8 de febrero 2001 - 00:00

Anticipan una carnicería en la puja interna del PJ


«Yo no me opongo a nada, pero primero hay que jurar la bandera.» Los sindicalistas lo miraron, sorprendidos: no son hombres de parábolas e inclusive hasta parece risible que a ellos les demanden un juramento (ya que son conocidos fanáticos del tango: «hoy un juramento, mañana una traición»). Aun así, quedaron en contestarle a Carlos Ruckauf, quien exigía lealtad plena a sus ambiciones a cambio de conceder que Eduardo Duhalde, candidato a senador, lleve como compañera a la esposa del gremialista Luis Barrionuevo, Graciela Camaño. En verdad, el resto de los «gordos» no sabe bien cuáles son sus ventajas más allá de las que Barrionuevo obtenga, ya que aparte del acuerdo en Buenos Aires, el gastronómico ya se asoció con Ruckauf para que éste lo apoye en su intento por ser senador en Catamarca. Afuera del peronismo, claro. Coincide uno en una vieja aspiración siempre trunca por reivindicar su origen y, el otro, por una ancestral pelea contra la familia Saadi (recordar que Ruckauf como titular del Senado se negó a aceptarlo a Ramón en la Cámara alta).

La anécdota es vieja pero advierte sobre la vibrante lucha interna que se avecina en el PJ, el cruce de aliados, tránsfugas de un lado hacia el otro, candidaturas posibles, otras abortadas, la abierta puja entre menemistas, duhaldistas y ruckaufistas. Mientras, tal vez, José Manuel de la Sota observe desde la platea lo que se supone será una futura carnicería, típica de las pugnas internas del justicialismo.

Riesgos

Ruckauf, al auspiciar postulantes ajenos a la línea oficial del peronismo en La Rioja (es sponsor de Jorge Yoma contra Eduardo Menem) y Catamarca (Barrionuevo) pareció despertar esa medicina en otros peronistas del ámbito bonaerense, también decididos a ir por afuera. Seguramente, con la complacencia y virtual estímulo de Carlos Menem. Si parecen tareas titánicas la riojana y, un poco menos, la catamarqueña, la externa en Buenos Aires también está cargada de riesgos.

Hasta ahora, la dupla Duhalde-Ruckauf -no tan bien avenida como se supone- tenía, en lenguaje campero, alambrada la provincia. Pero ahora, aquella experiencia que alguna vez intentó exitosamente Antonio Cafiero con el MUSO contra Herminio Iglesias es remedada por hombres claramente identificados con el menemismo. Falta, claro, que estalle el PJ bonaerense, que unos se vayan alegando la dictadura corporativa del aparato y la conducción oficial expulse a los rebeldes quejosos. Son etapas previsibles y hasta casi confirmadas: es público que Duhalde desea despedir a Menem y a su gente al tiempo que éstos ya preparan su propia asonada partidaria. Un desafío que no se detendrá en la primera sangre.

Negociaciones

Aunque los rebeldes todavía no proclaman candidato y candidata al Senado -queda pendiente una negociación con Luis Patti, quien por ahora va por su cuenta-y son varios los anotados, la decisión ya se tomó: se había esbozado desde fines de diciembre, en las últimas 48 horas se consumó. Menem no estuvo ajeno a ninguna de estas reuniones en las que intervienen Julio Mera Figueroa -ya recorrió en parte la provincia-, Roby Fernández, Alberto Lestelle, Jorge Triaca, Fernando Galmarini y una tropa jerarquizada (dentro del PJ, claro) de intendentes y punteros distritales. También se habrían incorporado cafieristas exiliados: Alieto Guadagni por caso.

Al revés de las exigencias que a menudo plantean Ruckauf y Duhalde, la nueva conformación sostiene que ellos no demandan análisis de sangre a los recién incorporados.

Estos tres casos -La Rioja, Catamarca y Buenos Aires-difieren en su relación con el gobierno de la Alianza. Para los riojanos, quizás la aparición de Yoma haga que se imponga una doble apuesta peronista (ya que Eduardo Menem gana seguro), mientras que en el ámbito bonaerense la disidencia del PJ quizás le permita jugar un rol más predominante a Raúl Alfonsin. Al menos, en los cálculos iniciales: hoy el ex presidente está debajo de Duhalde, pero si el peronismo se fractura en dos, sus chances son más elevadas. Pero todo es conjetural en los resultados, mientras que en la porfía del peronismo se aseguran cortes, desgajos, incisiones, amputaciones y hasta piezas al frigorífico. Lo que se dice, una carnicería.

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