37 millones de razones dividen a "los gordos"
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Cuando la conducción de la CGT dialoguista comió con Chrystian Colombo, el jueves de la semana pasada, como informó este diario, el gobierno ignoraba la fractura interna que afecta a esa central obrera. De esa novedad se enteró ayer, cuando el ministro de Salud, Héctor Lombardo, concurrió al sindicato de petroleros (SUPE) de la calle Rivadavia, para discutir con los dirigentes del Movimiento Obrero con Propuestas (MOP) la desregulación de las obras sociales.
Enardecidos
Sin embargo, los gremialistas del MOP siguen enardecidos. «Nos vinieron a pedir la llave de las obras sociales y Daer siguió haciéndose las uñas y los masajes capilares en el Colmegna. ¿Me quieren convencer de que no hay un tongo con el gobierno?», vociferó ayer ante este diario uno de los capitostes reunidos en Mar del Plata que, al parecer, también visita los baños de la calle Sarmiento. Cassia, el jefe del grupo, aparecía sin embargo más conciliador ayer.
Pero el principal blanco de furia de estos sindicalistas «privatizados» es Cavalieri. Para ellos, la obra social de Sindicatos de Comercio, OSECAC, está atravesando una situación financiera delicada. «El 'Gitano' no quiere terminar como Lorenzo (Miguel)», explican sus adversarios. Miguel, deber recordarse, está concursado. Siguiendo esa lógica, acusan a Cavalieri de amoldarse a la desregulación del gobierno con tal de que les paguen a los gremios los 37 millones de pesos que el gobierno prometió como parte de la deuda contraída con el sistema de obras sociales.
Algo de esto es cierto, ya que Cavalieri sueña todas las noches con esos fajos de dinero. Lo hace en medio de tantas urgencias que hasta ha sugerido a algunos funcionarios que le den a su obra social una suma superior a la que le corresponde por el volumen de su obra social.
Ayer le explicaron también a Lombardo esta guerra de «caja»: «"Los gordos" se quieren quedar con 70% de los 37 millones, pero también pretenden parte de 30% que nos toca a nosotros», se quejaron en el SUPE.
El gobierno no consiguió todavía aprovechar estas divisiones sindicales. Tampoco se sabe si pretende servirse de ellas. Lo más lastimoso es que termine pagándolas. Porque podría suceder que De la Rúa acuerde una pacificación con los que comieron con Colombo el jueves, sin advertir que le abrirán la guerra, en la Justicia, los que se congregaron en Mar del Plata el viernes.




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