21 de diciembre 2004 - 00:00

Caso Cuba: versión y una visita sin hijo

Se formuló ayer una nueva variante para que la cubana Hilda Molina pueda reencontrarse con su familia: que viajen a La Habana la nuera y los nietos de la médica, que son argentinos. Y no el hijo que, como cubano, aunque hoy nacionalizado argentino, puede ser retenido en la isla y castigado. Además, en el gobierno se instaló ayer una explicación del caso Molina que llegó hasta el despacho de Néstor Kirchner. La prohibición de salir de Cuba que pesa sobre esta científica no se debería tanto a su disidencia ideológica, sino a una vieja relación con Fidel Castro, tan íntima y estrecha que hace temer la divulgación de datos comprometedores para el dictador y su régimen si se la libera. El gobierno comenzó a salir ayer de la crisis de funcionariado que se produjo en la Cancillería. Kirchner nombró al subsecretario de Política Latinoamericana, Darío Alessandro, como nuevo embajador en La Habana. El hijo de Molina saludó la designación diciendo que tenía un buen recuerdo de Alessandro de los tiempos de la Alianza. En efecto, este frepasista fue presidente del bloque de diputados de Fernando de la Rúa.

La familia de la doctora cubana Hilda Molina analizaba anoche la alternativa de que viajen a Cuba la nuera de la médica, Verónica Scarpati, y sus nietos, Roberto (9) y Juan Pablo (3), pero no su hijo, Roberto Quiñones.

Molina
se mostró muy entusiasmada con esta opción en diálogo con este diario. «Yo no pondría ningún obstáculo a ello porque los niños y mi nuera son argentinos, y por más terrible que sea un gobierno, no se la va a agarrar con mis nietecitos y una mujer indefensa (por Scarpati)», expresó la médica.

«En ese caso, yo pediría que sea acompañada por un funcionario argentino así le facilitan los trámites con los menores»,
agregó Molina.

La posibilidad del viaje de una parte de la familia fue ratificada ayer por Quiñones, ante la férrea negativa de Fidel Castro a permitir que la disidente pueda salir de Cuba tanto hacia la Argentina como a un tercer país (Venezuela).

• Primera etapa

En el Palacio San Martín entienden que un viaje de los familiares de la médica a la isla sería la primera etapa de un proceso que podría terminar, en el mejor de los casos, con la libertad para que Molina venga al país.

No obstante, Quiñones y Molina afirmaron que tienen pocas esperanzas de que el encuentro se produzca antes de Navidad.
Tal era la intención inicial que motivó la carta de Néstor Kirchner a Fidel Castro, cuando pidió al «amigo presidente» cubano que autorizara el viaje de Molina para que «una abuela pueda conocer a sus nietos».

La oferta expresada por el gobierno cubano es que viajen el hijo de Molina, su esposa y sus hijos a la isla, pero el temor a que Quiñones (cubano de nacimiento) pueda ser retenido en La Habana al intentar el regreso a Buenos Aires hace que la propia Molina sea la principal objetora de esa alternativa.

Molina
dijo «estar casi convencida» de que no aceptará la posibilidad de que su hijo viaje, «porque por más garantías que a uno le den, por más empeño que ponga el gobierno de Néstor Kirchner, sólo desde aquí se puede saber de qué son capaces los funcionarios de Castro. Aunque no soy tan inflexible como el gobierno cubano», aclara.

El temor de la médica y su familia se remonta al episodio que le tocó vivir a Quiñones en el momento en que dejó la isla, el 14 de mayo de 1994. Ese día, Quiñones y su esposa se disponían a realizar un viaje de estudios invitados por docentes japoneses. Scarpati, entonces de 21 años, pudo abordar el avión, pero el hijo de Molina fue retenidodurante más de una hora y se le comunicó la decisión oficial de que tenía vedada la salida de Cuba pese a que su documentación estaba en regla. Luego de una hora de discusiones, llegó la orden de permitirle el viaje a Japón, que luego se transformaría en el exilio de la pareja en la Argentina.

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