Abrazo a gobernadores antes de anunciar la fase más complicada desde que llegó el virus

Política

Alberto sabe que esta vez el anuncio de la continuación de medidas o las aperturas que se habiliten no tendrán como música principal de fondo los cruces entre el Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta y el de Axel Kicillof sobre el domicilio que tiene el virus en su documento. Esas pujas siguen, basta escuchar esta semana a los protagonistas, pero la preocupación central está en otro lado.

El AMBA le dio un respiro esta vez a Alberto Fernández y al Gobierno todo: las curvas marcan que el impacto de la pandemia baja en la Ciudad y en el conurbano, el primer alivio a mostrar con alguna certeza en el rito de renovación de cuarentena que toca este fin de semana.

Ese respiro llega en condiciones que el Gobierno no esperaba: el resto del escenario se muestra mucho más complicado tanto en lo viral en interior como en lo político y lo económico.

Alberto F. sabe que esta vez el anuncio de la continuación de medidas o las aperturas que se habiliten no tendrán como música principal de fondo los cruces entre el Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta y el de Axel Kicillof sobre el domicilio que tiene el virus en su documento. Esas pujas siguen, basta escuchar esta semana a los protagonistas, pero la preocupación central está en otro lado.

La situación de las provincias cambió y de forma radical. Hace pocas semanas abrían la actividad ante un panorama de infección controlado; con eso, además, colaboraban con la vuelta a la vida de la economía. Eran la tracción que mostraba cómo lentamente se podía pensar en una recuperación. Hace tres meses, de hecho, hasta se llegó a pensar en una reactivación en la salida de la cuarentena que prometía números verdes por un tiempo más o menos largo.

La negociación por la vuelta a clases fue la prueba final de que ese proceso se detuvo. La situación epidemiológica en muchas provincias cambió: el AMBA no es por estos días el monstruo “contagiador”, sino que la acción en ese sentido se trasladó al interior. Los gobernadores, por esa razón, terminaron acordando un esquema de apertura escolar que se irá aplicando en cada distrito según venga la situación.

El virus no afloja y tampoco los dolores de la economía. El Presidente decide hoy cómo continuar las restricciones por la pandemia, mientras al mismo tiempo se pelea una batalla contra la devaluación que aún no termina de tomar forma. Ayer el Banco Central dispuso nuevas medidas cuando aún no se conoce el impacto que tendrán, si lo tienen, las que se anunciaron para intentar apurar a los productores agropecuarios la liquidación de la cosecha. El Ministerio de Economía negocia con el FMI, pero esa historia tiene aliento largo y no es para pensar finales en lo inmediato. También se esperan gestos de Martín Guzmán en lo económico; de hecho, la crisis con el dólar no sólo es un problema de Miguel Pesce.

Al mismo tiempo, la Casa Rosada y Olivos atienden batallas políticas. La interna del Frente de Todos muestra capítulos que el Presidente transita en algunos casos con incomodidad manifiesta. El esfuerzo por el equilibrio que supuso el episodio sobre la renuncia de Alicia Castro a una embajada para que la nunca había tenido acuerdo es el ejemplo más claro de ello. Felipe Solá, más allá de todo el ruido de versiones sobre acercamientos a Caracas o inverosímiles pedidos de disculpas, volvió a plantar posición en esto. Más allá de éxitos o fracasos, detrás de todo está el desgaste de ocho meses de un gabinete que pasó por lo peor de la pandemia y no siempre airoso.

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