¿Y si deciden bajar impuestos?
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En paralelo, la dinámica Vietnam bajó de 28% a 25%. La sólida Singapur, de 20 a 18%. Hong Kong sigue con su tradicional 17,5%. La ahora en paz Irlanda del Norte anuncia que la bajará hasta 12,5%, imitando así lo ya hecho en este capítulo en el «milagro económico» que ha sido protagonizado por su vecina del sur: Irlanda, que ha descubierto la prosperidad no sólo gracias a la Unión Europea, sino además a sí misma, por supuesto. Este último país -pese a tener una de las tasas corporativas del Impuesto a las Ganancias más bajas del mundo, esto es de sólo 12,5%- recauda, cabe destacar, un sólido 3,6% de su PBI.
Hasta el hiperactivo Nicolas Sarkozy, sacudiendo la profunda modorra con la que su predecesor había cubierto a Francia, procura -entre otras cosas-reducir la tasa gala del Impuesto a las Ganancias para las sociedades de 34,4% a 25%.
Los Estados Unidos, en cambio, según nos recuerda el referido editorial, no han salido de su tradicional tasa a las Ganancias de las sociedades de 35%, que sumada a los impuestos estatales a las Ganancias, la lleva a una tasa efectiva de 39,3%. Pese a esto, la recaudación americana es de apenas 2,5 de su PBI, presumiblemente por la cantidad de avenidas que existen -en un esquema fiscal de alta complejidad-para eludir el impacto de las altas tasas.
En la Argentina seguimos paradójicamente con las tasas norteamericanas, esto es de 35%. Como si no nos hubiéramos anoticiado, para nada, de lo que pasa allende nuestras fronteras.
Si, por lo menos, nos animáramos a ubicarnos en el promedio del mundo desarrollado, que es de 29%, habríamos dado un importante paso hacia adelante en lo que a atraer la inversión se refiere. Pero hay, creo, que ser más ambiciosos y animarse a dar un paso más para poder estar entre los países que, con su baja tasa de imposición a las sociedades -y, desde luego, usando además su «poder blando» (esto es, su capacidad de atracción)- han generado un clima pro negocios (no antiempresa) estable y logrado alcanzar algunas de las tasas de inversión más altas del mundo.
Como siempre, estas decisiones dependen de los actores políticos. Algunos pueden, otros -por múltiples razones-son simplemente incapaces.




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