6 de febrero 2006 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

El tema importante de la semana pasada, el peculiar acuerdo con Brasil para frenar importaciones desde la Argentina, no es del manejo técnico de los comentaristas políticos de fin de semana y lo eludieron, salvo el de «Clarín», que le da pocas líneas sin profundidad. Se deslizaron entonces por pocos temas y aprovechó el gobierno para «venderles» mensajes que le convienen, como que vuelve a ser normal la relación diplomática de la Argentina con Estados Unidos.

Carlos Chacho Alvarez y Benedicto XVI
Carlos Chacho Alvarez y Benedicto XVI
VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».

Publicó una columna sin noticias, lo cual se lamenta siendo «Clarín» un socio del gobierno donde éste desliza lo que quiere decir, aunque por el «mensajero» le crean poco. Pensemos que el columnista dice que el presidente Kirchner «hizo una fabulosa inversión política al fotografiarse con empresarios junto a la ministra Miceli». Sólo este columnista y este gobierno pueden creer que es «fabulosa» la foto de empresarios en la Casa Rosada que firman acuerdos en los que no creen. Hasta en el mismo análisis Van der Kooy luego duda que ésta sea solución real de mediano plazo. Todos firman obligados «pero mantenemos los precios si no hay variación de los costos».

Y ya hay pedidos de aumentos salariales de 60%.

Como pequeña novedad -ya había trascendido- incluye que hay gestiones secretas con Uruguay para un acuerdo sobre la disputa con las papeleras. Pero luego señala -también se sabía- que el presunto «mediador» sería Chacho Alvarez que con el inventado cargo de secretario del Mercosur se dedica a viajar (más de lo que lo hacía Eduardo Duhalde, su antecesor, en ese puesto suprimible) y que lo reciban personalidades que ni soñaba el ex vicepresidente que lo tendrían en cuenta. Pero por el cargo...

Chacho Alvarez es multiuso. Podía suplantar economistas e ir a la CEPAL o políticos e ir al cargo del Mercosur que inventó Duhalde para pagar sus paseos. Si él va a mediar para que los presidentes Kirchner y Tabaré

Vázquez se reúnan con algo ya concretado, las esperanzas son pocas porque también es un tema archidifícil. En su primera declaración pública Chacho Alvarez se enemistó con todos los entrerrianos, como arranque.


GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».

El columnista volvió de sus vacaciones con un tema a su medida: «Deus caritas est». «Dios es amor», la primera encíclica de Benedicto XVI, que se ha convertido en un best seller. Demuestra de nuevo el periodista que en estos temas se mueve con comodidad.

Grondona no se detiene en las particularidades del texto. Más bien pretende montar una tesis: igual que Juan Pablo II, y mirado desde cierto ángulo, Joseph Ratzinger es un reformista más que un conservador.

La nota comienza recordando al antecesor de Benedicto: a pesar de que se lo considerara un papa conservador (respecto de la revolución que siguió al Concilio Vaticano II), a Juan Pablo II se le deben dos procesos innovadores. El acercamiento de la Iglesia a los judíos («nuestros hermanos mayores en la fe», recuerda Grondona al polaco) y a los protestantes («nuestros hermanos separados»).

Ratzinger demuestra, contra lo que se podría pensar, un similar espíritu reformador, en relación con el islam. Cita el discurso con el que, siendo cardenal, ingresó a la Academia Pontificia de las Ciencias (que preside el argentino Marcelo Sánchez Sorondo) y adelanta que bien podría ser este acercamiento uno de los signos del actual pontificado.

Pero Grondona ve otros cambios introducidos por este nuevo Benedicto XVI, esta vez en la doctrina sobre el amor. La nota destaca el timbre de gran teórico que caracteriza al Papa, conocedor de tradiciones diversas, como la del antiplatonismo que se expresa en Federico Nietzsche. Después observa cómo, acaso por primera vez, la concepción que se expone en la encíclica identifica al amor con el «eros», es decir, con la atracción sexual, considerada mera concupiscencia por la teología moral tradicional -adscripta precisamente al platonismo-. Desde esa instancia carnal la persona puede elevarse a otra, la del «ágape», que es la entrega al otro, ya superada cualquier pulsión posesiva. Es evidente que esta hendija permite ver un horizonte insospechado para una religión que, como la Católica, redujo el placer sexual a ser un mero dispositivo de la reproducción, más que una manifestación amorosa (y por lo tanto, aunque de modo precario, relativo a la divinidad). Bueno el comentario de Grondona. Si no lo leyó vale la pena buscarlo.


MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Es llamativa la nota de ayer de Morales Solá: podría ( debería) haberla escrito en la semana del 12 de enero, cuando todos los diarios señalaron que la relación entre los gobiernos de Estados Unidos y de la Argentina estaba en tren de recomposición, después de la visita de Thomas Shannon, el subsecretario del Departamento de Estado, a Buenos Aires (en el «verano austral», dice el texto, como si hubiese sido escrito por alguien que vive en el Hemisferio Norte). Tal vez porque mientras sucedían los hechos estaba de vacaciones, Morales Solá dedicó su trabajo de ayer a eso. Eso sí, lo hace bien: quien quiera tener un repaso de las relaciones entre los gobiernos de George W. Bush y Néstor Kirchner durante los últimos meses puede leer la nota con provecho. Hasta aporta algunos detalles: por ejemplo, que cuando recibió a Shannon, el Presidente bromeó: «Le tengo una sorpresa, no voy a hablar del Fondo Monetario Internacional». Hay otra evidencia interesante en este párrafo: Kirchner invitó a Shannon a la reunión y no, como sostuvieron los voceros oficiales, accedió a un pedido que nunca había sido formulado (por su rango -dice bien el columnista- no podía Shannon pedir entrevistas a presidentes y esperó el convite).

