Si Néstor Kirchner quiere, frustrada la expedición «transversalizadora», abrazarse al peronismo y alojarse en su conducción para pasar las elecciones del año que viene, la CGT le dará una oportunidad de iniciar ese camino el próximo 15 de octubre. Ese día, los capitostes de la central obrera, conducidos por el triunvirato Susana Rueda/Hugo Moyano/ José Luis Lingieri, convocarán a llenar el Luna Park para recordar el Día de la Lealtad. La pregunta inmediata ante este dato es si irá Kirchner. «Está invitado, él debe decidir si quiere ir o no», contestó uno de los organizadores. La falta de énfasis dejó en claro que lo de «lealtad» no tiene nada que ver con la relación con Kirchner.
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La fiesta tradicional del peronismo pretende ser un relanzamiento conjunto del partido y de la central obrera. Los sindicalistas invitaron a todos los gobernadores, a los legisladores del partido y «a dirigentes importantes». ¿Estará Duhalde en el palco? Nadie lo confirma todavía, menos aún si hablará ante la multitud como «soporte» del Presidente, que es por protocolo el último en hacer uso de la palabra.
El acto del Luna Park ofrecerá una ocasión para que la dirigencia partidaria se muestre unida por primera vez en mucho tiempo. En rigor, la foto de familia no se produce desde mucho antes del congreso de Lanús, cuando el duhaldismo resolvió impedir las internas y enviar al PJ dividido a las elecciones nacionales, con la intención expresa de «provocar» el ballotage en favor de Kirchner. Considerar que la aparición de las distintas vertientes en Parque Norte, para un congreso que fue calificado por el ministro del Interior, Aníbal Fernández, como «discusión de alta peluquería» (por la disputa entre Cristina y Chiche, las primeras damas), sería una exageración absoluta. Para el Presidente, la celebración podría ser un buen motivo para iniciar un lento regreso que lo termine ubicando en la conducción partidaria-.
Ya no habría que pensar en que se volcaría al «pejotismo» (como él calificó siempre a la burocracia del partido) y tampoco que habrá de dejar las convicciones «en la puerta del Luna Park». «Todos cambiamos y él también introdujo una renovación, hasta en la misma CGT», confesó ayer un dirigente sindical, de los que se inclinan por inducir a la visita del mandatario.
En otro lado de la casa, un hombre ligado al sindicalismo más ortodoxo hacía notar que hoy se rendirá homenaje a José Ignacio Rucci. Nunca antes había sido tan recordado este ex secretario general de la CGT, que formaba parte casi exclusivamente de las evocaciones del dirigente hispanoargentino Osvaldo Agosto. El revival «ruccista» es directamente proporcional al reverdecer montonero que se produjo con la llegada de Kirchner al poder. El metalúrgico fue asesinado por los Montoneros en 1974.
• Reunión suspendida
El cuadro político de esta operación se iba a discutir la noche del martes en el Sindicato de Camioneros. Hasta allí iba a ir el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Sin embargo, a última hora Tomada comunicó su inasistencia, motivada seguramente en la cautela: ningún colaborador de Kirchner considera oportuno celebrar tertulias que el jefe ignora. Sobre todo si involucran a dirigentes u hombres públicos que no están rigurosamente alineados con la Casa Rosada.
Hizo bien Tomada, seguramente. Porque el encuentro de camioneros, igual que el que se hará en el Luna Park con más luz y sonido, forman parte de una «mise en scène» destinada a un solo objetivo: la presión sindical por el aumento de salarios. En la CGT creen que a fin de mes conseguirán un incremento en las asignaciones familiares de $ 80 y que hacia fin de octubre el gobierno les convalidará a los sindicatos un incremento de $ 100 por decreto, que ellos no conseguirían negociando en las paritarias, sector por sector.
Después de todo, también entre los gremialistas recrudecen las nostalgias de los '70. Si Kirchner aparece en el Luna Park, corre el albur de que un cartel recorra el estadio de punta a punta con el mensaje «Gracias Isabel» (diría, aggiornado, «Gracias Néstor»), igual que aquella leyenda con la que Lorenzo Miguel bendijo en la Plaza de Mayo un aumento de sueldos forzado en el que muchos creen todavía ver el principio de aquel fin.
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