Cristina de
Kirchner dijo
que la de
ella en
Olivos el
sábado fue
la primera
conferencia
de prensa
presidencial
desde 1999.
Olvidó que
Eduardo
Duhalde dio
una en 2002,
aunque en la
Casa de
Gobierno.
«El mensaje quedó claro, ahora nadie va a insistir con que pensamos distinto», le dijo Néstor Kirchner ayer a la Presidente, tras leer los principales diarios del domingo. «Volvería a hacer todas y cada una de las cosas que hice», fue el principal concepto que guió los titulares de los medios al momento de elegir la frase más destacada de la conferencia de prensa dada en el fin de semana por Cristina de Kirchner.
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El ex presidente no estaba convencido de que su mujer diera una conferencia de prensa. Desde ya que el disparador de la acción de comunicación oficial era competir con el discurso de apertura de la exposición rural. El esposo consideraba que podía tener más impacto un anuncio concreto. Quien aportó la idea diferente fue Sergio Massa, argumentando que con un anuncio podrían compartir la portada de los diarios con el campo y «ganar» algunas páginas interiores, «pero el resto sería de la oposición».
La idea de realizar una conferencia de prensa de la Presidente venía siendo mascullada desde antes. Dentro del kirchnerismo existe la creencia de que no están comunicando bien -algo de lo que responsabilizan al ex jefe de Gabinete Alberto Fernándezy que si el mensaje oficial llegara de mejor manera a la sociedad, obtendrían mayor consenso.
Quienes tuvieron un anticipo en el sentido de que el gobierno seguirá su pelea desatada por las retenciones fueron los dirigentes de la Confederación General del Trabajo, el jueves pasado, cuando visitaron a la Presidente. En esa oportunidad, Cristina les pidió apoyo al gobierno en la disputa con el campo porque, si se pierde esta pelea, «luego irían por ustedes» ( refiriéndose a los dirigentes sindicales), según señaló uno de los participantes del encuentro.
La ratificación de la línea de gobierno naturalmente vino con la confirmación en su puesto de la figura emblemática: el secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Pero no fue el único en celebrar. En la quinta de Olivos se vio el sábado pasado circular con seguridad y buen talantea los secretarios de Presidencia y de Medios, Oscar Parrilli y Enrique «Pepe» Albistur, dos funcionarios sobre los que habían circulado versiones de renuncias. En cambio, estuvo nervioso Sergio Massa (se jugó una fuerte apuesta al proponer la conferencia).
Rabietas
Los medios del exterior tuvieron la oportunidad de preguntar casi tanto como los nacionales. En Olivos se explica que así se resolvió por la importancia que asigna Cristina a la prensa internacional. De hecho, señalan que son famosas sus rabietas o tristezas cuando lee artículos como, sin ir muy lejos, el que le dedicó la anteúltima entrega de «The Economist», en donde el influyente semanario se explaya sobre la «severa derrota» que el segundo de Cristina, el vicepresidente Cobos, le ocasionó a la política oficial.
Los temas económicos son los que menos entusiasman a la Presidente. Tal vez por esta razón no se permitieron preguntas a los diarios nacionales especializados, lo que no impidió que la primera mandataria cometiera imprecisiones en esta materia. Como ejemplo, Cristina señaló que los anuncios de inversiones subieron 72% en el año, a más de 13.000 millones de dólares. Economistas privados refutan esta cifra por razones técnicas y prácticas; entre las primeras, se considera que tiene poco rigor científico guiarse (como hace la Agencia de Inversiones, fuente de esta información) por los simples « anuncios» de inversión que hacen las empresas en los diarios, sin que se precise en qué período se realizarán, o se controle si efectivamente se concretan. Estos anuncios se contradicen con los 8.400 millones de dólares que se fueron del país en el primer semestre del año, según informó el Banco Central.
Al terminar la conferencia, el personal de seguridad de la quinta de Olivos tuvo particular recelo en que los periodistas no se dispersaran y fueran a las camionetas especialmente dispuestas para trasladarlos hasta la puerta de salida en la calle Villate.
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