Hay pasajes, en cambio, en los que el periodista comete algunos descuidos. Señalarlos da la oportunidad de recordar algunos datos importantes de la escena actual. Por ejemplo, cuando Morales Solá sostiene que el texto que firmaron Lula y Bush en Brasilia era coincidente con el que Kirchner promovió en la cumbre de Mar del Plata deja de lado informaciones objetivas. Fue muy divulgado que, mientras el artículo 19 de la declaración de Mar del Plata se redactó con dos versiones (la de Kirchner es la que se niega a hablar del ALCA), el párrafo 8 de la declaración de Brasilia alienta las negociaciones del ALCA aunque sin fecha de reanudación. Todo esto sucedióen noviembre y fue una jugada muy hábil de Itamaraty en relación con la Argentina que quedó sola pagando el costo de Mar del Plata (cuando, en rigor, la propuesta de declaración anti-ALCA había sido del Mercosur, con Uruguay incluido).

La otra distracción de Morales Solá tiene que ver con las relaciones de Washington y Madrid, a las que se refiere por la reciente visita de Shannon a España. Es raro que el periodista haya olvidado que, para agriar una relación ya mala, el Departamento de Estado prohibió la venta de aviones españoles a Caracas con el argumento de que, a través de ella, se estaba transfiriendo tecnología norteamericana al régimen de Hugo Chávez. Es decir: el gobierno de Zapatero no en la mirada de Washington, al menos por ahora, puede ser una víctima de los populismos sudamericanos a nivel de empresas españolas, como derivación de haber sido uno de sus auspiciantes. Basta un dato para demostrarlo: Bush envió a Madrid a su encargado de asuntos latinoamericanos («subsecretario para el Hemisferio Occidental») y no al responsable de las relaciones entre Estados Unidos y Europa. El gobierno es defendido por el columnista pero no es creíble. Por ejemplo que el mal papel que hizo Kirchner en Mar del Plata contra Bush, Fox de México y hasta Lagos fue porque se distrajo por los comicios del 23 de octubre y llegó a la cumbre no preparado. Ni Cristina Kirchner -y eso que era candidata- se desgastó en proselitismo. Menos entonces la Cancillería, como para no haber preparado bien las cosas. Mar del Plata mostró una vez la adolescencia agresiva del Presidente que analizó muy bien esta semana con psicólogos la revista «Noticias». Morales Solá debió además «comprar» otra posición del gobierno no creíble: que Lula y Kirchner van a atemperar al boliviano Evo Morales para EE.UU. Lula poco y cediendo. Kirchner no es querido hoy por el gobierno boliviano. Si logra sacar un precio no tan caro por el gas puede darse el gobierno argentino por más que satisfecho. Pero moderar a Evo... Bush habla directamente por teléfono con este presidente cocalero. Además en el exterior es posible que les preocupen hoy más los descontroles de Kirchner que los del boliviano que hasta ahora se mostró centroizquierda pero serio, sensato.


VERBITSKY, HORACIO,
«Página/ 12».

El columnista retoma la rutina tras las vacaciones con un comentario sin novedades acerca de dos noticias de la semana del ámbito religioso: la denuncia contra el obispo de Añatuya por una presunta ofensa a la intimidad de una dama y el trascendido sobre un enojo, también presunto, del primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, ante las designaciones de nuevos obispos.

Sobre lo primero, Verbitsky noveliza con escasa fe ( religiosa se entiende) sobre las consecuencias políticas de la denuncia sobre el obispo Adolfo Uriona como si la administración de la Iglesia católica obedeciese a estos entuertos privados de sus obispos. Para reforzarlo recuerda el caso del ex obispo de Santiago del Estero Juan Carlos Maccarone, desplazado por aparecer en un video entregado a prácticas sexuales inconfesables. Uno y otro caso hasta ahora nada tienen que ver. Pero castigar al catolicismo y la Iglesia es siempre una enajenación privada de este hombre del progresismo criollo con SIDE propia para espionajes y secuaces propios infiltrados en todo el gobierno. Sobre el segundo caso, Verbitsky toma por cierta la versión que se conoció durante la semana pasada sobre que Bergoglio fue a Roma a quejarse de la influencia del ala conservadora del episcopado en las nuevas designaciones y para descalificar a sus presuntos agentes, el ex funcionario de los gobiernos peronistas Esteban Caselli y el obispo de La Plata.

El propio Verbitsky anula el interés de sus especulaciones al admitir que esas diferencias no son doctrinarias sino -en el caso de existir- personales. El escenario que intenta recrear el columnista es poco creíble y hasta banal: un primado que viaja a Roma a presentar apelaciones a designaciones como si se tratase de un partido político.

Sin información y merodeando un asunto que manifiesta conocer poco -aunque frecuenta con la pasión de un converso- esta primera columna verbitskyana del año no aporta.

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