Agro y textiles frenan el nuevo tratado en discusión

Política

El comercio entre México y la Argentina registró en los últimos años un salto significativo pero, según los técnicos de la Cancillería, aún se encuentra lejos del techo.

Esa tendencia podría ampliarse en 2006 si ambos gobiernos terminan de definir un Acuerdo de Complementación Económica (ACE) por 2.040 productos «que se encuentra en etapa de cierre»,
indican por estos días en el Palacio San Martín, seguros de que los chisporroteos últimos entre los presidentes Kirchner y Fox parecen no haber afectado las negociaciones. Pese a ese consenso, dos rubros clave para uno y otro país, agro y textiles, aparecen como los últimos nubarrones que se ciernen sobre las negociaciones.

Los números son demostrativos per se: las exportaciones argentinas crecieron 42% en el primer cuatrimestre del año y 18% lo hicieron las importaciones. Ello se explica, básicamente, por unos 60.000 autos que la Argentina vendería al mercado mexicano este año (se convierte en el principal destino), en tanto que el incremento desde el lado mexicano está concentrado en celulares.
Si el nuevo ACE entra en vigor, significará de hecho un aumento de casi 70% de los productos intercambiables, cuyo listado fue establecido a comienzos de los '90 en 3.000 rubros.

A los efectos de concretar el ACE, en setiembre y octubre pasados hubo reuniones bilaterales, una de ellas presidida por el subsecretario de Integración Económica, Eduardo Sigal, por el lado argentino, y la Coordinadora de Negociaciones Comerciales, Luz María de la Mora, en representación de México. Allí se acordaron cerca de 2.000 productos en el marco del acuerdo a suscribir y se derivó, para diciembre próximo, la definición de algunos ítem, pocos en cantidad pero significativos por el monto que podrían implicar.

En concreto, hubo acuerdo para preferencias arancelarias mutuas en químicos, plásticos, determinados hilados, máquinas herramientas y caucho (incluye neumáticos). En el «debe» restan por definir pedidos de México para incluir a sectores de la industria textil y alimentos y commodities agrícolas que pretende vender la Argentina, amén de algunas cuestiones para determinar el origen de los productos.


La reciente historia comercial de México y la Argentina incluye un éxito y un fracaso. En 2002 hubo un tibio intento del Mercosur y el país norteamericano para firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) que no prosperó. Pero, en cambio, la suscripción del acuerdo automotor y la devaluación argentina dieron aire a una balanza comercial que era llamativamente pequeña por el tamaño de los mercados. En 2004, un año de marcado crecimiento, el balance se ubicó en u$s 1.031 millones de exportaciones argentinas y u$s 758 millones las importaciones.

Este saldo desfavorable para México se repite en casi todas las balanzas comerciales de ese país
, con la notable excepción de la relación con Estados Unidos, que más que como socio actúa como aspiradora de 90% de las ventas externas mexicanas.

Tal fue un factor, de cara a un debate interno de la política mexicana, por el cual el gobierno de
Fox decidió poner en el congelador la firma de nuevos TLC y orientarse hacia las preferencias arancelarias. Son conocidos los aspectos ideológicos que afloran en torno a acuerdos del tipo TLC, pero en el caso de México, se suma la evidencia empírica de un saldo comercial poco atractivo para vastos sectores de la economía.

Dadas las particularidades de México, el Mercosur realizó una excepción con ese país y habilitó las negociaciones particulares fuera del marco de la Unión Aduanera. Uruguay ya tiene TLC, mientras que Brasil, con un listado menos extenso que el argentino, también negocia preferencias arancelarias.

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