7 de marzo 2006 - 00:00

Busti y el Presidente juegan al "off side"

Jorge Busti
Jorge Busti
Con independencia de la discusión específica sobre el impacto que tendrán sobre el medio ambiente las papeleras que se están instalando en Fray Bentos, en Entre Ríos se ha comenzado a librar un duelo político. Sus protagonistas son Néstor Kirchner y Jorge Busti. Las consecuencias de esa pelea se proyectarán sobre las elecciones de 2007 e involucran a toda la política provincial. Es clave entenderlo si se pretende comprender más ampliamente el juego de Kirchner en el conflicto con Uruguay.

Porque así como Tabaré Vázquez tiene una restricción difícil de franquear en el estado de opinión que reina en Uruguay, donde el establecimiento de las papeleras está identificado casi con la idea de progreso nacional, Kirchner encuentra un límite igualmente severo en la movilización política del este entrerriano, donde arraiga una corriente que le responde desde antes de este conflicto. Detectar ese entramado es crucial para comprender por qué le será difícil al Presidente asumir posturas conciliadoras. Y, sobre todo, para percibir cómo Busti se está convirtiendo para la Casa Rosada en un adversario al que hay que cargar con el costo de un eventual acuerdo con Uruguay.

• Las relaciones de Kirchner con la dirigencia de la costa del río Uruguay son muy anteriores al conflicto de las papeleras. El intendente de Gualeguaychú, Daniel Irigoyen, militó con el Presidente desde los años 70. El diputado nacional Emilio Martínez Garbino se alineó temprano con el gobierno nacional, por lo menos hasta hace dos fines de semana, cuando apareció en Rosario para asistir a una reunión convocada por Hermes Binner. En cambio, el vicegobernador Pedro Guastavino sigue identificado con el poder central, aun cuando allí hayan comenzado a sospechar por su subordinación al gobernador de la provincia. Kirchner prefiere armar su política entrerriana con Julio Solana, el intendente de Paraná, y con Juan García, alcalde de Chajarí. Solana y García hicieron, junto con Irigoyen, una demostración de afinidad interna en los carnavales, fotografiándose en Gualeguaychú y lanzando una especie de alianza anti-Busti.

• La enemistad con el gobernador es muy anterior al estallido del conflicto por las empresas instaladas en Fray Bentos. Data de la campaña electoral de 2003, cuando los dirigentes identificados con Kirchner se constituyeron en un «Nuevo Espacio Entrerriano» para enfrentar a Busti. Fue ese distanciamiento el que le habría aconsejado al gobernador, ya desatada la movilización en Gualeguaychú, ponerse al frente de los ambientalistas con planteos radicalizados. Dejar ese espacio libre podría equivaler a que en su distrito incube un poder alternativo al suyo, auspiciado desde la Capital Federal. En la Casa Rosada, sin embargo, se mira esa carrera de otro modo. Allí creen que el gobernador consintió los cortes de los puentes, seguro de que el levantamiento, tratándose de pasos internacionales, debería correr por cuenta de la Gendarmería. Es decir, de Kirchner. El gobierno nacional cayó en la cuenta de esta posible encerrona cuando un juez subrogante ordenó a esa fuerza despejar uno de los pasos: comenzó ese viernes una negociación discreta que volvió todo hacia atrás. Aníbal Fernández respiró aliviado.

• Del mismo modo que hubo una competencia larvada entre los kirchneristas y Busti por asumir las posturas más intransigentes ante el gobierno uruguayo y las procesadoras de celulosa, también ahora hay un duelo secreto por la eventualidad de una negociación. Kirchner asumió una táctica casi matemática: cada vez que haya que adoptar una posición conciliatoria, debe ser Busti quien la asuma primero. Hasta para enviar el caso a La Haya el gobierno nacional reclamó que la disposición fuera pedida por la gobernación entrerriana. Juegan al off side. Así, Alberto Fernández le reclamó a Busti hace un mes que reclamara el levantamiento de los cortes en los puentes. Y que lo hiciera en Entre Ríos, sin contaminar la sala de conferencias del gobierno nacional con ese reclamo. Fue la consecuencia inmediata de una jugada audaz del gobernador. La que realizó al decir: «Si el Presidente quiere mi renuncia, ya la tiene, pero no voy a dar un paso atrás». Se había ido de boca Busti, alertando a Kirchner de que su estrategia sería nacionalizar los costos de un retroceso. Claro, venía de comprometerse de manera casi literaria con declaraciones emocionantes. Unos días antes había citado a Francisco Ramírez, el caudillo fundador de la provincia, diciendo: «Como Pancho, recuerdo: 'Quien tenga sangre en la cara/ sabrá qué cosas lo obligan/ acá estoy y que me digan/ lo que son y lo que quieren/ los achicados que se queden/ y los otros que me sigan'». La secuencia retórica que había iniciado el jefe entrerriano dejaría al santacruceño, en cualquier momento, en el papel del « achicado», el que peor le sienta a Kirchner y su «ideal del yo».

• Ayer las jugadas de ambos contendientes también quedaron cruzadas. Busti debió comprometerse delante del gobierno a doblegar a los «talibanes» del corte de los puentes («talibanes» casi en el sentido literal: se reúnen en el Club Sirio Libanés de Gualeguaychú). Para garantizar que, sin esa obstrucción, el objetivo se seguiría cumpliendo, el gobernador recurrió al juez federal de Concepción del Uruguay pidiéndole que prohíba el paso hacia Fray Bentos de los camiones con insumos para las plantas en construcción. Pero el juez, quien tampoco quiere quedar con la brasa del problema en la mano, determinó que no haría falta ninguna resolución del tribunal: bastaría, dijo el doctor Guillermo Quadrini, que la Aduana disponga la interrupción del paso por razones sanitarias o de seguridad. De nuevo le toca jugar a Kirchner, mientras Busti recita a Ramírez.

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