13 de noviembre 2002 - 00:00

Carrió más contra socialistas se suma a campaña antiaborto

Será porque es tan aferrada a sus convicciones, como Carlos Chacho Alvarez que al sentirlas melladas renunció, o será que es menos flexible en cuestión de sociedades políticas como fue el ex vicepresidente. Lo cierto es que Elisa Carrió expulsó a sus aliados del socialismo por tener una concepción distinta sobre la ilegalidad del aborto, demostrando así que igual que Chacho, los principios íntimos prevalecen sobre cualquier circunstancia política.

Al mismo tiempo que lanzó su candidatura a presidenta, la diputada chaqueña rompió los lazos con el PS, que impulsa la legalidad del aborto en algunos casos, a través de un proyecto de ley que se elaboró sin llegar a presentarse en Diputados, de manera inconsulta, evidentemente, con la jefa del ARI y, para agravar la situación, justo cuando se aprobaba la norma de salud reproductiva.

Carrió, como Carlos Menem, priorizó la fe en Dios y la convicción católica de preservar la vida desde la
concepción.

En otra explicación sobre el divorcio de sus ex socios políticos -quienes anoche hacían catarsis en una reunión de la mesa nacional de PS-, la diputada los acusó de extorsionadores, sin darse cuenta, quizá, de que el tema que los divide es ya un clásico en campañas políticas.

•Guerra antigua

Previsora, sin embargo, la candidata atajó el convite. No es cuestión de que termine en un guerra como la que padeció Graciela Fernández Meijide contra Carlos Ruckauf cuando disputaban la gobernación de la provincia de Buenos Aires y la manifestación abortista de la frepasista le reportó no sólo reproches, sino merma en sus intenciones de voto. El mismo Menem intervino en tal discusión a la que a su vez se plegó su ex mujer, Zulema Yoma, contradiciendo y poniendo en duda las ideas arraigadas del ex presidente.

Como la imposición de la pena de muerte, el debate suele provocar diferencias internas, las que Carrió no quiere soportar.

Para los socialistas, «la ley fue el detonante», dicen, para referirse a la reunión de hace un mes, cuando Carrió les endilgó: «Ahora yo tengo mi partido». Lo que interpretaron como que no los necesitaba más. Luego dejaron pasar los días para ver si la legisladora cumplía su promesa de dejarlos participar en la elaboración de su programa de gobierno, el que finalmente terminaron de conocer una vez que fue presentado. Esa fue una de las razones por las cuales ni siquiera Alfredo Bravo participó del acto de lanzamiento, herido a la vez por las disidencias con respecto a la natalidad y al proyecto de la discordia que presentó el diputado Rubén Giustiniani.

•División

Sobre esa norma, Carrió aseguró que «la despenalización sólo para tres casos específicos no lleva a la unión sino a la división». «No estoy a favor de la despenalización. He peleado la Ley de Salud Reproductiva, de la que soy autora, y he peleado contra todas las presiones, pero no soy abortista», aseveró, y después dijo que no quería hablar más del tema (no del aborto sino del socialismo).

El proyecto de Giustiniani proponía despenalizar el aborto en casos de embarazos de riesgo grave de salud física o psíquica para la mujer, cuando el embarazo proviene de una violación o estupro o cuando se certifica la inviabilidad de vida extrauterina del feto.

Carrió prometió «militar en contra de la despenalización del aborto», mientras los socialistas creen que la única posibilidad electoral ahora es sumarse sin pretensiones a la cruzada reeleccionista de Aníbal Ibarra y pasar en soledad el cuarto oscuro presidencial.

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