Comentarios políticos de este fin de semana
(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)
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Hugo Chávez y Hugo Moyano
«Clarín».
Regular. Levantó la puntería el columnista del monopolio, ayer, con su nota. Algunos datos que aporta:
«La Nación».
Prescindible. El título del ensayo de Mariano Grondona, ayer, es engañoso. Se pregunta, una vez más: «¿Seguirá Kirchner las huellas de Chávez?». La pregunta que realmente recorre la nota es otra, mucho más dura e inquietante: «¿Se convertirá Kirchner en un dictador?».
¿En qué cuadrante hay que ubicar a Néstor Kirchner? El analista usa aquí a Hugo Chávez como unidad de medida: también el venezolano tiene un origen legítimo pero una vocación muy discutible desde el punto de vista institucional. Respecto de Kirchner, Grondona enumera los síntomas de una propensión dictatorial en el Presidente. Son indicios de muy distinto nivel y gravedad, tanto que algunos podrían ser detectados en todos los gobiernos argentinos (por ejemplo, hacer campaña por los propios candidatos a la legislatura). Por ejemplo: tratar de convertir las elecciones legislativas en un plebiscito personal; comprar voluntades políticas a través del superávit fiscal; alimentar el clientelismo; haberle contestado al embajador de Francia de manera destemplada; hacer campaña a favor de sus candidatos en todo el país; usar la Basílica de Luján para reclamar el voto; someter a sus colaboradores a comportamientos humillantes y agredir a todo el que se anime a expresar una opinión independiente.
Hasta aquí, Grondona prácticamente afirma que el poder de Kirchner tiende a ser dictatorial. Pero, al final, modera ese diagnóstico confiando que haya otros capaces de ponerle límite a esa propensión: las instituciones republicanas, la oposición política, el pueblo con el voto. Si esto se diera, opina Grondona, el gobierno de Kirchner no sería una dictadura aunque tuviera vocación de serlo. Sólo llegaría a esa condición por la falta de límite en el plazo. Pero esto sólo tendría si mediara una reforma constitucional que el ensayista parece sólo intuir.
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».
Prescindible. En otra columna escrita con el propósito de explicar lo que ocurre en el país a alguien poco informado (quizá lectores del extranjero) el cronista oficial del reino dedica dos páginas a especulaciones sobre lo que puede ocurrir luego de las elecciones. Como ni él ni nadie sabe cuál será el resultado de las urnas, esas presunciones aportan poco más que expresiones de deseos propios.
Verbitsky -sin dar razón del interés que pueda tener esa afirmación-le atribuye a su colega Mariano Grondona la idea de que un resultado airoso para Eduardo Duhalde en Buenos Aires y un triunfo de Mauricio Macri en la Capital Federal serviría a la constitución de una fuerza de centroderecha en la que anota a Daniel Scioli y a un sector del alfonsinismo (un vaticinio que no explica, ya que las predilecciones del ex presidente están más cerca del kirchnerismo que de cualquier otra fuerza).
Verbitsky enfrenta este escenario con el de un eventual triunfo de Elisa Carrió que sumado al de Hermes Binner en Santa Fe sería el nacimiento de una fuerza de centroizquierda que le competiría al proyecto presidencial en 2007 por la misma franja de opinión. Concluye adhiriendo a ese escenario manifestando que una derrota de Macri es más importante para Kirchner que una victoria de Rafael Bielsa porque desbarataría esa geometría de columnista dominical.
Tan poca fe se tiene el cronista para el vaticinio que termina manifestado su propio deseo respecto del resultado electoral en términos irónicos: «Otra expresión de deseos, adelantada en esta columna, es que el horizonte duhaldista se reduciría al plano municipal de Lomas de Zamora», dice con ironía. Es también el deseo de Kirchner, claro.
El resto de la columna repite el habitual rap de Verbitsky sobre lo útil que son los conflictos laborales para precipitar una mejor distribución del ingreso. Repite, con respaldo de números simpáticos al oficialismo, el argumento que repite domingo por medio sobre cómo el gobierno Kirchner tiene como proyecto central la mejor distribución del ingreso, como si decirlo fuera tan importante como hacerlo. Le sirve para fustigar a Techint como beneficiario histórico de las devaluaciones y ponerlo a la cabeza de lo que considera -siempre con las anteojeras de Casa de Gobierno, es decir entreverando verdades con desatinos y falsedadesa la cabeza de una conspiración empresarial para quedarse con el dinero de los trabajadores alimentando la inflación que, se sabe, castiga el bolsillo de los que tienen menos.
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».
Prescindible. Se dedicó a la ponderación, con pocos datos, este fin de semana Joaquín Morales Solá. Censuró que Néstor Kirchner haya hecho campaña en el altar de la Basílica de Luján y el cable de «Télam» calificando de genocidio la conquista de América y comparó a Néstor Kirchner, en desventaja, con Lagos, Lula y Tabaré Vázquez.
El columnista también trasladó a sus lectores la opinión de la embajada norteamericana sobre la negociación entre Venezuela y la Argentina para la compra de un reactor nuclear, destinado a generar energía eléctrica. Consignó que Washington no presiona a Buenos Aires. El periodista se preguntó por el interés de Hugo Chávez en esa tecnología nuclear, cuando le sobra petróleo y agua corriente para generar energía. Un poco simple el interrogante: la comercialización de productos está regulada por el Tratado de no proliferación nuclear de Tlatelolco, un instrumento civilizado, precisamente porque evita el tipo de preguntas que se formuló
Morales Solá y que llevaría a inmiscuirse en la vida interna de un país.
Otra vez la nota de este columnista ofrece a sus lectores una larga defensa del embajador de Francia Francis Lott en una polémica con el gobierno argentino que duró bastante poco.
Entre los pocos datos que aportó ayer Morales Solá hay uno equivocado: ubicó al sindicalista Hugo Moyano tejiendo un pacto social con el titular de la UIA, Héctor Méndez. Fue público que Moyano estuvo en Buenos Aires negociando en el conflicto de los camioneros con las distribuidoras de gaseosas. La gaffe hace temer que también esté equivocada la informaciónmás importante del párrafo: que el gobierno está pensando en un acuerdo de precios y salarios, de corte setentista, para después de las elecciones.
Finalmente, Morales Solá se refiere a la decisión de los catalanes de permanecer, aunque sea como operador, en Aguas Argentinas. Se confunde diciendo que Aguas de Barcelona es socia de la francesa Suez en varios lugares del mundo. En rigor, Aguas de Barcelona es una filial de Suez, que controla 51% de su paquete accionario. Con lo cual, cualquier decisión sobre la Argentina deberá ser aprobada por los franceses.




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