3 de junio 2003 - 00:00

Bielsa, casi Tupac-Amaru entre Powell y De Villepin

Nunca alguien mejor que un canciller afrancesado, como Rafael Bielsa, para defender la política internacional de un gobierno que se pretende centroizquierdista, como el de Néstor Kirchner. Nadie mejor que Dominique de Villepin, el ministro de Relaciones Exteriores de Jacques Chirac, para detectarlo. De Villepin es colega de Bielsa en más de un sentido. Ser ministros de Relaciones Exteriores es, para ambos, lo de menos: también son poetas, ensayistas y lectores apasionados de Marcel Proust.

De Villepin quiere que haya más afinidades y por eso invitó a su colega a visitar París con la intención de «profundizar las coincidencias sobre un mundo multipolar», según reza la invitación cursada al Palacio San Martín desde la Embajada de Francia. No está mal la idea, si no fuera que en pocos días estará en Buenos Aires, de visita, otro par de Bielsa, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Colin Powell, quien cree conocer el poder de esas insinuaciones francesas sobre un cincuentón «progre» e ilustrado como el canciller de Néstor Kirchner.

De Villepin no hizo más que tomarle la palabra a Bielsa y al gobierno entero. Desde todas las embajadas occidentales se emitieron cables durante la campaña electoral con aquella frase del actual presidente diciendo que «van a Irak por el petróleo y después vendrán aquí por el agua», en alusión a las fuerzas de George W. Bush y Powell. Tal vez esa retórica suponía que la batalla final por el poder se libraría en 2007 pero, adelantada la definición en cuatro años, las palabras de Kirchner -como tantos otros gestos y actitudes del gobierno-quedan desproporcionadas.

Es posible que el viaje a Francia se postergue. Ya se encargará Juan Archibaldo Lanús de dar las explicaciones del caso. Al parecer, quedaría al frente de la embajada, que algún día debería escriturar: desde Avenue Foch llegó un ramo de flores para Cristina Fernández de Kirchner que completó el encanto de este embajador que ya representó a Carlos Menem y a Eduardo Duhalde ante el gobierno francés (Carlos Keller Sarmiento fue un precursor enviándole una rosas para los desayunos a Sonia Cavallo, cuando «Mingo» era canciller). Más allá de trivialidades, todos coinciden en la Cancillería en que sería difícil para Bielsa encontrar a un representante mejor ante el Eliseo.

•Postergación

Esta pericia de diplomático que se le reconoce a Lanús hará que De Villepin entienda que tal vez haya que postergar las definiciones. Powell hizo todo un homenaje al nuevo gobierno decidiendo viajar a Buenos Aires por su propia iniciativa. Además, no hay que perder de vista la relación con Washington, donde Brasil sacó alguna ventaja ostensible: Lula Da Silva no sólo fue el fetiche de la cumbre del G-8 en Evian, sino que el 20 de junio mantendrá una entrevista con Bush en Washington, que la diplomacia norteamericana calificó como «summit» y en la que intervendrán los dos gabinetes presidenciales. En Evian los dos mandatarios dialogaron durante 15 minutos sobre la agenda de esa «cumbre». Lo hicieron en dificultoso español, lo que puede haber explicado la confesión de Lula en la conferencia de prensa posterior a la charla: «No pudimos definir todavía el temario», dijo.

De cualquier manera, el canciller de Chirac no debe quejarse demasiado. El «mundo multipolar» obtuvo una conquista inesperada con el movimiento de piezas que está produciendo Bielsa. Desde Canadá será trasladado el embajador César Mayoral para ocupar la representación ante las Naciones Unidas, en Nueva York. Mayoral es un militante frepasista que integró el círculo áulico de Carlos Chacho Alvarez, donde conoció a Bielsa. Quienes lo conocen con detalle dicen que este Mayoral -hermano de Alejandro, hoy en la UIA-debe ser ubicado a la izquierda de su canciller y que será un aguijón permanente para José Octavio Bordón, el nuevo embajador en Washington. Su instalación en la ONU sería un dato insignificante si no fuera porque el año que viene le corresponde a la Argentina ocupar una butaca entre los miembros transitorios del Consejo de Seguridad, donde Powell y De Villepin hicieron proselitismo voto por voto durante los días en que se definían las resoluciones sobre sanciones al régimen de Saddam Hussein.

Para el secretario de Estado esta aparición de Mayoral acaso tenga más significación que la de Bordón en Washington: finalmente, las agendas bilaterales entre actores con pesos desiguales suelen resolverse en la embajada del país grande en el país chico. Es decir, habrá que estar más atento a lo que pase en la residencia porteña de Lino Gutiérrez, el sucesor de James Walsh, que en la del ex gobernador de Mendoza.

Bielsa intenta evitar el destino de Tupac-Amaru que va insinuándole su rol de canciller, sometido a contradicciones entre Powell y Lula, entre Bush y Fidel Castro, entre Powell y De Villepin. La «casa», como denominan al Palacio San Martín los que trabajan en él, irá disciplinando el temperamento «tercermundista» con que Bielsa asumió el cargo. Aunque él intentará evadirse de ese corset diplomático, atraído por la invitación «multipolar» de De Villepin, por más que Chirac se haya mostrado muy amable y conciliador en Evian. Finalmente, ya lo dijo Proust: «Llamamos claras a las ideas que se hayan en el mismo grado de confusión que las nuestras».

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