17 de noviembre 2005 - 00:00

Agresivo Kirchner con la Iglesia y además defendió a Borocotó

Airado y tenso, aunque sin alzar la voz, Néstor Kirchner se enojó ayer en el Salón Blanco con la agenda de la última semana. Agresivo con obispos y con la opinión pública que condenó la pirueta de Eduardo Borocotó, intentó una defensa de su gestión que sólo agravó la posición frágil en que lo dejaron el documento de los obispos y la salida de Aníbal Ibarra del Gobierno porteño. Con los obispos eligió el peor libreto, escrito en las últimas horas por Hebe de Bonafini y el CELS de Horacio Verbitsky -dos aliados del gobierno- y confirma esa extraña opción que se le ha visto al Presidente desde la cumbre de Mar del Plata de acentuar el estereotipo que lo identifica con un centroizquierda. Decir que hubo obispos que confesaban a torturadores es como que alguien diga en público que hubo presidentes ladrones; llamar a que «las madres y abuelas digan lo que piensan de sus pastores» es convocar a piquetes en las parroquias. O sea, más nafta al fuego; un remedio que puede servirle al individuo presidente, pero que seguro no le agrega nada útil a la agenda de los problemas del gobierno.

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner

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