Bush a Kirchner: "Si ustedes se ayudan, nosotros los vamos a ayudar también"
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Desde el primer minuto el presidente de los Estados Unidos tuvo gestos calidez hacia Kirchner, comenzando por recibir a la comitiva con un saludo en español: «Hola, muchachos, ¿cómo están? -y dirigiéndose a la primera dama-¿Así que usted es la senadora?». Sonrió Cristina Fernández, vestida deliberadamente con los colores patrios, pantalón celeste y blusa blanca, todo muy liviano, para un día de calor africano.
Al Salón Oval había llegado la pareja presidencial rodeada por Rafael Bielsa, Roberto Lavagna y José Octavio Bordón. En la puerta quedaron, a la espera, Eduardo Camaño y Sergio Acevedo (SIDE). Del otro lado, una mesa importante: Colin Powell (secretario de Estado), John Snow (secretario del Tesoro), Condoleeza Rice (titular del Consejo Nacional de Seguridad) y Robert Zoellick ( representante para el Comercio). Además estuvieron el embajador James Walsh y su sucesor en Buenos Aires, Lino Gutiérrez. En rigor, todos oficiaron como testigos de un encuentro en el que los únicos que hablaron fueron los presidentes.
• Imagen
Bush desenfundó primero, devolviéndole a Kirchner la imagen que él busca proyectar habitualmente: «Yo soy un hombre tozudo, como usted, y también hice cosas que el establishment jamás soñó que iba a hacer», dijo cuando el visitante se describió como un «patagónico tozudo». Kirchner interpretó para el gobierno norteamericano la política institucional que viene llevando adelante: «Queremos que haya reglas de juego claras porque si no no hay mercado. Esa es la razón por la que nos empeñamos en mejorar el poder judicial, terminar con la corrupción...». El Presidente temió en algún momento que, a instancias de las preocupaciones que planteó la Corte de los Estados Unidos, lo interroguen sobre los cambios que se promueven en el máximo tribunal argentino (pesa el antecedente de Powell pidiendo explicaciones en Buenos Aires) y por eso respiró tranquilo cuando su anfitrión le dijo: «Conozco minuciosamente lo que está haciendo y me parece bien. Siga adelante con fuerza».
Cuando hubo que hablar de la economía y de las negociaciones con el FMI, Kirchner repitió el solo que le había dedicado a Horst Köhler en Olivos: «Hubo un presidente que fue paseado por el mundo como un ejemplo de lo que había que hacer y el país terminó en un colapso por esa política que el Fondo avaló». Bush no puso demasiado reparo. Dijo que «yo también tengo mis críticas a la política del Fondo así que me parece bien que usted negocie duramente, moneda por moneda».
• Observaciones
En materia económica hubo dos observaciones de Bush sobre las que Kirchner habrá tomado debida nota: «La Argentina debe estabilizarse porque es un ancla para la región», le dijo el dueño de casa, quien enseguida comentó: «Me gusta Lula, es un muchacho que me cae bien. La prensa dice que él es de izquierda y yo de derecha...». El Presidente quiso ser simpático: «Yo no tengo ese problema porque soy peronista», sonrió, bordeando aquel «ni yankis ni marxistas, peronistas» que tan bien repetía su cuñado «Bombón» Mercado. Bush agregó, al parecer como una humorada: «Claro, usted se balancea...». Es evidente, la ficha de Kirchner que el Departamento de Estado le hizo llegar a su jefe es bastante completa.
Como había adelantado Walsh, el gestor del encuentro, no habría cuestiones regionales en la conversación, más allá de esa observación sobre Lula, a quien la Casa Blanca señaló como «aliado estratégico en Sudamérica». No se habló de Venezuela ni de Cuba ni de Colombia ni del ALCA. Pero Bush dijo tener la esperanza de que «América se convierta en un vecindario de paz y por eso hay que hacer esfuerzos en la lucha contra el lavado de dinero, el narcotráfico y el terrorismo». Kirchner asintió e hizo una referencia a que «ahí afuera está mi secretario de Inteligencia que se reunirá con hombres de su gobierno». Habló brevemente de los atentados que se perpetraron contra la Embajada de Israel y la AMIA en Buenos Aries: «Tuvimos nuestras Torres Gemelas pero sin aviones», sintetizó. Bielsa le adelantó a Powell, en un aparte, que «en Nueva York, delante de la comunidad judía, va a haber una declaración muy fuerte contra el terrorismo». En efecto, la noche anterior, durante una comida que se realizó en la residencia del embajador, Kirchner analizó con su equipo la posibilidad de anunciar la ruptura de relaciones diplomáticas con Irán, un homenaje a la política de endurecimiento de Washington con ese país. Pero, finalmente, se descartó esa medida y se optó por un pronunciamiento más abstracto.
La política internacional de los Estados Unidos apareció brevemente en el encuentro pero a Kirchner le resultó todo un obsequio que Bush le dijera que Arafat debía quedar aislado por «sus amigos europeos». Fue la única referencia a un problema que excede la crisis argentina, con la que el gobierno ya tendría suficiente, al menos para una mirada como la de Washington.




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