12 de febrero 2021 - 20:17

La soja juega para la Argentina

El rally en los precios de los commodities amplió el margen de maniobra para la política macroeconómica, que busca estimular la demanda agregada y anclar el tipo de cambio.

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Los días más críticos de la crisis del Coronavirus parecen haber quedado atrás, por lo que el foco está puesto ahora en recuperar los niveles de actividad de comienzos de 2020 y en buscar un sendero de crecimiento sostenido. La actividad económica viene rebotando de manera firme desde mayo a medida que las restricciones a la movilidad se fueron relajando y en noviembre ya se encontraba un 3,3% por debajo de los niveles previos a la crisis. No obstante, la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC marcó que al tercer trimestre de 2020 el empleo privado sólo había llegado al 86,1% de su nivel pre-crisis y el empleo privado informal apenas al 69,3%. Por eso, hacia adelante el desafío será traducir la mejora de la actividad en una recuperación de los ingresos reales y el nivel de empleo.

Con esto en mente, se apunta a impulsar la demanda en un sector empleo intensivo como la construcción y a estimular el consumo mediante una recuperación del poder adquisitivo combinando políticas de ingresos con anclas de corto plazo para los precios, algo que se evidenció con las reuniones de esta semana con los sectores sindicales y empresariales. En este sentido, el ancla cambiaria es la gran apuesta para contener la inflación mientras que el plan también se apoya sobre programas de precios y tarifas que crecerían menos que los costos de provisión de los servicios. En el frente fiscal, la intención de estimular la demanda agregada vía mayores gastos de capital y subsidios implica mantener un déficit primario aún elevado, pero menor al de 2020 producto del rebote de la actividad y de gastos de emergencia que se discontinuarían en gran medida.

La mejora en las condiciones externas luego del rally en los precios de los commodities amplió el margen de maniobra para la política macroeconómica incrementando la probabilidad de éxito de esta estrategia. Esto se reflejó en una descompresión de las expectativas de devaluación, aliviando las tensiones en el frente cambiario a pocas semanas del comienzo de la cosecha gruesa.

No obstante, la considerable brecha de financiamiento se mantiene como el principal factor de incertidumbre alrededor del plan. Con un mercado externo aún cerrado para Argentina y espacio limitado para emitir deuda doméstica, profundizar la emisión tras la fuerte expansión monetaria de 2020 arriesgaría exacerbar las presiones inflacionarias. Por eso será clave conducir la política fiscal de manera prudente buscando que la brecha de financiamiento se mantenga en niveles manejables. En este camino, un acuerdo favorable con el FMI donde se defina un sendero plurianual consistente de reducción del déficit primario podría servir como catalizador de la confianza; anclando expectativas, ayudando a descomprimir las tensiones cambiarias y creando un marco de mayor certidumbre en cuanto a la cobertura de las necesidades de financiamiento externo.

Con todo, el escenario para este 2021 está planteado y la clave estará en hacer equilibrio entre el objetivo de impulsar la actividad y los riesgos que supone profundizar el financiamiento con emisión monetaria. Afortunadamente, la soja juega para Argentina.

(*) Economistas del Grupo SBS

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