymes). Las empresas exitosas no son solo globales porque son “multi-país” sino que lo son por su condición de “multi-industria” (en varios sectores) y “multi-compañía”.

Por todo ello, después de resolver lo urgente, hay una densa agenda pendiente para Argentina. Está adelante el desafío de adaptación para ingresar en el nuevo escenario del siglo XXI.

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