2 de agosto 2005 - 00:00

Alfonsín ganó (por poco) en UCR

Raúl Alfonsín saludó anoche su triunfo en la peor elección interna de la que haya participado. El ex presidente superó, tras un lento conteo, a la desafiante Margarita Stolbizer por 55% de los votos contra 45%. Alfonsín zafó de la derrota gracias a sus punteros del conurbano bonaerense. También en esto su afinidad con Eduardo Duhalde es llamativa. Buen resultado el de la diputada Stolbizer, si se tiene en cuenta que peleó contra un emblema de la vida partidaria. Pero su performance se vuelve llamativa, en sus efectos, cuando se advierte que derrotó a dos apellidos desafortunados de la vida política reciente: frente a Stolbizer perdieron Leopoldo Moreau en San Isidro y Federico Storani en La Plata. Sólo por esto valió la interna.

Raúl Alfonsín
Raúl Alfonsín
Por estrecho margen, y con un resultado que redibuja el escenario interna de la UCR, Raúl Alfonsín derrotó a Margarita Stolbizer en la disputa, que el domingo, mantuvieron en Buenos Aires para imponerse como primer delegado al Comité Nacional de la UCR.

Luego de idas y vueltas -hasta ayer por la tarde, la diputada decía que triunfaba-, los comicios terminaron con 55% de los votos para el ex presidente, mientras que Stolbizer se quedó con 45%. Es una diferencia de algo menos de 10 mil votos sobre un total de 86 mil votantes en toda la provincia, algo así como 10% del total de afiliados del distrito.

Pero para Alfonsín es una victoria amarga. Hasta 48 horas antes de la elección, el dilema giraba en torno a si Stolbizer lograba 30% o 40% de los votos. Nadie, salvo el núcleo duro de los «margaritos», imaginaba que el resultado se acercaría al que fue finalmente.

Con eso, el triunfo del ex presidente puede interpretarse como su mayor traspié partidario en su larga historia política. De hecho, lo que parecía una elección que ganaría sin espasmos, lo tuvo en vilo hasta el último minuto.

Hay un elemento puntual para esta lectura. En soledad, motorizada por la furia que le generó su desplazamiento para postular a Luis Brandoni como senador, en apenas dos meses, Stolbizer montó una oposición que hizo tambalear la estructura partidaria que reinó en la última década y media.

• Planteo

Es la señal más visible de la vulnerabilidad del esquema político que capitanea Alfonsín y, hacia bajo, ordenan Leopoldo Moreau y Federico Storani. No es casual tampoco que estos dos dirigentes hayan perdido la elección en sus propios municipios, San Isidro y La Plata, respectivamente.

Un indicador más.
Alfonsín se impuso, por amplia diferencia -le sacó 15 mil votos de ventaja a su competidora- en el conurbano donde, paradójicamente, la UCR arrastra derrotas estruendosas en elecciones generales.

Stolbizer, en cambio, ganó en el interior, donde el radicalismo controla municipios y de donde surge el mayor número de sus legisladores provinciales.

Ese fue el mayor logro de Stolbizer y de sus «margaritos» -más sus aliados del Grupo Olavarría-:
desafiar al oficialismo partidario y no sólo sobrevivir a esa aventura, sino surgir como un grupo que podría plantearse como un poder alternativo el triunviro Alfonsín-Moreau-Storani.

En rigor, antes de reconocer su derrota, Stolbizer empezó a planificar «el día después». Es un planteo en tres direcciones que suponen, en cada uno de los casos, desafíos explícitos al dominio del oficialismo partidario:

• Aun perdiendo, la diputada logrará ser nominada como delegada al Comité Nacional y, una vez allí, quizá con apoyo de caciques de las provincias del interior, desafiará a Alfonsín en la disputa por la jefatura del partido en el contexto nacional.

• El próximo domingo, con respaldo mermado -no intervienen referentes del G.O.-, competirá en otra interna, esta vez para definir la lista de diputados nacionales. Si el dúo
Storani-Moreau no logra un acuerdo con Ricardo Alfonsín (cada uno lleva su lista), Stolbizer se imagina ganando la elección.

• A futuro, habrá un planteo todavía más espinoso: la diputada imagina que, luego del recambio de legisladores provinciales el 10 de diciembre, su sector quedará con mayoría en los bloques de diputados y senadores. Allí emprenderá otro avance: buscará instalar a propios o aliados al mando de esas bancadas, sobre las que se sostuvo por años el poder del oficialismo radical.

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