"Todavía estamos absorbiendo el impacto de la modificación en la deuda de GM y Ford"
(Personificado como Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»- este experto en mercados internacionales se refiere a los cambios en la agenda de los inversores a partir de la rebaja de la calificación de la deuda de GM y Ford. Advierte que habrá que esperar hasta julio para terminar de calibrar la magnitud de los retiros de capital. Cree, además, que el impacto negativo no está sólo vinculado con las automotrices sino con el derrape de la Bolsa y los frenéticos vaivenes del sector energético.)
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Gordon Gekko: Y terminando por Sir Andrew Large del Banco de Inglaterra que se ha explayado, la semana última, en Estambul, sobre las acechanzas que supone el rápido crecimiento de los instrumentos derivados y el desarrollo de nuevas clases de activos financieros en mercados que, deslizó, no han sido todavía debidamente probados.
P.: ¿Una invocación a la prudencia? ¿O una señal de temor?
G.G.: Hay que entender que son temas que carecen de «rating» salvo en momentos especiales. Aquí hubo un accidente: 350 mil millones de dólares de deuda corporativa dejaron de exhibir grado de inversión para convertirse en créditos dudosos. Comprenda que es el tiempo justo para pasar el aviso de los cinturones de seguridad...
P.: No fue una colisión inesperada. Ya los bonos de las automotrices cotizaban como si hubieran sido degradados mucho antes...
G.G.: Pero, aun siendo así, la realidad es que todavía estamos absorbiendo el impacto. Y, lo que es peor, nadie puede asegurar que ya se hayan desplegado todos sus efectos adversos. Cortesía, por supuesto, de la complicada arquitectura que uno puede montar a partir de los instrumentos derivados de crédito. Es un infierno de siglas: CDO, CDX, CLO, swaps de defaults crediticios o CDS.
P.: Es una sopa de letras. ¿Por qué no me explica qué significan?
G.G.: Piénselo como engranajes que permiten parcelar y transferir el riesgo de crédito de unos jugadores a otros. En consecuencia, cuando se produce una pérdida uno nunca sabe en qué manos está. Segundo, fraccionar los riesgos y empaquetarlos por separado, permite crear nuevos activos financieros: unos son vehículos más estables (incluyendo virtuales pólizas de seguros) y otros resultan muchísimo más volátiles y peligrosos. Son las esquirlas de estos últimos los que aumentan -cuando se desatan eventos extremos- las probabilidades de sufrir una catástrofe...
P.: Mucha gente habla de la situación de los hedge funds. De su exposición a esta arquitectura peligrosa...
G.G.: Es muy fácil adivinar el porqué: los hedge funds (o «fondos de cobertura») tuvieron un mal mes en abril. El peor desde setiembre de 2002.
P.: Esos eran los tiempos de la crisis del default ruso...
P.: No es lo que se espera de ellos. El anzuelo, después de todo, son los retornos de dos dígitos al año. Pero tampoco luce como un trance terrible.
G.G.: El diablo está en los detalles. Categorías estrella -como los fondos de arbitraje en convertibles- sufrieron contratiempos mayores. Anotaron un repliegue superior a 3%.
P.: ¿No previeron el accidente de trenes más lento y anunciado de la historia? Las penurias de las automotrices norteamericanas son de larga data...
G.G.: La opacidad es una característica de los hedge funds. Usted no conoce la composición de sus portafolios en tiempo real. Pero, en rigor, una parte importante del impacto negativo no está vinculado con GM o Ford sino con el derrape que sufrió la Bolsa y los frenéticos vaivenes del sector energía.
P.: ¿Cómo lo sabe si dice que se desconocen las carteras de inversión?
G.G.: Deducción. Es interesante notar que los fondos «short» -o «cortos», en el sentido de que juegan a la baja de la Bolsa- han sido los más rendidores. Acumulan avances de 5,5% en abril y más de 20% desde que arrancó el año. Los fondos que administran futuros -con exposición, por ende, en monedas y commodities- cerraron abril casi 3,5% abajo. Allí uno huele el rastro de la energía.
P.: Un golpe fuerte que, sin embargo, no ha sacado a nadie de la cancha. ¿O me equivoco?
G.G.: Hasta el momento, el daño al orgullo ha sido mayor que el patrimonial. Pero hay casos y casos. Y habrá que esperar hasta julio para terminar de calibrar la magnitud de los retiros de capital que, a esta altura, son inevitables. La necesidad de acumular caja seguirá afectando los rendimientos.
P.: ¿Alguna víctima letal?
G.G.: Más allá de los rumores, sólo la oficina neoyorquina de Bailey Coates. Pero la firma sigue operando sus fondos en Londres. Su performance no ha sido nada buena (a pesar de no administrar un fondo de crédito): una caída de 10% en abril, tras una merma de 5% en marzo. Y los activos bajo manejo se han recortado a la mitad ante los rescates que han realizado sus inversores.




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