Hasta el mediodía de ayer el gobierno imaginaba que sólo debía confrontar, gremialmente, con todos los dirigentes y agrupaciones vinculadas al Estado (De Gennaro, Marta Maffei, la franja disidente de UPCN y seguramente Alicia Castro). Nada más. Confiaban en la Casa Rosada que tanto Hugo Moyano como la CGT de Rodolfo Daer les daría una tregua al plan de déficit cero, sobre todo luego que los gobernadores peronistas se allanaran -en la firma al menos- a la nueva iniciativa oficial. Pero, de pronto, todo cambió y tanto Moyano como Daer se mostraron juntos (además, los acompañaba estratégicamente ubicado entre ambos, en silla de ruedas, Oscar Lescano). De repente todos olvidaron agravios, pasadas rencillas, rencillas insalvables y del brazo salen a repudiar al gobierno este jueves.
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Un milagro de unidad gremial produjo el nuevo plan. Ante el asombro de ellos mismos, ya ni 48 horas antes se imaginaban arrojándose flores y bregando todos juntos por la condición obrera. Todo, según sus propias fuentes, producto de una suerte de asamblea de los «gordos» en que durante buena parte de la mañana y el mediodía se alimentaron con el presunto cadáver de Domingo Cavallo. «Está terminado», sugerían unos; «los mercados lo rechazan», añadían otros. «No va más», conciliaron todos para acordar el paro general del próximo jueves. A Moyano ni había que consultarlo, ya que sobre él pesaba la indignación del gobernador Carlos Ruckauf, quien acusó de mentiroso a Cavallo y al mismo tiempo dijo que esperaba los fondos que le debe la Nación a través de Cavallo o del ministro que lo reemplace. La mecha, encendida.
Había, es evidente, una fuerza superior que pendía sobre los sindicalistas reunidos en la víspera, más allá de que ellos confesaban su decisión de huelga por el estímulo que se brindaron entre ellos. Sea como sea, todos unidos, se suman a los cortes que se iniciaron ayer en La Matanza, proseguirán hoy en otros lugares, mañana el paro de ATE y el jueves la cumbre no laboral (sin olvidar un congreso nacional de piqueteros para la otra semana). Protestan contra todo, pero más contra Cavallo, el enemigo a voltear. No están solos en la madrugada.
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