''Sólo porque sobran dólares no hay control de cambios''
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El "efecto embudo": por qué más deuda multilateral complica la baja del riesgo país
Carlos Rodríguez
P.: ¿Qué otras fallas descubrió la huelga del campo?
C.R.: Más allá del juego redistributivo del que se alimenta el populismo, surgió el tema de la falta de acuerdo en la coparticipación. Se está percibiendo una división interesante entre provincias, donde algunas ponen más de lo que sacan y otras reciben más de lo que ponen. No nos olvidemos que ya tuvimos las lamentables guerras civiles del siglo XIX, que básicamente fueron generadas para apropiarse de la renta de la Aduana de Buenos Aires. A muchos argentinos siempre les gustó vivir de arriba y vivir de la Aduana ejemplifica esa idea. Hoy día la Aduana es un recurso no coparticipable (o sea, Santa Fe paga las retenciones y el gobierno nacional se las gasta como quiere). Pero ahora, las provincias que ponen muchísimo más de lo que sacan están hablando nuevamente de coparticipar las rentas aduaneras. Sugiero eliminar todos los impuestos al comercio exterior, lo que en la práctica equivaldría a terminar con todos los conflictos sobre la generación y distribución de la renta aduanera, incluyendo el proteccionismo industrial y la explotación del campo.
P.: La presión impositiva es récord y ya no hay margen para más.
C.R.: Estamos financiados por dos impuestos sumamente ineficientes, que se crearon en la época de crisis de forma transitoria y siguen vigentes. Las retenciones a las exportaciones están en la naturaleza del gobierno peronista, salvo con Menem, que fue un fenómeno extraño. Esta es una vuelta al esquema económico de «Isabelita», controles de precios e impuestos a la exportación. Falta el control de cambio, que no existe porque sobran dólares en parte porque hay buenos términos de intercambio y también por que ya se hizo el default de la deuda. Pero el día que empiecen a perderse cuatro dólares, creo que va Moreno al Banco Central y se acabó la libertad cambiaria. Reviviría la famosa «brecha cambiaria», la que difícilmente vaya a ser publicada por el INDEC.
P.: ¿Qué ve preocupante en lo inmediato?
C.R.: No se está generando una estructura de incentivos para un crecimiento sostenible. Por ahora, la base fundamental para el crecimiento lo proveen los chinos, los biocombustibles y especialmente el campo con la soja exportada. Pero yo creo que no se construye un país basado en la dependencia exagerada de factores externos. Arabia Saudita vive de un único producto, pero es tanto su superávit que se compró a medio mundo y el día que se quede sin petróleo van a seguir siendo ricos porque van a ser los dueños de todas las empresas americanas, europeas y chinas. Pero nosotros no estamos a ese nivel, en realidad nos estamos gastando toda la plata. Hay reservas, pero no son tantas como parece.
P.: Hay quienes sostienen que lentamente se estaría gestando una suerte de rodrigazo como ocurrió en la época de «Isabelita» por los atrasos de precios.
C.R.: Tuve la suerte de no haber vivido en la Argentina casi la totalidad de la década del 70; me fui en agosto del 70 y volví el 30 de diciembre del 78. Me enteraba por los diarios de Chicago, donde estudiaba, o de Nueva York, donde trabajaba. Me acuerdo de ese entonces, que estaba horrorizado por el efecto compuesto de las retenciones junto con los permisos de cambio y el mercado paralelo. Había una brecha entre el paralelo y el oficial de 60% y una retención de 30%-40%, es decir, estaban confiscando todo. Ese fue el momento en que Paraguay exportaba récords de carne y todo tipo de productos agrícolas, las ventas de la Argentina salían a través de ese país. Esto demuestra que no se puede exprimir demasiado a la gallina de los huevos de oro.
P.: Si se analizan sólo números, algo que hizo «The Economist» hace quince días, se ve que la Argentina crece más que Brasil, país que hace todos los deberes. Pero es diferente a mediano y largo plazo.
C.R.: Es por los términos de intercambio. Los países civilizados no se hacen con alto crecimiento, sino con crecimiento sostenido. Los países pobres por definición tienen que crecer más que los ricos porque la base es más chica. Las naciones grandes crecen a 2%-3%, pero lo hacen también socialmente y culturalmente. En cambio, la Argentina va al revés de forma meteórica. No veo como algo bueno que el país viva de la soja cara que se usa para subsidiar a la industria ineficiente. Hoy es la soja la que genera recaudación, pero mañana puede ser la industria automotriz o la textil, y creo que la ideología del gobierno va a llevarlo a sacar rentas a cualquier sector que las tenga. El gobierno no tiene algo con el campo en particular, es su tipo de ideología, sacarles a los que generan para darles a los que no lo hacen, siempre y cuando la cuenta de votos dé positiva.
P.: ¿Nota un descrédito de economistas en la Argentina?
C.R.: En general, los economistas no están hechos para solucionar crisis y conflictos. Son científicos que tratan de entender el funcionamiento de la sociedad, utilizando incluso herramentales matemáticos sofisticados. Hacer recomendaciones económicas a un gobierno, que no cree y hasta desprecia las reglas científicas, está de más, es hablar contra la pared.




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