10 de enero 2024 - 10:06

Sobreactuar el cambio, va contra el cambio

En los últimos días hemos visto retrocesos respecto de iniciativas planteadas por el gobierno nacional, que apuntan a dar un cambio decisivo en distintos aspectos de la vida de nuestra sociedad. Tal es el caso de la reforma laboral y su tratamiento en el DNU como así también la modificaciones a la ley de pesca. En ambos casos, el gobierno debió retroceder en el primero por una disposición de la justicia y en el segundo porque las fuerzas vivas de la sociedad, gobernadores intendentes y otros actores sociales, advirtieron las fallas de los cambios propuestos. A veces la desesperación por cambiar de rumbo el arrebato y el apuro, resultan contraproducentes. Entonces el gobierno debería repensar su estrategia de plantear cambios estructurales sin buscar los consensos necesarios y los respaldos indispensables para que esto se puedan poner en práctica.

Cuidado que esto no se confunda con el gradualismo, porque el gradualismo es un difícil camino a la no concreción de los objetivos planteados. Muy por el contrario lo que hay que buscar es el posibilismo, es decir, una combinación entre lo que se quiere y se busca y lo que se puede lograr objetivamente.

Es cierto lógico y acordado que la Argentina necesita sí o sí ese cambio y hasta podría decirse necesitamos una cirugía mayor. El país no puede seguir como lo dejó el kirchnerismo y el massismo, fracasado, hiperinflacionado y con una desigualdad y una pobreza que son récord histórico.

Pero no hay cirugía posible sin anestesia, si se hace una cirugía mayor y no se mitiga el impacto del trauma seguramente el paciente fallezca, entonces termina siendo peor el remedio que la enfermedad.

Es cierto que el gobierno tiene un crédito inicial del 56% de los votos y tal vez lo que veamos como un apuro sea una necesidad de utilizar ese capital político, pero no es menos cierto que cuando las cosas se hacen a las apuradas los resultados son los que estamos teniendo a la vista. De ese modo, lo que se puede ya no se puede y el cambio que hace falta no va a llegar. Argentina está atravesando un momento delicado donde cada decisión política debe ser medida y calibrada de una manera muy cuidadosa. Estamos en un laberinto que tiene una salida, pero esa salida tiene múltiples trampas y vericuetos que nos pueden desorientar. Hay un destino para nuestros hijos, para nuestros nietos y para nuestro presente cercano y es el de la superación, el de recuperar en Argentina próspera y superar la postración y el fracaso a la que nos sometieron.

Como militante de la Unión Cívica Radical me queda un interrogante cuál es el rol de nuestro partido frente a todo esto y por qué el silencio de nuestro comité nacional en una circunstancia tan difícil de nuestra república?. Que no quepa duda es el rol de la UCR, ser una oposición constructiva que aporte ideas y que ayude a que la argentina se levante de una vez por todas. Indudablemente la fiesta hay que pagarla y llegó la hora de hacerlo. Pero cuidado, hay modos y modos de pagarla, no es todo lo mismo. El cambio es inexorable pero necesita elaborarse con cuidado, con consenso y con tiempo. Argentinos a las cosas!

Presidente de la UCR Junín Buenos Aires

Dejá tu comentario

Te puede interesar