8 de agosto 2005 - 00:00

Chiche seguirá apostando a poner la otra mejilla

Hilda Duhalde
Hilda Duhalde
En privado, no mezquina azotes. Pero apenas se encienden las luces, Chiche Duhalde monta el simulacro bíblico, gandhiano, de «poner la otra mejilla» a la metralla crítica que, implacable, Néstor Kirchner descarga sobre Eduardo Duhalde y el PJ bonaerense.

Es una táctica sencilla que los duhaldistas resumen en una frase: «Que la violencia y la intolerancia queden del otro lado». En el kirchnerismo, se entiende. Duhalde estuvo, por un momento, tentado de incumplirla, pero, rápido, lo convencieron de que no debía responder.

El silencio de Lomas de Zamora no se debe a la bondad. En el entorno del matrimonio Duhalde reina un convencimiento: la furia que destila Kirchner cada vez que transita la provincia impacta negativamente sobre la performance del Frente para la Victoria.

Eduardo Camaño
, que ocupa el sillón más poderoso del duhaldismo -como presidente de la Cámara de Diputados-, es el único habilitado para contraatacar. Kirchner, que lo acusó de ser un lobo «con piel de cordero» desde La Matanza, lo identificó como contrincante.

Y Camaño sólo responderá los toreos del Presidente.

Aníbal Fernández
suele provocarlo para que reaccione, pero el diputado se muerde la lengua. «El discute con el Presidente, no va a bajar a pelearse con un ministro», dicen, con saña, para despreciar a Aníbal F.

Salvo que decida desafiar su estrategia, Chiche seguirá «asimilando» los golpes. E incluso deslizará elogios al gobierno. La economía es un capítulo que ensalza enfocando, como al pasar, que el gestor es Roberto Lavagna, ministro que Kirchner heredó de Duhalde.

• Impresiones

Esas fueron las principales impresiones que dejó la cumbre de duhaldistas que ayer Chiche y su compañero de boleta, José María Díaz Bancalari, encabezaron en la ciudad de 9 de Julio. Estuvieron presentes unos 200 candidatos a legisladores, concejales y consejeros escolares del PJ.

También estuvieron
Jorge Villaverde, cabeza de la lista de diputados nacionales;

Jorge Sarghini
, ex presidente del BAPRO, número 2 en la boleta del PJ, y Jesús Blanco, veterano dirigente, que actuó como anfitrión.

La cita -que empezó a las 10 y fue cerrada por Chiche pasadas las 16- dejó dos lineamientos precisos:

1-
El duhaldismo no se plegará a los arrebatos de la campaña a pesar de que Kirchner y Solá embistan contra Duhalde y sus soldados.

2-
Reforzar la mística y la iconografía del PJ. Está en análisis la posibilidad de recurrir a la Justicia para que el Frente para la Victoria no pueda utilizar esa simbología en sus actos públicos. Pero, más que nada, la clave -entienden los duhaldistas- está en el valor del sello PJ en el cuarto oscuro.

Esa idea se potenció a partir de que circuló, entre los leales al ex presidente, el resultado de un sondeo realizado en La Plata.

La encuesta, en vez de la clásica planilla, consiste en hacer un «simulacro de votación» en la casa del encuestado dándole un sobre y las boletas que estarán disponibles, ya que vota en un urna ficticia.

Las cifras -que el duhaldismo da por reales- otorgan a
Cristina 32% de los votos mientras Chiche se queda con 26%. En tanto, Luis Patti suma 6%. Parte de ese caudal iría, una vez sellada la alianza Chiche-Patti, al PJ.

Un sistema similar se usó en Navarro, gobernada por la UCR. Allí la sorpresa pasó por otro lado:
Luis Brandoni, que en las encuestas clásicas no supera el dígito, se quedó con más de 20% de los votos. Es, dicen, el efecto arrastre hacia arriba. Plano local hacia el provincial.

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